lunes, 29 de julio de 2013

EL CANTE DEL MIEDO

EL CANTE DEL MIEDO Tito Ortiz.- Tan antiguo como el propio cante flamenco, es el malfario que algunos dicen que trae el abordar la ejecución de “La Petenera”, desde que perdida en la noche de los tiempos, se cuenta la historia de aquel cantaor que nada más abordar el tema, cayó al suelo como fulminado por un rayo, o aquel guitarrista que en la falseta de introducción perdió la uña del pulgar, o al que se le partió la Prima, cruzándole la cara como un látigo. A la pobre Petenera, se le han achacado las desgracias más inverosímiles, después de ser cantada, y no digamos, si la osadía llegaba al punto de interpretarla bailando, entonces se cuentan por miles, las desgracias acarreadas de tal alarde flamenco. Menos mal, que para bien de la supervivencia de éste palo, hay artistas que no son supersticiosos, y lo hacen, incluso lo graban, para que no se pierda. Pero no es éste el único ejemplo de miedo al cante. La democracia española le debe mucho al cante, y más que al flamenco, a un puñado de valientes, que aún a riesgo de dar con sus huesos en la cárcel, utilizaron como herramienta de libertad, el arte gitano andaluz, pese a que en más de una ocasión, acabaron con los grilletes en una celda fría y lúgubre, entonando unas “carceleras” por derecho, y con orgullo. Un trozito de la tarta de libertad que ahora gozamos, se le debe a una recortada nómina de artistas flamencos, que antes del 20 de Noviembre de 1975, ya se atrevieron a usar el arte flamenco, con aires de libertad que entonces no gozábamos. Y a veces no había que ir contra el régimen, solo bastaba con cantar a un poeta, para jugarse la celda por una buena temporada. Recuerdo a Pepe Albayzín, entrar como cada noche a la Venta de El Álamo, y que alguno de sus compañeros lo asustara con sólo decirle, que “Los Jundunares “, se acababan de ir, preguntando por él. El crimen que el cantaor había cometido, no era otro que el haber grabado un pequeño disco en la casa Belter, cantando La Baladilla de Los Tres Ríos, de Federico García Lorca. Teniendo en cuenta que los señoritos a los que complacía con su arte en los reservados, eran de la antigua guardia no era descabellado pensar, que más de un recadito a la oreja se llevó, aquel que sólo pretendía, recuperar la obra de nuestro poeta más inmortal, pero en aquellos tiempos, no dejó de ser un alarde de valentía, ya que algún cliente de menos le costó al bueno de Pepe Albayzín. Tampoco faltaron los agoreros, que echaron las culpas del asesinato aún no resuelto, del cantaor granadino, Juan Antonio Cuevas Pérez, “El Piki”, por haber grabado un disco con letras del padre de la patria andaluza, Blás Infante, que le había producido Fernando Miranda, y que en los setenta se gestó en su bar ”La Trastienda” de la placeta de cuchilleros. El Piki, apareció en una cuneta de las afueras de Madrid, con el cuerpo destrozado y una pierna arrancada de cuajo, según me contó “El Morogato”, que junto con otros plateros fue a recoger el cadáver. Tenía los puños destrozados de haberse defendido de sus agresores, pero lo mataron, y lo único que se sabe, es que aquella noche fueron a recogerlo, cuando terminó de cantar en “El Café de Chinitas”, tres desconocidos, uno de ellos cojo y con bastón. Y hasta hoy. Pero el cante seguía dando miedo y sustos. Y si no que se lo pregunten a Paco Moyano, el cantaor de Alhama, él sabe de interrogatorios de la Brigada Politicosocial y sus consecuencias, por utilizar el cante como grito a la esperanza. José Meneses, con su voz, y su compadre, Moreno Galván con sus letras, sintieron más de una vez el aliento en el cogote de la dictadura. Como, Manuel Gerena, cuyo curriculum está jalonado por su lucha anti franquista, a través del cante flamenco. El Cabrero, es otro que sabe lo que es bajarse de un escenario esposado camino de la trena, escoltado por “la pestañí”. Hasta el propio Enrique Morente, tuvo un cariñoso tirón de orejas, cuando en su famoso disco de “La Estrella”, se atrevió a meter un cante, con la letra de La Nana de La Cebolla, de Miguel Hernández, menos mal que la sonrisa de ese albaicinero inmortal, restó importancia al asunto, y al día de hoy, eso ya está escrito en la historia. Su disco de Lorca, ya vino cuando los vientos eran otros, y a favor de corriente, pero lo de Miguel Hernández, estuvo a pique de un repique... que decimos en el barrio. Mí compadre, Ángel Rodríguez “Chanquete”, se salvó de milagro, siendo molestado sólo lo imprescindible, pese a beber los vientos por esa bandera roja desde la clandestinidad. Y así podría seguir añadiendo nombres de artistas flamencos en todas sus facetas, que antes del 75 y después en la transición, mostraron con orgullo y valentía su arte en pos de una España libre y democrática, y al día de hoy, no han recibido recompensa alguna, tal vez porque estar contra Franco, nunca fue sinónimo de militar en un determinado partido después, y por eso, los reconocimientos tardan en llegar, o no llegan, que de todo hay en la viña del señor. Pero que ya va siendo hora de reconocerles a los flamencos, los palos que han recibido, por desear un país en libertad, señores políticos de pacotilla. ¿Esperan a que se mueran para hacerlo a título póstumo?

martes, 23 de julio de 2013

DE POLICÍAS Y COSTALEROS...

