jueves, 22 de noviembre de 2012

¿ DISEÑAS O TRABAJAS?

¿DISEÑAS O TRABAJAS? Tito Ortiz.- La crisis ha llegado también al buen gusto y las novedades. Los modistos sin ideas, vuelven a poner sobre la pasarela, aquellos modelos años 60 que lucieron Grace Kelly, o la siempre recurrida y recurrente, Audrey Hepburn, que la pobre, después de muerta y como Marilyn, sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Y esto no sería grave si el avance del diseño hubiera logrado cotas de comodidad y confort, pero todo lo contrario. Mientras el diseño avanza inmisericorde, la cota de estupidez e incomodidad, le supera. Ahora basta ir a Cibeles, y asistir a unos de sus desfiles, para saber lo que nunca te pondrás para ir a la compra. Los diseñadores han entrado en una competición absurda, en la que prima el esperpento, por encima de lo ponible. Ya nadie ve en la pasarela un modelo que se pondrá para una ocasión distinguida. En el desfile te coges la tarjeta del diseñador, y te vas a su estudio, para que cogiendo figurines de hace treinta años, te confeccione algo que puedas lucir, sin que te corran los chiquillos tirándote huevos, o los perros te ladren al pasar. En la arquitectura lleva años ocurriendo lo mismo. Si quieres saber que el arquitecto era hombre, vete a ver la cocina, un lugar despreciable para ellos, donde no han entrado jamás, y por lo tanto, te diseñan lugares lúgubres, sin luz, estrechos, donde la puerta de frigorífico abre a derechas, tropezando con la ventana. La campana extractora te cae a la altura de la frente, para que guises con chichonera permanente. No existe lugar para el cubo de la basura, ni para el cepillo de barrer ni para la fregona. Estos diseñadores de interior son tan exquisitos, que el mundo de la bayeta no les está permitido ni en el pensamiento. Algunos optan por esconderte la cocina tras las puertas de un armario, como si de un retrete apestoso del siglo XV se tratara. Como si nunca fueras a comer en tu casa. Como si la luz sólo fuera de Endesa. Son capaces de diseñarte un salón a dos alturas en un piso de 50 metros con tres dormitorios, estar y cuarto de baño, pero no les preguntes por la cocina, eso es de mala educación. En un pisito “chachipiruli” a la última moda, hablar de la cocina es de gente sin formación, ni clase, ni ortografía, vamos, de catetos para arriba. Éste es un país que ha pasado de la clásica lámpara de araña, a los modelos más psicodélicos, cuyos colores estridentes y retorcimientos entubados, a modo de reptil que repta por paredes a la vertical, son capaces de ocasionarte la peor pesadilla en una tienda de lámparas. Todo un vergel del mal gusto pero con las mejores firmas, de los más acreditados diseñadores. Esos que dibujan una silla en un folio, y desgraciadamente llegan hasta sus últimas consecuencias. Las logran enmascarar en catálogos de grandes superficies y casas especializadas, de tal forma, que caes en la trampa de quedar seducido por el diseño, y a continuación, por la cuenta de tu traumatólogo, de por vida y cronificante. Las sillas en mi casa del Albayzín siempre fueron de dos clases: De anea, a las que periódicamente