lunes, 3 de junio de 2013
MIS NOCHES EN VÍA VENETON
MIS NOCHES EN EL “VÍA VENETO”
Tito Ortiz.-
Estábamos ante el cadáver de aquel novillero granadino, más niño que adolescente, que en no habiendo fallecido en la plaza, le cupo el honor de ser velado en el club taurino de la Plaza del Carmen. Nadie nos dijo a ciencia cierta si la muerte le había sobrevenido por un atracón de comer, tras largos días de ayuno involuntario, o por una ingesta indebida de agua helada, tras una acalorado entrenamiento de salón. Ricardo Puga Cifuentes, “El Cateto”, matador de toros, hermano del dibujante de humor gráfico, “Frapuci”, y tío del mago “Migue”, se empeñaba en convencerme ante el féretro, de que aquella imagen, me tenía que dar mayor afición para dedicarme de lleno a los toros. Yo coqueteaba por entonces con el arte de Cúchares, pero el rostro de aquel novillero, cuyo cristal de la caja de cinc, dejaba traspasar la imagen cerúlea de unos ojos aún entreabiertos, al modo del Cristo de Mora, me quitó la afición para siempre. Mí padre, que nunca me animó a seguir sus pasos, tal vez porque, mejor que yo, conocía la cantidad hermosa de “jindama” que albergaba en mi osamenta, respetó mi decisión, pero Ricardo no se resistía, creo que para asustarme más aún, me aseguraba que tanto él, como el hombre de confianza de José Julio Granada, Enrique Bernedo “Bojilla”, estaban dispuestos a apoderarme, asegurándome que no torearía menos de 50 novilladas en la temporada, creo que eso fue lo que me echó de los toros. Gracias a “El Cateto”, el mundo de los toros se libró de un albaicinero con más miedo que siete viejas, y el del periodismo taurino, ganó un adepto aficionado práctico, con algunos conocimientos de lo que veía, suficientes para hablar y escribir de toros, sin meter mucho la pata, que por cierto, todavía por aquellos años, se cortaba como máximo trofeo. La del toro, digo.
La luz pobretona del club taurino, con el féretro de aquella criatura, los cuatro cirios de las esquinas, y los afiches pegados por los cristales de, Ricardo Puga “El Cateto”, revestido de pana y albarcas, tocado de gorra rural y un haz de leña a las espaldas, como reclamo para formar carteles, daban a la escena un aire a lo Berlanga, o como mínimo, de película en blanco y negro, de capeas y muerte en plaza de carros de la España profunda. Aquella era una historia al estilo de “El Niño de La Monja”, Sangre y Arena, Currito de La Cruz, -o dedicada a mí,- “Los Clarines del Miedo”. Yo había estado con él, la tarde de su alternativa en Motril, con el declive del gran maestro Curro Girón, y el arte emergente y señorial de un, José Julio Granada, que al día de hoy, no ha sido superado por ningún paisano, - tan sólo se le acercó en su día, el empaque de José Antonio Rodríguez, “El Torero” y los chispazos de Pedro “Chicote”. Por eso aquello me animó bastante, pero ver la muerte de cerca, oler a cadáver de torero como olía la estancia, pese al atúd metálico, por mucho que me animara Ricardo, no había nada que hacer. Fuimos a la barriada de San Francisco, a un lugar llamado “La Granja”, en cuya placita de toros, se soltaban becerras para aficionados y profesionales. Y en el momento en que me tocaba salir a parar la mía, tuve la enorme suerte de que era la única en el corral, y que con un salto de auténtica atleta, se libró del cerco y al galope, se adentro en la sierra de Alfacar, hasta que una semana más tarde la encontraron, pastando con tranquilidad y más gorda de cómo estaba el día en que me iban a poner a prueba. Ante el disgusto de todos los que querían hacer de mí, el próximo figurón del toreo granadino, como proclamaba “El Cateto”, y la enorme alegría de mi corazón, contenido en cara de circunstancias, para no enojar a mis incondicionales, los dioses se aliaron conmigo desde aquel día y hasta hoy, que disfruto como nadie sentado en el tendido, o hablando de toros con quién quiera escucharme. De nada sirvieron las noches interminables en el “Vía Veneto”, cuando Ricardo pensaba que todavía era yo recuperable para el mundo activo del toro, aunque yo estaba más pendiente de las manos extraordinarias del maestro Luís Megías, que sentado al piano, hacía las delicias de los presentes, abordando todo tipo de música con un virtuosismo nada común para encontrártelo en un pub de moda. En sus descansos, José Antonio Antelo, era el sustituto adecuado. Ante la presencia de un bronce sublime del pato Nicol, que era objeto de miradas constantes por parte de Ricardo Puga, -¿quién sabe por qué?-, yo me concentraba en la melodía de los Indios Tabajaras, que Megías ejecutaba, mientras hacía oídos sordos, a los consejos de “El Cateto”, para ir al día siguiente de tentadero.