DE COSTALEROS Y POLICÍAS, MUY AVANZADA LA MADRUGADA. Tito Ortiz.- Aquella noche se presumía larga y desafiante. En la tele no ponían nada atractivo, la cartelera, tampoco animaba, así que a partir de la diez, poco a poco y sin efecto llamada, fuimos recalando todos en la barra de “El Sota “, en la plaza del Realejo, donde el bueno de, José Ocaña Carmona, nos daba conversación y cobijo. Conforme el reloj avanzaba, Carmela, su mujer, se retiró a descansar, dejando “al sota” a nuestra merced, en ese momento en que las charlas cofrades discurrían, por lo azaroso de su responsabilidad como hermano mayor de la hermandad del Rosario, el montante económico que había que preparar para recibir al capitán general del estrecho, la escuadra de gastadores, la compañía de honores de la marina y su banda de música, que daría un concierto en el auditorio Manuel de Falla, el día antes de la salida procesional. José Carranza, - wily para los amigos- asentía y añadía comentarios juiciosos al respecto, aportando su experiencia en el mundo cofrade, con un toque de humor, que sólo desde la ternura, poseen los elegidos, que curiosamente, son llamados a la derecha del Padre antes de tiempo. El Turri, asentía y animaba cualquier opción, desde la lealtad de una copa saboreada, -no tragada-, pese a que la madrugada, avanzada y mucho ya estaba, y el número en general de escanciamientos... también. Al fondo del bar, donde antaño se divisaban las figuras de toreros recortadas en la pared, cerca de donde en 1947 estuvieron colgadas las dos orejas y el rabo de Islero, el mítico Mihura que puso fin a la vida de Manolete en Linares, ahora “El Sota” había puesto unos futbolines y unas mesas de billar, donde la costalería granadina pasaba las horas antes y después de ensayos, en la compañía de un larios con pepsi, o un pálido de Montero con cola. Sólo, El Compadre o Juan Cobo, desgustaban el wodka con naranja. El reloj de la madrugada, implacable como una sentencia, era testigo mudo de cómo el Sota, ya al otro lado de la barra, daba permiso a Jesús Ortiz y su hermano Falo, para que no faltara líquido en los vasos. Apagada la televisión, el viejo reproductor de cintas de casset, daba rienda suelta a las marchas procesionales venidas de otras tierras, con el volumen necesario para que la vecindad, aún sin pretenderlo, se sintiera imbuida del espíritu cofrade, de una Granada que despertaba a una nueva semana santa, tras el glorioso milagro de una nueva hermandad fundada por Francisco Andrés, Alberto Rodríguez Roldán, Ángel Rodríguez “Chanquete”, José Montero y otros, que con el sobre nombre piadoso de “La Concha y El Manuel”, tiró en solitario de la semana santa granadina, hasta conocerla como es hoy. Pasaban los reunidos de la cincuentena y se hizo necesario el arriado de la persiana, para no permitir intrusos, y aminorar el sonido al exterior, pero por lo visto ni eso fue suficiente. Tocaba la campana de La Torre de la vela el ritual de las ánimas, cuando alguien dispuso de una cortina que daba acceso a los servicios, y de un salto, se encaramó a la mesa de billar más cercana a la puerta. Allí espero a unos menesterosos y colaboradores costaleros, auparan al Wily y colocándolo en el centro del rectángulo, fue revestido con la tela, quedando envuelto a modo de cautivo. Pronto un patero derecha adelante, se hizo con la escoba de la cocina, y a modo de cetro o dicho “granainamente”, cañilla, se la colocó al Wily entre las manos, anudó éstas con el cordón de la cocina, y al grito de... ¡A éstas es!, la mesa de billar se izó por los aires en una levantá perfecta, y a la voz de: Vámonos abriendo calle, la mesa de billar americano con el improvisado cautivo, marchó presta hacia la calle, no sin que antes, un contraguía avispado, tirara de la persiana al cielo y dejara el camino expedito hacia la plaza de Fortuny. La sirena de un coche policial no se hizo esperar, ya que algún vecino dio el aviso de escándalo en el realejo. Pero la sorpresa del chivato fue mayúscula, cuando aquellos policías bajaron del coche patrulla y desde el balcón pensaba que íbamos todos a la cárcel. Los uniformados, formados a modo de gastadores, uno en cada esquina y con paso lento reglamentario, dieron escolta cumplida durante el trayecto de Fortuny a Santo Domingo y regreso a su iglesia, o sea, a la taberna del Sota. El malhumorado vecino no daba crédito, los ojos se le salían de las órbitas, pretendía tirarse por el balcón, con tal de infligirnos un castigo ejemplar, pero a punto de la locura, todavía tuvo que soportar, que al volver el trono, paráramos cuadrándolo en la puerta, y un cantaor profesional, lanzó al aire de la madrugada un cante por saetas, que reventó el cielo forzando el amanecer. Entre vítores y aplausos la mesa de billar volvió a su sitio, el wily a su casa y el sota a dormir, como el resto. La explicación era muy sencilla: Los cuatro policías que acudieron a la llamada del 091, eran costaleros nuestros. ¡Gracias a Dios! Y al wily, que no se movió en ningún momento, pese a ir todo el rato de costero a costero.