venía el sillero a echarles el culo, que se desvencijaba. Y de madera, con respaldo curvo para la espalda y asiento de panel. Cómodas como el mismo cielo, se complementaban con la mecedora de mi abuela en el patio, de suave balancín y lona verde a rayas, a juego con el botijo de barro colorao, y pañito de crochet en el pitorro. Bueno, pues eso que parece tan sencillo, desde hace años y gracias a los modernos diseñadores patrios, se ha convertido en un martirio chino. Yo les invito a ustedes, a que vayan tienda por tienda probando la silla a comprar. Ya les adelanto, que no hay en el mercado, una que resista los dos minutos de sentada. Eso sí, las encontrarán de todos los materiales, de todas las formas, de todos los estilos, algunas incluso firmadas por su diseñador, más bien su martirizador. Porque éstos chicos y chicas del diseño moderno, tienen una asignatura pendiente con las sillas: Que son para sentarse y descansar, y no para que las admiren las visitas, como si de un Picasso o un Paul Gaugin se tratara. El desvarío de los diseñadores de sillas ha ido tan lejos, que en mi empresa, para que podamos echar la jornada laboral sentados, sin que terminemos inválidos, las sillas hay que pedirlas al comité de seguridad e higiene, que se encarga de comprarlas en una ortopedia muy afamada de Cuenca. Y no es que nos manden ningún artefacto articulado. Sólo nos traen un asiento agradable y un respaldo, que te mantiene la espalda en posición para seguir trabajando, sin que te retuerzas de dolor a los diez minutos de estar sentado. Algo tan sencillo como una silla cómoda que te permita estar sentado, es algo que pertenece al comité de seguridad e higiene en el trabajo, porque si te colocan cualquier preciosidad de catálogo, para aguantar sentado más de tres minutos, es muy posible que a las dos semanas te confundan con, Quasimodo, y te manden a Notre Dame, para que no destaques, y pases desapercibido entre las criaturas. Todo esto y mucho, más se lo debemos a los diseñadores. A esos genios que trazan el taburete de bar, como si de un “ochomil” se tratara, para que se te queden las piernecillas colgando, una vez que los amigos te han ayudado a subir y sentarte, y al menor balanceo para coger la copa, te dejes los piños sobre el manchado mostrador. Son los que diseñan percheros que al colgar el abrigo te lo taladran, y cuando te vuelves, se vuelcan a suelo con la bufanda y el sombrero incluidos. Son los de las barandas, de sólo un cable tensado, por cuyos huecos se te matan los niños. Son, los de los cubiertos modernísimos, de cuchillos que no cortan, tenedores que no pinchan y cucharas sin oquedad, para que tardes, de tres a cinco horas, en tomarte un plato de sopa. Son los diseñadores. Los más modernos, los más listos, los más guapos. Y si a ti, se te ocurre decir algo de lo que yo he escrito, te tomarán como a mí, por un retrógrado, analfabeto, cuya catetez, falta de preparación, e inmovilismo, le impiden ver las cosas modernas de hoy, de acuerdo a los nuevos tiempos. Tu y yo somos de otra época, una especie a extinguir. Pues no saben cuanto me alegro. Ya está bien de tonterías.