domingo, 21 de julio de 2013

HACE UN RATO

HACE UN RATO Tito Ortiz.- Hace un rato, que mi madre me ha mandado a la droguería a por “pubilla” para lavar la ropa, pero el droguero me ha puesto en duda, porque dice que han salido unos productos nuevos, que uno se llama “OMO”, que lava más blanco, y otro, “ESE”, que lo hace limpio limpísimo. No sé que hacer, porque si no aparezco en casa con la bolsa anónima de la pubilla, se me va a caer el pelo. Lo mismo que si me confundo, y en lugar de llevar un estropajo de esparto, me decido por un redondelillo, que aunque también de esparto, lleva un centro trenzado a modo de contrafuerte, que nada tiene que ver con el asunto. Hace un rato que también me ha encargado un sobre de tintes “Iberia”, porque quiere cambiar de color un abrigo, y un poquito de “Flis-Flis” contra los mosquitos. Éste líquido que vertemos en el aparato de lata que lo espolvorea por la habitación, y que en la droguería conseguimos a granel, no sabemos en casa si mata a los mosquitos, pero de lo que estamos seguros, es que cuando bombeamos la nubecilla tóxica, estamos a la vez, comprando gran número de papeletas para morir, mucho antes que los molestos del zumbido y la picadura. Pero es que, con los líquidos peligrosos no se tiene nada de cuidado. Hace un rato, que mi padre me ha mandado para comprar un cuarto de litro de “aguarrás”, para seguir con la pintura al óleo, y cuarto y mitad de barniz “tapaporos”, para darle una muñequilla a la cómoda del salón que ya le hace falta. Hace un rato que le pedí al dependiente, medio kilo de polvo de piedra “Pómez”, para hacer con ella un atillo, como el que hace mi madre con el “Añil” para blanquear la ropa, pero éste, para darle más pulido a la madera, al pasarle la goma laca. Hace un rato que se me ha olvidado obedecer a mis progenitores, y acercarme a la droguería para comprarle a mi tío Ñoño, unas hojas de “Cola de Pescado” para seguir con el dorado de la cornucopia. También tres cuartos de litro de petróleo para la moderna hornilla, que ha hecho que desechemos la vieja de carbón, y dos kilos de “sosa cáustica”, para quitarle la pintura al repostero, y volviéndolo al color original de su madera, poder barnizarlo como dios manda. Hace un rato que espero me den un cartucho de “almagra”, para que mí abuela pinte el zócalo de las paredes del salón. También he pedido un bote de “Netol”, el mejor limpia metales de la historia, porque hay que hacer zafarrancho en el comedor. De camino, hace un rato que he ido a la “aparadora”, para que le cosa unos zapatos a mi padre, y ella también le cogerá unas carreras, que le han salido a las medias de cristal con costura, de mi madre, en una tarea de “zurcidora”, de auténtica obra de arte. También espero que me den un botecito de “brillolín” para quitarle los arañazos a los muebles, un cuarto de kilo de jabón en escamas, para que sea más fácil su disolución con la ropa delicada, puesto que todavía no se ha inventado “Norit”, el borreguito. Hace un rato que le estoy quitando chinos y cocos a las lentejas, castigo éste muy acreditado en mi casa, cuando alguno se pasa de listo. Lo mismo que pelar habas en temporada, desvainar guisantes, o desraspar el bacalao para los buñuelos, llamados “boladillos” en Graná, y que en tan ingrata tarea, debes aceptar los cargos y condenas que te correspondieren, si una vez guisado el dichoso pescado, alguno de los comensales, sintiera en boca o garganta el menor pinchazo, porque entonces sería mejor que te pasara por encima en diversas ocasiones, tanto el corto de Loja, como el tranvía de la sierra, con veintitrés o veinticuatro jardineras adosadas. Si eso se produjera, es muy aconsejable que la tierra se abra y te trague eternamente. Hace un rato, que he pedido cien gramos de malta, y todavía me la están moliendo. El cuarto de kilo de azúcar en terrón, es mucho más barato que molida, por eso es el que llevo a casa, envuelta en un papel de estraza, mientras en la mano siniestra sostengo la huevera de alambre, con media docena de los gordos, puestos por gallinas de campo. “Güenas poneoras”, dice mi abuela, mientras saca de la faltriquera una moneda de diez céntimos de peseta, para que mi padre le eche gasolina al encendedor de martillo, en el dispensador que hay entrando a Castañeda, en la primera columna a la izquierda. Hace un rato que han tocado a “sabatina” en los hospitalicos, y ayer les recordaron los niños que hacen éste año la primera comunión, que deben confesarse el día antes, y permanecer en ayunas durante 24 horas, antes de tomar la sagrada forma. Ni agua pueden probar hasta que no hayan comulgado. Que difícil pone la iglesia instituida, el tomar el cuerpo de Cristo a unas criaturas de sólo ocho años. Con razón luego se producen los mareos y lipotimias. Hace un rato que he comprado en la mercería unas ligas para los calcetines largos, unos corchetes nuevos para el sujetador de mi tía, y medio metro de cinta de seda rosa, para la trenza de mi hermana. Hace un rato que ha pasado el que atiranta las colchonetas, con su sonoro pregón, el hojalatero, que estaña las sartenes, el macetero con su buen mantillo, el vendedor de cal para blanquear, que porta en grandes serones de su borrico, llamado ¡Volunnnntaaaario!, Y las damas de la parroquia, que han dejado en mi casa, el armarito con hucha, que en su interior porta a la virgen del Carmen. Hace un rato que me he despertado, y todavía sigo soñando con recuerdos de mi infancia, y eso que ya he cumplido los treinta... ¿ o serán sesenta?. Bueno, que más da, si parece que hace... sólo un rato. ¿Acaso seguiré vivo ?.

jueves, 27 de junio de 2013

SLO CON LA DEUDA DE LOS CLUBES...

SÓLO CON LA DEUDA DE LOS CLUBES... Tito Ortiz.- Uno no deja de pensar en el déficit, en los desahucios, en las preferentes, y en ese puñado de criaturas, que acorraladas por el sistema, no han visto otra salida que la de quitarse la vida, porque ya no podían soportar más, las injusticias de un gobierno que después de despilfarrar a manos llenas, intenta equilibrar la balanza, a base de arañar nóminas y pensiones, de aquellos que no tenemos escapatoria, ni posibles para ponerlos a salvo en Suiza. Ávidos de imaginación y cordura, quienes nos desgobiernan en el continente, optan por lo más fácil. Estrangular a lo débiles, mientras los que más tienen siguen riéndose, y los políticos, lejos de bajarse el sueldo, se lo suben, hasta que son descubiertos por los medios de comunicación. Y ante tanto horror, el ejecutivo sigue manteniendo cotos privados de deuda, sin que ningún político alze la voz, ni la justicia obre de oficio. En éste país llamado España, existe una connivencia, consentimiento, un mirar hacia otro lado, cuando del fútbol de élite se trata, que ya clama al cielo, desespera al Santo Job, y merecería de mayor honradez, por parte de quienes pueden solucionar éste escándalo. Sólo con lo que los clubes de fútbol adeudan a la Seguridad Social, a la Hacienda Pública, lo que se deben entre ellos mismos, lo que no les pagan a los jugadores, y los catering que se sirven, antes, durante, en el descanso y al finalizar el partido en los comodísimos y bien acondicionados palcos VIP, de los estadios españoles, sólo con esa cantidad astronómica, saldríamos de la crisis y no sería necesario seguir masacrando económicamente a las clases sociales más desfavorecidas. Pero claro, ¿quién le pone el cascabel al gato? Cuando muchos de los que hay bebiendo y comiendo gratis en esos palcos, son precisamente, los que deberían actuar de oficio contra sus morosos anfitriones. Esos que cada principio de temporada, les envían entregados en mano, los carnets para ellos y sus familias, completamente gratis, y además, los tratan a cuerpo de rey cuando acuden al partido. Así es muy difícil actuar de oficio, y fácil ralentizar la acción de la justicia, que de llevarse a cabo, terminaría con la situación de precariedad de una sociedad harta de llevarse la peor parte de quienes nos desgobiernan y martirizan. S los periodistas nos preocupáramos más, de meter los micrófonos en los palcos VIP, que en transmitir a pie de banda, la sociedad entera nos estaría agradecida. No hay más que ver lo que se habla y quienes lo hablan entre tiempo y tiempo del encuentro, para saber los grandes negocios que se fraguan en éstos partidos, donde lo que menos interesa es el resultado de lo que ocurra en el campo. El marcador ni lo miran. Lo realmente extraordinario, es el resultado de las conversaciones de estómagos agradecidos, que no tienen la moral ni la ética, para actuar contra la corrupción reinante en el fútbol español, porque de hacerlo, tendrían que dar muchas explicaciones de lo poco que les cuesta pasar la tarde del Domingo con su familia a mandíbula batiente, en lugar de privilegio, que otros no pisarán nunca. Si la justicia y los políticos, son capaces de acabar con la deuda que la liga española mantiene desde antiguo con las arcas de todos, la crisis será cosa del pasado. Sólo entonces, podremos hablar de un reparto equitativo de los derechos de televisión entre los equipos, del dinero de las quinielas, -que por cierto es un misterio sin resolver,- digno de ser tratado en Cuarto Milenio por, Íker Jiménez, y su equipo de fenómenos paranormales, y de cómo el fútbol profesional debe mantenerse con el dinero de sus socios, y los ingresos por publicidad, pero no a costa de todos los españoles, incluidos la inmensa minoría a la que no le gusta el fútbol. ¿Por qué el mundo de los toros ha pegado ese bajón de infarto en los últimos años? Porque los toros los pagan los aficionados que pasan por taquilla, y eso es lo que tiene que ocurrir con el fútbol, que lo costee quién le gusta y va al campo, no el resto de una sociedad que cada día engrosa los comedores sociales, ve como su casa se la quita el banco por falta de pago, y contempla horrorizada que las cifras de paro son millonarias, y cada vez son más las familias en las que ningún miembro trabaja ni tiene subsidio que llevarse a la boca. Y si nadie tiene entre la bragueta lo necesario para acabar con esto, que todos los partidos sean televisados en abierto, gratis para todos, es lo menos que pueden hacer, si todos estamos pagando las consecuencias de que los clubes no estén al día con sus deudas al Estado, que todos tengamos la oportunidad de verlos sin pagar. A fin de cuentas, eso es lo que hacen los dirigentes del fútbol español, tener su equipo y su palco para los negocios particulares. Pues en abierto para todos. En el paro, sin casa y enmayaos, pero con fútbol de primera. ¿O no?. Otro día hablaremos de por qué los toros pagan el 21% de IVA, y el fútbol, solo el 10%, de Messi, de su puñetero padre, y de nuestros atletas de élite, que pagan sus impuestos en paraísos fiscales.