viernes, 2 de noviembre de 2012

¡ ESTO ES UN SÍN VIVIR !

¡ESTO ES UN SIN VIVIR! Tito Ortiz.- Nos estamos despegando demasiado de nuestros muertos, y eso... no es bueno. Las costumbres de otros países, nos llevan incluso a quemarlos, a tirar sus cenizas, y por lo tanto, a no tener un sitio de referencia donde hablar con ellos. Cuando en 1959 murió mi tío Rafael, fue velado en casa, como dios manda, rezada la novena a los difuntos durante la semana siguiente por todas las vecinas sentadas a corro, en el lugar donde se había depositado la caja con su cadáver, se le guardó luto riguroso durante un año por toda la familia, y mi abuela y mi madre, subieron a su tumba del patio de San José, -junto al de los ahorcados-, todos los días del año sin excepción, durante un trienio. Los enterradores y guardas del campo santo, pasaron a formar parte de mi familia. La noche del día de todos los santos al de todos los difuntos, la pasábamos a la intemperie enderredror del túmulo de mi tío, rezando, y procurando que no se apagaran las cuatro mariposas en aceite y agua, que en tazones de porcelana de los que cambiaban los traperos por ropa, debían iluminar la noche sobre la tumba. Nosotros venimos de una familia que cree en los muertos, mucho antes de que Anne Germain, apareciera por España hablando con ellos. Mi abuela los veía, mi madre también, y yo los oigo, no los veo, pero los oigo, ¡por éstas!. No es que lleguemos al extremo de fotografiarnos con nuestros muertos antes de enterrarlos, como en el lejano Oeste, pero no nos dan miedo. Cuando mi abuelo Antonio murió, en su casa de Haza Grande en los cincuenta, llegamos tan pronto que la funeraria no había aparecido, así que el padre de mí padre, había sido sacado de la cama sobre una manta y puesto en el suelo de la entrada de la casa, a la espera de los de Pompas Fúnebres “La Soledad”. Así que allí nos arrodillamos todos en el suelo, a darle el último beso al abuelo Antonio, mientras llegaban los funerarios. Hemos perdido la costumbre de ponerles lazos de seda negros en las trenzas, a las niñas que han perdido un ser querido, los hombres ya no llevamos un brazalete negro como señal de la pérdida de un ser querido, y ni siquiera hemos conservado aquella costumbre pasajera, de sustituir el brazalete negro, por un botón forrado en la solapa. Ya no se despega el crucifijo de la tapa del ataúd, para dárselo al doliente más próximo antes de enterrarlo, ya no echamos un puñado de tierra en la fosa, antes de que los sepultureros empiecen la tarea con las palas, porque ya no se da sepultura en la tierra. Ahora se lleva el nicho o el horno crematorio, que es más finolis, y moderno, oiga, muy moderno, sobre todo por la urna de diseño de Ágata Ruiz de La Prada, en la que te dan las cenizas, que por cierto, es biodegradable, así que si quieres la puedes tirar por la taza del water, que no se atranca. Ya no contamos chistes en el velatorio familiar, ahora lo que se lleva es coger una buena cogorza en la cafetería del cementerio, aprovechando que no cierra, o la última moda, cerrar la tanatosala durante la noche, irse todo el mundo a descansar, y aparecer sólo unos minutos antes del entierro por la mañana, porque velar a tus deudos toda una noche, eso ya está demodé, hay que vivir a la última, y la última dice que a los muertos cuanto más lejos mejor, que una vez que están muertos, lo único que hacen es estorbar. Los muertos son como los periodistas que se atreven a hablar de la validez de los liberados sindicales, que al instante, escuchan como se monta una nueve parabellúm, y te apuntan con ella en la nunca, porque no se puede luchar contra el poder establecido. Hemos pasado en poco tiempo por aquello de la aldea global y las costumbres importadas, de llevar a nuestros fallecidos colgados al cuello en fotos de porcelana engarzada en oro, a olvidarlos al día siguiente. Los coches de caballos de negros plumeros, con albardas de terciopelo negro y galones dorados, cristales con visillo de encaje color tinieblas y tallas barrocas con ricas volutas jónicas, han sido sustituidos por coches eléctricos sin ruido y sin humos, que te dan el último paseíllo por el campo santo, escuchándose el piar de golondrinas al atardecer con toda nitidad, a bordo de un diseño sideral, de lo más ecológico. Los llantos de plañidera de un velorio como debe ser, se han cambiado por las notas de la música preferida del finado, en la eufemísticamente llamada “sala del adiós”, o la intervención soporífera de los allegados, algunos con un discurso tan cansino y predecible, más largo en el tiempo, cuanto menos conocían al muerto. Suele ocurrir, aquel que jamás lo conoció, es el que más llora. No falla. Ya no se encargan aquellos recordatorios fileteados en negro con gran cruz al centro, que dejaban para la historia el nombre del muerto en la cartera de los familiares, o en el estuche de las fotos antiguas, ni se lleva para los santos a la tumba un buen brazado de crisantemos, oliendo a agua de acequia estancada, ni las cintas de las coronas son negras con las letras en dorado. Ahora las modernas son malva, o blancas, o azules, que el negro ya no es lo que era. Que en esto del ritual de la muerte, las cosas se han descafeinado mucho, y que además hay mucha confusión. Tu antes ibas a dar el pésame a la familia a su casa con el muerto de cuerpo presente, y no te equivocabas. El otro día subí a la tanatosala número 9 a dar mis condolencias por el fallecimiento de un amigo, pero conforme iba avanzando, me encontré con que también tenía conocidos en otros dos funerales, las número tres y la cinco. Total, que cuando acabé de cumplimentar a los deudos, y quise ir al funeral por el que de verdad había subido al campo santo, resulta que ya lo habían enterrado, vamos que se me amontonó el trabajo en un momento, y es que los jardincillos que dan acceso a las salas, se han convertido en el punto de encuentro ideal, para ver a la gente que llevas tiempo sin saber de ella. Me pasó no hace mucho, subí al cementerio y saludé a un amigo de hace años, y al preguntarle por su hermano, me dijo: has llegado a tiempo, está ahí dentro, pero en diez minutos lo enterramos.

lunes, 22 de octubre de 2012

ILUSIONES DE POBRES

ILUSIONES DE POBRES A la memoria de Pepe “El Lara”, de la placeta albaicinera de San Miguel El Bajo. Tito Ortiz En aquella Granada de pantaloneras, camiseras y planchadoras, que repartían la faena en un cajón a la horizontal, cuya correa les hacía pender del brazo y hasta la cadera toda la carga, no había sitio para el desánimo. Muy al contrario, constituía una ilusión interminable, que te tocarán dos reales del reintegro de los ciegos, que tu padre apareciera por la puerta con un papelón de recortes de pasteles, que en los obradores se vendían al peso, o que en papel de estraza, trajera de “Casa Ninguno”, un puñado generoso de chicharrones sobrantes de la matanza en el patio de la parra. El simple hecho de poder cambiar un día la merienda de pan con aceite y azúcar, por una rodaja de mortadela “Mina”, que venía embutida en lata, ya era un estímulo, o el acceder a un trocito de carne de membrillo, también. Las alegrías eran cortas y a corto plazo. Te alegrabas cuando un vecino podía comprar un televisor en Molinero Radio, firmando más letras que diez abecedarios, porque eso te habría la posibilidad de pedirle -a ratos- que te dejara verla. Y así acceder al mundo de fantasía de Silla de Pista, con Boliche y Chapinete, o Rin tin tin, con el cabo Rusty. Mantenías la alegría durante toda la semana, hasta llegar a las cinco de la mañana del domingo, si la familia había podido ahorrar, para comprar los tickets necesarios en la barbería de Agustín en la Calle de Elvira, para la excursión que organizaba a la playa de Motril, con parada en la Fuente de Dúrcal a beber agua, y en Vélez de Benaudalla para comprar pestiños. Mientras mi tía Loli almidonaba su cancán para los domingos, mí ilusión era que llegara el Lunes, para acercarme hasta la iglesia de San José, y pedir unos cuantos panecillos de San Nicolás de Tolentino, para repartirlos a los vecinos enfermos. Asunto éste que sólo ocurría los Lunes por la tarde. Mientras mi madre soltaba sobre la pila de lavar, llena de ropa blanca, la “muñequilla” de añil, yo me alargaba hasta el torno del convento de Santa Isabel La Real, para pedirle a las monjas, unos recortes de ostias, que degustaba mientras bajaba por las calles del Albayzín. Eran los tiempos en los que Pedro Julián Lara, lucía melena a lo Jesucristo Superestar, y ya hablaba de un sueño imposible: Una Granada por la que discurra el taxi único metropolitano, el metro y hasta el AVE... ilusiones pobres, a fin de cuentas, pero que a la gente de a pie, siempre nos ha gustado fantasear con esto. Tenemos derecho a la ilusión ¿no?. En aquel tiempo, dijo Vicente González Barberá a los granadinos: Subid y entrad, porque os la pongo gratis. Y con sólo enseñar el carnet de identidad, nos permitió acceder a todos los rincones de La Alhambra, por el sólo hecho de haber nacido al abrigo de ella. Y fuimos felices al ser distinguidos de entre los turistas. Y presumimos hasta el hartazgo, cuando al llegar a la puerta de entrada, el amigo Cañas, le hacía la muesca a los tikes de los guiris, y nosotros entrábamos con sólo enseñarle el DNI. La mirada de sorpresa en ese momento de los visitantes foráneos, era comparable a un semiorgasmo flatulento de orgullo patrio, de la patria chica. Levantábamos la barbilla y entrábamos al recinto con paso decidido, conscientes de la envidia que acabábamos de producir en los que aguardaban en la cola, íbamos cuán legionario que encabeza la escuadra de gastadores, al inicio del desfile de la victoria en la Plaza de Oriente. Todo para llegar al final de las tripas de salchichón, chorizo, morcilla o salchicha, lo que siempre hemos llamado, “el culillo”, con su presilla metálica y todo. Los pequeños trozos de la pieza de queso manchego o de cerdo, el tocinillo sobrante de una libra, el resto de la paletilla de jamón que ya se ha puesto duro como una piedra. Todo esto te lo venden como recortes en un cartucho de a peseta, y cuando llegas a casa y lo pones sobre la mesa, la sensación es de festín con chorreras, o sea, gran ilusión en casa de los pobres, donde se pasa necesidad, aunque no hambre. Siempre hay un boniato asándose en el brasero, un jarrillo de café de malta en el “infernillo”, y unas lentejas que se están haciendo a fuego lento, en la recién estrenada hornilla de petróleo, que aunque más rápida que la de carbón, tizna las ollas y deja aromatizada la comida, de tal guisa, que parece que estés masticando el oro negro. Celtas, Peninsulares, Ideales de papel blanco o amarillo, el popular Caldo de Gallina, todos los pregona “La Perejila”, esa popular albaicinera, que con su lata de carne de membrillo, completada con libritos de papel “Bambú”, y cajas de cerillas de Fosforera Española, con el dibujo – que no foto – de los futbolistas de primera, baja a buscarse la vida a Granada, vendiendo los cigarrillos uno a uno, porque los pobres no tienen para más. El negro a perragorda, el rubio a un real, y puedes elegir entre “Bisontes” o “Philip Morris”, cortos sin emboquillar. En la esquina de la calle Elvira con Plaza Nueva, a las puertas del “Café España”, junto a Pepe el de los iguales, y Melchor, el gitano limpiabotas más honrado que he conocido, “La Perejila” pregona su tabaco, a la espera de poder llevar a casa algo para comer. Es su ilusión, y la nuestra... que éstos personajes no se olviden, y tengan un monumento en la Granada que adoraron, y aún a sabiendas de pasar hambre, no abandonaron jamás la ciudad de La Alhambra.