lunes, 17 de junio de 2013

¡FEDERICO VIVE!

¡FEDERICO VIVE! Tito Ortiz.- Pudiendo escoger cualquier destino en su Andalucía, Federico optó por Granada. Y en aquella década esperanzadora de los noventa del siglo pasado, con su gorra de béisbol ladeada, unas deportivas enormes con los cordones desatados, pantalones surferos caídos en su justa medida, y una camiseta chillona tres tallas más grandes, apareció en la redacción de la empresa pública andaluza, para tragarse Granada, grano a grano, degustándola. Dejaba atrás el viento de poniente, ese fuerte, que sopla en el Atlántico, para cobijarse al abrigo de Sierra Nevada, en el barrio del Realejo, y como un greñúo más, impregnarse de esa malafollá granaina, que como el Chanel número cinco, te da el visado imprescindible, para ejercer como nativo, aún habiendo nacido cerca de donde Colón partió para descubrir un nuevo mundo. Federico Vaz, tardó menos que un cura loco en persignarse, en hacerse con la ciudad, su historia y sus gentes. A los compañeros nos ha ganado por su simpatía, su solidaridad y su profesionalidad. Al resto de los granatensis, por su gracejo a la hora de cosechar amigos, por su vasta formación y nivel cultural, por sus conocimientos de las bellas artes, de las nuevas tecnologías, y de las vanguardias. Vaz, es un eterno adolescente cincuentón, que sabe preguntar en las ruedas de prensa, eso que a los demás se nos escapa. Que lee entre líneas las declaraciones de los próceres, para saber donde les aprieta el zapato, y entiende a la perfección lo que es un periodismo actual, con frescura, y sabe comunicarlo a través de la radio pública andaluza. También cultiva el artículo de opinión en la prensa local, con un olfato diferente, pues diferencia claramente lo que es información en su medio, de lo que es opinión en el que colabora, pero su visión de periodista contemporáneo y comprometido, está en ambas facetas. Federico Vaz, ha cantado como nadie a Morente, ha versionado a La Guardia, 091, y Los lagartija. Nos ha mostrado como se enseña un festival de Cine tan moderno como él, leído a los grandes poetas, pintados los mejores lienzos, que harían palidecer por antiguos, a los componentes del grupo “El Paso”, ha repicado a gloría en las espadañas de las ermitas granatensis, leído La Torá en sus sinagogas, y ha llamado a la oración cuán muecín, desde los minaretes de sus mezquitas. Como hombre culto y ecuménico, abrazó gentes diversas, a las que pese a no comulgar el mismo pan ázimo, supo escuchar, comprender y divergir desde el respeto y la educación, con la palabra como único medio para hacerse entender, dando ejemplo de una convivencia posible, de la que Granada, en otros tiempos más cultos, dio lecciones al mundo, pues aquí convivieron pacíficamente, árabes, judíos, cristianos y gitanos, haciendo florecer un Al-Andalus de inolvidable recuerdo. Federico Vaz, hace más de un año que lucha con una artería obstruida, que una traicionera madrugada, como una parca enamorada, quiso arrastrarlo mar adentro, pero él no se dejó, y afortunadamente, vive, lo vive y lo revive. Es verdad que un lado de su cuerpo, se resiste a obedecer las órdenes que le da su cerebro, pero no es menos cierto, que Federico lleva desde aquella misma noche, varios másteres de rehabilitación en su cuerpo, y que se resiste con una conciencia plena y una inteligencia intacta, a no poder teclear su ordenador, subir las escaleras corriendo como lo hacía, o patinar por los pasillos de los estudios porque llegaba tarde al boletín informativo. Federico lucha todos los días por volver a esa actividad frenética de la redacción, las ruedas de prensa, los actos culturales y las programaciones especiales. Pero una reunión de galenos constituidos en alto tribunal, le han obligado a tomarse unas vacaciones, no sin soportar su gesto contrariado, porque Federico es un periodista de trinchera, y no le gusta descansar, pero bueno, el caso es que para ésta nueva etapa que se abre en su vida, se aconseja al navegante onubense de las letras, que en los últimos años conquistó Granada, se retire a sus cuarteles de invierno en la marisma, para retornar de nuevo, brazo en remo y avanzando hasta la ciudad de la Alhambra. A Cambio, Federico Vaz, en éste retorno no deseado, pero sí aceptado, recupera a su familia, sus viejos amigos, su tierra natal, su mar, y gracias al móvil, el email, y esas nuevas tecnologías que domina como nadie, no cortará el cordón umbilical que le une a éstas tierras, estos amigos y estos compañeros, a los que tan felices nos ha hecho durante tantos años, gozando de su trabajo y amistad. Como periodista de raza, que lo es y mucho, debe tenernos al día de sus progresos y adelantos, de su recuperación física y de sus nuevas creaciones, porque la mente está intacta, y cuando eso sucede, Federico, no te podemos permitir ni la duda, ni el desaliento, y mucho menos, la inactividad creativa, de un vanguardista como tú, que tanto nos espolea, para que nos actualicemos y no caigamos en la comodidad. Eso es lo que nosotros te pedimos a ti, que nos mantengas informados de tus progresos y tus nuevas actividades. Cuando una puerta se cierra, ya sabes que otra se abre, así que renovarte, redescubrirte a ti mismo, es nuestro mandato. Eres nuestra esperanza Federico Vaz, no nos defraudes, amigo. Compañero del alma... compañero.