jueves, 20 de septiembre de 2012

GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS

GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS Tito Ortiz.- Vivimos tiempos convulsos, en los que a río revuelto, ganancia de pescadores. Es ésta una época propicia para el descreimiento, social, político y religioso, pues la crisis se alarga, y al igual que le ocurrió a Moisés, cuando se retiró al Sinaí para recibir los diez mandamientos, -que a su regreso se encontró con que le habían fabricado un becerro de oro para adorarlo en lugar de a dios- estos espacios muertos los ocupan falsos profetas, ayatolás de la mentira y la quimera, que tienen en la desesperanza de las criaturas el caldo de cultivo propicio, para hacerse con una huestes, que ayunas de formación ideológica, siguen sin pestañear, al primero que les prometa comida para el día siguiente, sin meditar si será cierta o no, tamañana promesa. Los ejemplo están claros y se multiplican a lo largo de nuestra historia: Cuando la iglesia católica comenzó a llevar a cabo una mínima apertura, emanante del Concilio Vaticano II, y del único Papa que me ha logrado convencer, llamado Juan XXIII, la parte recalcitrante de la primera parte, se volvió otra vez de espaldas al pueblo y a su misa en latín, con lo cual, se dio por inventado el Palmar de Troya, con su papa Clemente. Un asunto de charanga esperpéntica, que desgraciadamente ha llegado hasta nuestros días. Como las consecuencias de la famosa pinza, protagonizada por el señorito burgués de Baena, metido a comunista, Luís Carlos Rejón, que en su día se alió con la derecha más ignominiosa, para atenazar al gobierno andaluz, y que para desgracia de quienes no hemos perdido el juicio aún, y tenemos memoria, nos fustiga con sus lecciones de honor, ética y clarividencia política, con artículos de opinión, en un periódico al que en su tiempo no dudó de poner en solfa por su línea editorial. Así de grandes tiene las tragaderas éste falso comunista, adalid del oportunismo y la degeneración ideológica. En verdad, verdad os digo: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces, aunque escriban en periódicos de tirada nacional. Los grandes cataclismos sociales, son profetizados siempre por hechos apócrifos relacionados con la iglesia católica. No ha mucho que ha palmado, aquella criatura, ama de casa y empleada de hogar, que en un momento de penuria económica, dijo ver a la virgen en El Escorial, y en modificando la voz al estilo de un ventrílocuo, y manchándose las manos con sangre, dijo padecer los estigmas de la pasión, y comenzó a forjar un imperio económico, que ríanse ustedes de la antigua Rumasa. Julio Anguita, cuán pescador de almas, también está reclutando para su causa, a todos aquellos que no saben dónde acudir ni a quién escuchar. Bajo el epígrafe de, “desobediencia civil”, o lo que es lo mismo, conmigo todos al monte, el que fuera sultán de la Medina, que ayudó a derrocar a don Santiago, cuando aún está caliente el cadáver de Carrillo, y los Whiskys de Gerardo Iglesias, sin pagar en la barra de Pachá, se yergue como promotor de un frente cívico, y cuán Alonso Quijano, se sube a Rocinante para acabar con todo esto. Eso sí, previa algarada de la clá, que lo pasee en silla gestatoria, que ha sido su ilusión de siempre. Tal y como Melchor Saiz-Pardo Rubio, contaba en éstas páginas, yo también fui uno de los periodistas que tuvieron que hacerse eco, de las lágrimas de sangre de una virgen en San Juan de Dios, allá por 1982. Lo que nadie ha contado todavía, es que la imagen manipulada era propiedad de, Modesto Velasco, un fotógrafo especializado en Semana Santa, de una estrecha vinculación a la cofradía de los gitanos, y que fue pionero del gabinete dactiloscópico de la policía armada de la época. Cuando Modesto descubrió que las lágrimas eran tinta roja, dejó sin efecto su donación a la basílica, pero la Orden no le permitió llevarse la imagen. Así se veía venir lo del comando “Carpanta”, capitaneado por un hidrofóbico Sánchez Gordillo, que con pañuelo palestino al cuello, junto a sus montoneros de sierra morena, se han especializado en el asalto de supermercados, para saciar un hambre inexistente, en una Andalucía de charanga y pandereta, que sólo cabe en sus huecas cabezas. Es la estética trasnochada de una izquierda predemocrática, que al igual que sus sindicalistas, no defiende a sus trabajadores, más bien, dota de vida paradisiaca a sus liberados, que se conforman con colgar un panfleto contra la empresa en el tablón sindical, y con eso, ya tranquilizan sus conciencias, mientras chupan de la teta empresarial, sin defender a los trabajadores, que es para lo que fueron votados. Todo lo más, benefician a sus militantes o a quienes les ríen las gracias, que se resumen a caricaturas de los jefes y pancartas soeces, pero nada efectivo que libre al colectivo que “no” representan, de los desmanes empresariales. Y algunos/as ni se duchan, que ya es el colmo. Hay empresas en las que los llaman, el famoso, “Comando Fétido”. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, Dé qué os sirvió pasar por el noviciado o el seminario. Os camuflasteis después, de militantes en la izquierda o en el sindicalismo rojo, para vivir del cuento a costa de los compañeros, recibiendo prebendas y subvenciones del gobierno al que criticáis. No se puede ser más deshonesto.