lunes, 3 de junio de 2013

MIS NOCHES EN VÍA VENETON

MIS NOCHES EN EL “VÍA VENETO” Tito Ortiz.- Estábamos ante el cadáver de aquel novillero granadino, más niño que adolescente, que en no habiendo fallecido en la plaza, le cupo el honor de ser velado en el club taurino de la Plaza del Carmen. Nadie nos dijo a ciencia cierta si la muerte le había sobrevenido por un atracón de comer, tras largos días de ayuno involuntario, o por una ingesta indebida de agua helada, tras una acalorado entrenamiento de salón. Ricardo Puga Cifuentes, “El Cateto”, matador de toros, hermano del dibujante de humor gráfico, “Frapuci”, y tío del mago “Migue”, se empeñaba en convencerme ante el féretro, de que aquella imagen, me tenía que dar mayor afición para dedicarme de lleno a los toros. Yo coqueteaba por entonces con el arte de Cúchares, pero el rostro de aquel novillero, cuyo cristal de la caja de cinc, dejaba traspasar la imagen cerúlea de unos ojos aún entreabiertos, al modo del Cristo de Mora, me quitó la afición para siempre. Mí padre, que nunca me animó a seguir sus pasos, tal vez porque, mejor que yo, conocía la cantidad hermosa de “jindama” que albergaba en mi osamenta, respetó mi decisión, pero Ricardo no se resistía, creo que para asustarme más aún, me aseguraba que tanto él, como el hombre de confianza de José Julio Granada, Enrique Bernedo “Bojilla”, estaban dispuestos a apoderarme, asegurándome que no torearía menos de 50 novilladas en la temporada, creo que eso fue lo que me echó de los toros. Gracias a “El Cateto”, el mundo de los toros se libró de un albaicinero con más miedo que siete viejas, y el del periodismo taurino, ganó un adepto aficionado práctico, con algunos conocimientos de lo que veía, suficientes para hablar y escribir de toros, sin meter mucho la pata, que por cierto, todavía por aquellos años, se cortaba como máximo trofeo. La del toro, digo. La luz pobretona del club taurino, con el féretro de aquella criatura, los cuatro cirios de las esquinas, y los afiches pegados por los cristales de, Ricardo Puga “El Cateto”, revestido de pana y albarcas, tocado de gorra rural y un haz de leña a las espaldas, como reclamo para formar carteles, daban a la escena un aire a lo Berlanga, o como mínimo, de película en blanco y negro, de capeas y muerte en plaza de carros de la España profunda. Aquella era una historia al estilo de “El Niño de La Monja”, Sangre y Arena, Currito de La Cruz, -o dedicada a mí,- “Los Clarines del Miedo”. Yo había estado con él, la tarde de su alternativa en Motril, con el declive del gran maestro Curro Girón, y el arte emergente y señorial de un, José Julio Granada, que al día de hoy, no ha sido superado por ningún paisano, - tan sólo se le acercó en su día, el empaque de José Antonio Rodríguez, “El Torero” y los chispazos de Pedro “Chicote”. Por eso aquello me animó bastante, pero ver la muerte de cerca, oler a cadáver de torero como olía la estancia, pese al atúd metálico, por mucho que me animara Ricardo, no había nada que hacer. Fuimos a la barriada de San Francisco, a un lugar llamado “La Granja”, en cuya placita de toros, se soltaban becerras para aficionados y profesionales. Y en el momento en que me tocaba salir a parar la mía, tuve la enorme suerte de que era la única en el corral, y que con un salto de auténtica atleta, se libró del cerco y al galope, se adentro en la sierra de Alfacar, hasta que una semana más tarde la encontraron, pastando con tranquilidad y más gorda de cómo estaba el día en que me iban a poner a prueba. Ante el disgusto de todos los que querían hacer de mí, el próximo figurón del toreo granadino, como proclamaba “El Cateto”, y la enorme alegría de mi corazón, contenido en cara de circunstancias, para no enojar a mis incondicionales, los dioses se aliaron conmigo desde aquel día y hasta hoy, que disfruto como nadie sentado en el tendido, o hablando de toros con quién quiera escucharme. De nada sirvieron las noches interminables en el “Vía Veneto”, cuando Ricardo pensaba que todavía era yo recuperable para el mundo activo del toro, aunque yo estaba más pendiente de las manos extraordinarias del maestro Luís Megías, que sentado al piano, hacía las delicias de los presentes, abordando todo tipo de música con un virtuosismo nada común para encontrártelo en un pub de moda. En sus descansos, José Antonio Antelo, era el sustituto adecuado. Ante la presencia de un bronce sublime del pato Nicol, que era objeto de miradas constantes por parte de Ricardo Puga, -¿quién sabe por qué?-, yo me concentraba en la melodía de los Indios Tabajaras, que Megías ejecutaba, mientras hacía oídos sordos, a los consejos de “El Cateto”, para ir al día siguiente de tentadero. Mi padre que era quién mejor me conocía nunca insistió, y fue quién al final tuvo razón. De nada sirvieron los ánimos de “Rubito”, Antonio “El Gran Pirulo”, “Baquerito”, ni del “Diamante Rubio”, ni de Joaquín García, que después fue el corralero, ni de los hermanos Cambil. Contra el miedo nada se puede, y algunos de ellos dicen que fui muy generoso entonces, porque no les hice perder ni un duro. Desde el principio tuve claro que no llegaría a nada, porque cuando sonaban los clarines, el corazón se me salía del pecho y las piernas me temblaban como varillas de paraguas, y así... ustedes comprenderán que es muy difícil hacer nada conmigo. Por eso hice una buena elección. Cambié el carretón y los trastos, por los sillones de piel, el Vat 69 -por entonces de moda- y la música del genial Luís Megias, en el inolvidable “Vía Véneton”, eso sí, después de mi jornada en Patria, donde tanto aprendí de toros de mi maestro Kastiyo, y en Radio Popular, donde don Lorenzo Ruiz de Peralta, primero, y José Antonio Lacárcel, después, me enseñaron a comunicar aquello que yo sentía. Tuve como compañero y amigo en Ideal a, José Cortés Amate, con quién tanto me divertí, sobre todo cuando formábamos trío periodistico-taurino, con nuestro inolvidable, Santi Lozano. Alguna vez se nos unió el cirujano don Juan Pulgar, y las carcajadas, todavía resuenan en “Los Mariscos”.