jueves, 6 de septiembre de 2012

CHIQUITO DE AMOREBIETA

CHIQUITO DE AMOREBIETA Tito Ortiz.- Casi un millar de muertos se remueven en sus tumbas, al comprobar la extrema sensibilidad de la que hacen gala, la gentuza de Bildu, al proclamar el cese de las corridas de toros en el país vasco, para evitar el sufrimiento animal de un ser vivo, que por otra parte, nace ex profeso para ese ritual. Es una pena que quienes los dirigen ideológicamente, desde el otro lado de los Pirinéos, y quienes con sus votos los han colocado en las instituciones, para vergüenza y destrucción del sistema democrático, hayan perdido “la afición”. Atrás han quedado los tiempos en que auténticos abertzales, gudaris del pueblo, defensores del tiro en la nuca, la extorsión y el secuestro, como el desaparecido, Jon Idígoras, o mejor dicho, Juan Cruz Idígoras Guerrikabeitia, era conocido por sus nombres artísticos, con los que apareció en no pocos carteles taurinos: “Chiquito de Amorebieta”, de “Éibar”, o “Morenito El Alto”. Dando muestras así, que se puede ser partidario de la independencia del pueblo vasco, estar conforme con los asesinatos, y a la vez, no sólo permitir los toros, sino, practicarlos desde la profesionalidad y el sentimiento, a lo “Cocherito de Bilbao”, “Zacarías Lecumberri”, “Fortuna” o “Torquito”. La historia está plagada de toreros vascos, que lograron el éxito más rotundo en plazas de España, América y Francia. Pretender por coj..., y no por razones, acabar con los toros en el país vasco, al igual que se ha hecho en Cataluña, es obligar al pueblo a enfrentarse entre hermanos, repitiendo la historia una vez más de ésta piel de toro, que se mata por idioteces, y deja sin resolver los auténticos problemas que la acucian, impidiendo su desarrollo laboral y económico. Que las comunidades históricas no dejen morir los toros por falta de público en las plazas que es su proceso natural, deja ver a las claras, la torpeza de unos políticos extremistas, hijos de la incultura y la ignorancia, que ven mal estoquear a un toro, pero muy bien, colgarse del cuello de un ganso atado a un cable, mientras unos menesterosos de chapela, te suben y bajan del agua, hasta que te quedas con el cuello del ave en las manos. Eso si que es cultura asesina, y no la del arte de torear, señores abertzales. Y esto sucede en Lekeitio, cuna del nacionalismo vasco, pero claro, a arrancarle el cuello a un ganso, no se le llama “Fiesta Nacional “, por lo tanto, los del nueve parabellum, no se sienten ofendidos por muchos gansos que mueran. Mi padre me enseñaba orgulloso, aquella foto en blanco y negro, en la que el maestro, Matías Prats, entrevistaba días antes de su muerte, al genial “Manolete” en la antigua plaza de toros del Chofre, en San Sebastián, aquella que había simultaneado vida con la más veterana donostierra, llamada de “Atocha”, llegándose a dar toros en las dos a la vez, en los primeros años del siglo veinte y finales del XIX. Tuve el honor de estrenar los refinados tendidos, en la semana Grande de San Sebastián de 1998, de la nueva plaza de toros donostierra, llamada de Illumbe, y compartí risas e ilusión con Chopera, que debe estar retorciéndose en su sepultura, si éste moderno coso, va a quedar sólo para que partan troncos de madera, los agerridos, aizkolaris, en esa proverbial demostración de inteligencia inherente a todos los deportes vascos como el, levantamiento de piedras, manotazos al frontón, y otras lindezas, subvencionadas por los nacionalistas. Para eso ya está la de Tolosa. He disfrutado como no me podía imaginar, ver esa plaza de “Vista Alegre” en Bilbao, preservar la pureza y entereza del toro bravo, en su anual, Aste Nagusia. Ponerse en pie gritando el nombre de “El Formidable”, genial banderillero de la cuadrilla de, Ruiz Miguel, y posar ceremonioso el pañuelo sobre el balconcillo, el señor presidente, para autorizar a la banda que arranque el pasodoble, único lugar donde esto sucede. Y yo que soy del Albayzín, me he rendido a su afición, y verdad de la fiesta, en una entrega de premios taurinos en el imprescindible hotel, Ercilla. Sé que es un tópico, pero lo sospechaba y lo averigüé. Hay más de uno y de una, de los que bocean a las puertas de los cosos contra la fiesta, y de los que se tiran al suelo embadurnados en tinte rojo, que son ingleses. Cuando les pregunté porque no se manifestaban en su país contra la caza del zorro, una no supo que decirme, y el otro, más bravucón que encastado, me miró de arriba abajo, y me dijo en un español deplorable, que me contestaría cuando estuviera en su país, que eso no tocaba ese día. Eché de menos en la manifa, a José Luís, ya saben, a Carol-Rovira, hijo de un Guardia Civil mañico, esa es toda su trayectoria barretina, aunque su madre si asciende algo más en la genealogía catalana, y por lo tanto, él se ha creído siempre, heredero universal de la pureza de raza, desde el estanco familiar, donde se vendía el caldo de gallina, las pólizas y el papel del estado, el español, claro. Éste personaje de guiñol, lleva en su cartera “La Estelada”, cuando lo suyo sería “La Senyera”, y si me apuran, ninguna, porque sólo en una cabeza perturbada, cabe hacer cuestión de vida o muerte, tu idea de patria, de la que tan sólo es tuya al cincuenta por ciento. Se necesita ser memo, o no saber la historia familiar de Juan Carlos Izaguirre. Otro que tal baila. Lo decía mi abuela que era republicana y sabia: Hijo mío, debes saber que en éste país, siempre habla el que más tiene que callar. Somos así de imbéciles.

jueves, 23 de agosto de 2012

LOS POLÍTICOS ME DAN MIEDO

LOS POLÍTICOS ME DAN MIEDO Tito Ortiz.- En muy pocos años, he pasado de verlos como los artífices del cambio democrático, a una pandilla de bandoleros, con menos escrúpulos que José María, “El Tempranillo”. De abnegados servidores de la sociedad, a chaqueteros sin catecismo ideológico, que sólo pretenden perpetuarse en el cargo, para no regresar a la vida anterior, donde tanto frío hace ahora. De impulsores del estado del bienestar protectores de los más desfavorecidos, a ultradefensores de sus propios privilegios, sin más ética que la del dinero y las prebendas. Son aquellos que con su ignorancia e ineptitud, nos han metido en la crisis, y a la hora de que todos paguemos las consecuencias, son los primeros en excluirse. La carcunda mediocre sin dios ni patria ni rey, que ha ido echando de los partidos políticos, a las personas formadas y experimentadas, con proyección, liderazgo, experiencia y honestidad, arrinconándolos en sus casas, haciéndolos invisibles a la militancia y los simpatizantes, para lograr que una caterva de analfabetos políticos y educacionales, sin formación ni educación, que escupen piedras cuando hablan, y además, no saben lo que dicen, se posicionen en la estructura del partido asumiendo el poder con ignorancia supina, y encabecen al unísono las listas, no con compañeros adecuados, sino con compinches camaradas de aventuras, aliados de la farsa y el navajazo trapero, pues todo vale en el panorama actual de los partidos, con tal de pisar el cuello al que no te ríe el chiste, y aupar hasta puestos de gran responsabilidad, a los que te tiran de la chaqueta, o te lamen esa parte anatómica, donde la espalda pierde su casto nombre. En manos de semejante gentuza estamos, y lo peor de todo es, que los hemos votado nosotros. Que los hemos contratado por cuatro años, con sueldos de lujo, chalets de lujo, coches de lujo, escoltas de lujo, y hasta en algún caso que conozco bien... amantes de lujo. Y todo ello, sin pedirles nada a cambio, sin vigilarles de cerca, sin pedirles responsabilidades. Les hemos votado en unas listas que ellos se han preparado sin consultarnos, y luego no hemos hecho el seguimiento de aquellos a los que les hemos encargado, que nos resuelvan los problemas económicos y sociales. Nunca les dimos carta blanca para que nos los crearan, y mucho menos para que recortaran nuestras libertades, redujeran nuestros sueldos, y cada día nos metieran el miedo en el cuerpo, diciéndonos que todo puede ir a peor, y sino, que en el mejor de los casos, esta situación se puede prolongar algunos años más. Estos políticos que no conocen la crisis, que siguen viviendo como antes de la hecatombe, a base de reducirnos los sueldos y las prestaciones, a quienes les hemos votado, no deben repetir. La sociedad soberana debe mandar a los actuales impresentables al paro, metiendo al sistema político en una diálisis, de tal forma que, se permita primero, recobrar a todos los políticos válidos que están depurados por sus huestes en casa, pues somos el país que antes los fagocita, tirando por la borda su capacitación y experiencia. Segundo, refrescar el panorama con los jóvenes de las juventudes de los partidos, y aquellos seniors a los que no se les ha permitido tocar bola. Tenemos que hacer borrón y cuenta nueva, para sacar a éste país de la depresión en la que estos patricios incapacitados lo han sumido, impidiendo a toda costa, que media España política esté encausada en los juzgados, por la carencia total de honestidad en muchos representantes del pueblo a los que hemos votado. Se les llena la boca de decir que están ahí porque les hemos puesto nosotros, como si eso bastara para hacer de la política, el caldo de cultivo de una nueva clase de delincuentes: Aquellos que siendo políticos, se pasan por el forro de las entretelas, su ética y honestidad, con tal de llenarse los bolsillos, traicionando la buena voluntad de quienes los votamos. Desde mi leal indignación, no olvido que dentro de éste panorama tan desolador, no debo caer en la tentación de aquello famoso de... café para todos. Hay políticos honestos de todo signo, que no matan por una foto, ni nos meten el dedo en el ojo a aquellos que un día fuimos a las urnas para contratarlos, con el fin de que nos resuelvan los problemas, y no, que nos los creen. Que tienen vocación de servicio y que se ganan con creces lo que cobran, pero desgraciadamente, empiezo a pensar y gran parte de la sociedad conmigo, que son minoría. Lo que abunda es la falta de educación y formación, el exabrupto gratuito y una nueva moda, el chantaje entre administraciones de distinto signo, cuyas consecuencias pagamos los ciudadanos. La retención de la subvención, por parte de una administración, cuando ésta lleva el destino de otra que no pertenece a su partido. De ésta forma se paran obras, e infraestructuras, ralentizando proyectos necesarios para la ciudadanía, sólo en aras de la confrontación política, sin que les importe un pito, las consecuencias que eso tiene para los ciudadanos. Pues si a ellos no les importa, a nosotros sí. Señorías: Váyanse a la mier...