miércoles, 15 de mayo de 2013

CON ACENTO

CON ACENTO Tito Ortiz.- Aquel año comenzaron a suceder muchas, que poco a poco nos irían forjando el carácter, y nos facilitarían un entendimiento internacional de las cosas, porque hasta entonces, nosotros pensábamos hacia dentro, era una especie de movimiento centrípeto, que nos consolidaba como la reserva espiritual de Europa, cercados psíquicamente por las fronteras de Portugal, Francia, Andorra y Gibraltar... español, siempre español. Todavía se nos podía seducir con un reloj de contrabando comprado en Tánger, con un paquete de cigarrillos gibraltareños, o con unos anticonceptivos, aquí prohibidos por Encíclica de Pablo VI, que se encargó y bien, de dejar en agua de borrajas, el Concilio vaticano II. Incluso con un buen paquete de café lusitano, se nos podía alegrar la vida. Los pudientes pasaban a Francia para ver buen cine sin censura, las pudientes abortaban en Londres, los delincuentes redimidos y los desclasados, se alistaban en el primer banderín de enganche a la Legión que tuvieran a mano. Otros buscábamos consuelo en “La Codorniz”, la revista más audaz, para el lector más inteligente. Aquel fue el año del Mayo francés, de Vietnam, Biafra, de los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King, y de un movimiento para hacer la paz y no la guerra, que marcaría a varias generaciones de por vida, estaban naciendo los primeros Hippies. La revista “Pinap” balbuceaba, y Sefarad nos volvía la cara, a otros españoles que cinco siglos antes fueron expulsados, los nuestros ahora se marchaban a Alemania. Y con todo ese batiburrillo en la cabeza, con la reválida de cuarto pendiente, el primer “Bisonte” sin emboquillar en la boca, y un pálido de las “Bodegas Muñoz” de Puentezuelas, en el gaznate, nos hacíamos a la mar del pensamiento leyendo a poetas malditos por la noche en la cama con una linterna, “El Capital “ de Carlos Marx, manoseado por la cuadrilla de amigos que nos precedieron en la señal de la Fé, y un póster de Ann Margret para el amor en solitario. La primera pista la dió Joan Manuel Serrat, negándose a cantar el “La, La la” en castellano. Ojo, un la, La, la, del Dúo Dinámico, que fama, lo que se dice fama de transgresores, no tenían. La segunda, Massiel ganando Eurovisión, donde hasta entonces nos habían ignorado, o nos habían odiado, más que Carod-Rovira una corrida de toros. A tan sólo unos meses de que el onubense, Jesús Hermida, nos contara emocionado la llegada del hombre a la Luna – ¿quién nos iba a decir que años más tarde, nos aburriría soberanamente en la radio de todos los españoles los domingos de madrugada?- los hispanos contábamos para el resto del mundo, y la televisión de todos, aquella en blanco y negro que tardaba una eternidad en encenderse, y que emitía desde el madrileño Paseo de La Habana, mandó a Manuel Martín Ferrand, para grabar uno de aquellos programas titulados “Con Acento”. El guión era fácil, contar las excelencias de los pueblos visitados, como aquel que hizo después Antonio Gala, que se llamó, “Si las Piedras Hablaran”. El caso fue, que el bueno de Martín Ferrand, se sentó en el pretil del Castillo de Santa Elena, con toda la ciudad a su espalda, una guía de Seco de Lucena en la mano, y a partir de ahí, vimos con gozo en la única tele existente, nuestra ciudad y sus encantos. Era la primera vez que la pequeña pantalla, le dedicaba un programa tan largo a Granada, y en el que no faltó ni uno de sus atractivos paisajísticos y monumentales. Más que televisión, aquellos profesionales hacían cine, y del bueno. Aquel programa puso a Granada en el mapa del atractivo turístico, que hasta entonces se había limitado al boca a boca de los visitantes, como medio acreditado de propaganda. Entonces no existía Fitur para promocionar la provincia, y de paso, pasar unos días de pachanda en la Villa y Corte. Un minuto en el NoDo, o un programa en la tele, era el respaldo que necesitábamos para ser algo en la oferta turística, pese a tener trenes que tardaban 12 horas a Madrid, carecer de Aeropuerto, y contar con una carretera nacional que a los suicidas, se lo ponía en siete horas y media, desde la gasolinera de Los Cármenes, hasta la Puerta del Sol. Con la década de los setenta en el horizonte lejano, Val del Omar, rodó sin destino asignado, las primeras imágenes de Granada, que después ya serían historia, con las que completó en 1974. Granada entraba así en la era culta del cine de autor, pues hasta ahora todo había sido tópico y pandereta. En una España que comenzaba a darle la carta de libertad a Guinea Ecuatorial, llegaban noticias de que el doctor Barnard, lograba realizar su segundo trasplante de corazón, cosa que animó mucho al Marqués de Villaverde, y así le fue. Como a la “Primavera de Praga” que terminó con los tanques soviéticos en las calles sembradas de cadáveres. El Mundo se agitaba por aquellos meses, y hasta aquí, aunque con sordina, nos llegaban los ecos de un nuevo amanecer, pero éste, sin yugo y sin flechas. Con la Universidad de la Sorbona tomada por los estudiantes, la muerta del Ché Guevara y la matanza de la Plaza de Las tres Culturas, Granada se enfrascaba en la segunda visita de Zubin Mehta a nuestro festival, y la representación en el Generalife de “El Tragaluz” de Buero Vallejo, que para los tiempos y Granada, ya era apertura, ya.