martes, 21 de agosto de 2012

SOBRAN POLÍTICOS

SOBRAN POLÍTICOS Tito Ortiz.- No se entiende que un país -ejemplo para todos- como Alemania, necesite para llevar a cabo su eficacia política y económica, la mitad de los políticos que tiene España. No se entiende como los germanos son gentes formadas y de alto nivel, y los nuestros, en su mayoría, todo lo más de medio pelo, si es que no amparan los asaltos a supermercados. La corrupción política de la piel de toro, más acentuada como siempre en la derechona facistoide, pero también en la izquierda profesionalizada, que no sabe más que vivir del bote y la demagogia, al carecer de profesión y vida fuera de la actividad política, nos han convertido en tan sólo tres décadas, en una democracia joven, con todos los vicios de una vieja. Individuos sin oficio ni beneficio, que tienen que aferrarse al cargo porque de lo contrario no saben que hacer, o no tendrían que comer, han convertido la actividad política, en un... aquí vale todo; del que no se salva ni la familia real, de tal manera, que los tiempos del hermanísimo de “arfonso”, ya se han quedado hasta en un recuerdo romántico, si advertimos de lo que son capaces éstos adalides de la vagancia y la mangancia. La carencia de libertad y democracia internas en los partidos, sobre todo de izquierdas, porque a la derecha ya se le supone facha de prietas las filas, es una vergüenza inaceptable, que ha degenerado hasta la muerte, aquel discurso hermoso de la transición, en el que se advertía que la divergencia política, el contraste de pareceres, los matices distintos, lo único que hacían era enriquecer el patrimonio político y democrático de los partidos. Pues bien. Eso ha quedado en agua de borrajas, hasta tal punto, de que sin distinción de anagrama, en los partidos ahora mismo lo que impera es aquel viejo axioma de... El que no está conmigo, está contra mí. Y son manifiestas las vendettas, con navajazos a traición por los pasillos de las sedes, que culminan con las pantomimas y farsas más decabelladas, en las que se han convertido los congresos, a los que ya no se asiste para ver que ocurre, sino que se sueltan unos discursos preparados, porque los resultados ya están amañados desde días antes, las listas cerradas a cal y canto, y los pagos de favores resueltos. La transparencia política de los congresos de nuestros partidos, es comparable a su financiación, un hecho translúcido, como una ciénaga cavernaria, donde nuestros políticos se bañan, con el placer de una Cleopatra en leche de burra. Hemos sobredimensionado la libertad, la democracia, la igualdad y la maldad, para cada cuatro años, meter en plantilla con grandes sueldos que no se rebajan, a una caterva de impresentables, sin oficio ni beneficio, a los que hemos convertido en profesionales del gorroneo y la petulancia. Sinvergüenzas que deberían protegernos de la crisis, y no meternos en ella. Acéfalos minestriles de la incompetencia, incapaces de reconocer su necedad, que nos llevan cada vez con mayor prisa, a la pérdida de libertad, democracia y bienestar social alcanzados, para paulatinamente y sin remedio, abocarnos a la pobreza, la indigencia política, el descreimiento, la desesperanza, y el abatimiento psicológico. Con su comportamiento, nos están empujando al filo de las cataratas, para que nosotros solitos demos el último salto al vacío. La única solución a los problemas en los que nos han metido, es atacar a la sociedad que los pusimos en sus escaños, con el fin de amedrentarnos, y en pisándonos el cuello con la presión justa para no fallecer, sólo permitirnos respirar, para que trabajemos y con nuestro sacrificio – no el suyo – los saquemos del atolladero, no como nosotros quisiéramos, sino, como mandan ellos. Los votamos, ese fue nuestro error, y quieren acabar con nosotros, para vivir en los mundos de yupi, sin pueblo al que rendir cuentas. Sólo nos necesitan y oyen el día de las elecciones. A partir de ahí, se consideran con carta blanca para vivir excelentemente a nuestra costa, y cuando no puedan llevar el tren de vida elegido, recortarnos el sueldo y la vida, para poder mantener su tren. Además se multiplican como las plagas, porque a la cifra dislocada con respecto a otros países más grandes y eficaces que nosotros, ellos añaden cargos de confianza a dedo, liberados sindicales, asesores, peritos en mil cosas tan faltos de preparación, que una vez, un taxista, fue el máximo responsable de la empresa autonómica del suelo, director general de la Guardia Civil uno que no tenía el graduado escolar, ministro de interior un electricista, pero todo se hizo en aras de la democracia, porque la democracia nos hace a todos iguales. Pero es que no lo somos. Un hombre, un voto, pero no somos iguales. No entra en cabeza humana, que el vicepresidente de la Junta, pueda pertenecer al mismo partido, o sindicato que asalta Mercadona, empujando de malos modos a las empleadas, con un tinte machista, violento y soez, impropio de quienes dicen robar para dárselo a los pobres. Haciendo de la militancia política y sindical, un ejercicio impropio de un país europeo, culto y democrático. Ejercicios como ese, son muestra de la falta de formación, educación y convicciones democráticas, de los propios militantes de izquierdas, que al carecer de esa imprescindible formación, se convierten en harapos de la incongruencia, fáciles de confundir en sus acciones, con hordas fascistas, de triste recuerdo para éste país. Cuando la plebe carece de formación, es fácil que aún creyéndose ellos mismos que son de izquierdas, su comportamiento y lenguaje sea de derechas, eso es lo que le ocurre por ejemplo, al del pañuelo palestino, que se cree más líder de masas, cuanto menos se ducha. Un esperpento patrio, de la manera de hacer política en otro siglo, pero no en éste.