Mi padre que era quién mejor me conocía nunca insistió, y fue quién al final tuvo razón. De nada sirvieron los ánimos de “Rubito”, Antonio “El Gran Pirulo”, “Baquerito”, ni del “Diamante Rubio”, ni de Joaquín García, que después fue el corralero, ni de los hermanos Cambil. Contra el miedo nada se puede, y algunos de ellos dicen que fui muy generoso entonces, porque no les hice perder ni un duro. Desde el principio tuve claro que no llegaría a nada, porque cuando sonaban los clarines, el corazón se me salía del pecho y las piernas me temblaban como varillas de paraguas, y así... ustedes comprenderán que es muy difícil hacer nada conmigo. Por eso hice una buena elección. Cambié el carretón y los trastos, por los sillones de piel, el Vat 69 -por entonces de moda- y la música del genial Luís Megias, en el inolvidable “Vía Véneton”, eso sí, después de mi jornada en Patria, donde tanto aprendí de toros de mi maestro Kastiyo, y en Radio Popular, donde don Lorenzo Ruiz de Peralta, primero, y José Antonio Lacárcel, después, me enseñaron a comunicar aquello que yo sentía. Tuve como compañero y amigo en Ideal a, José Cortés Amate, con quién tanto me divertí, sobre todo cuando formábamos trío periodistico-taurino, con nuestro inolvidable, Santi Lozano. Alguna vez se nos unió el cirujano don Juan Pulgar, y las carcajadas, todavía resuenan en “Los Mariscos”.
miércoles, 15 de mayo de 2013
CON ACENTO
CON ACENTO
Tito Ortiz.-
Aquel año comenzaron a suceder muchas, que poco a poco nos irían forjando el carácter, y nos facilitarían un entendimiento internacional de las cosas, porque hasta entonces, nosotros pensábamos hacia dentro, era una especie de movimiento centrípeto, que nos consolidaba como la reserva espiritual de Europa, cercados psíquicamente por las fronteras de Portugal, Francia, Andorra y Gibraltar... español, siempre español. Todavía se nos podía seducir con un reloj de contrabando comprado en Tánger, con un paquete de cigarrillos gibraltareños, o con unos anticonceptivos, aquí prohibidos por Encíclica de Pablo VI, que se encargó y bien, de dejar en agua de borrajas, el Concilio vaticano II. Incluso con un buen paquete de café lusitano, se nos podía alegrar la vida. Los pudientes pasaban a Francia para ver buen cine sin censura, las pudientes abortaban en Londres, los delincuentes redimidos y los desclasados, se alistaban en el primer banderín de enganche a la Legión que tuvieran a mano. Otros buscábamos consuelo en “La Codorniz”, la revista más audaz, para el lector más inteligente.
Aquel fue el año del Mayo francés, de Vietnam, Biafra, de los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King, y de un movimiento para hacer la paz y no la guerra, que marcaría a varias generaciones de por vida, estaban naciendo los primeros Hippies. La revista “Pinap” balbuceaba, y Sefarad nos volvía la cara, a otros españoles que cinco siglos antes fueron expulsados, los nuestros ahora se marchaban a Alemania. Y con todo ese batiburrillo en la cabeza, con la reválida de cuarto pendiente, el primer “Bisonte” sin emboquillar en la boca, y un pálido de las “Bodegas Muñoz” de Puentezuelas, en el gaznate, nos hacíamos a la mar del pensamiento leyendo a poetas malditos por la noche en la cama con una linterna, “El Capital “ de Carlos Marx, manoseado por la cuadrilla de amigos que nos precedieron en la señal de la Fé, y un póster de Ann Margret para el amor en solitario. La primera pista la dió Joan Manuel Serrat, negándose a cantar el “La, La la” en castellano. Ojo, un la, La, la, del Dúo Dinámico, que fama, lo que se dice fama de transgresores, no tenían. La segunda, Massiel ganando Eurovisión, donde hasta entonces nos habían ignorado, o nos habían odiado, más que Carod-Rovira una corrida de toros.
A tan sólo unos meses de que el onubense, Jesús Hermida, nos contara emocionado la llegada del hombre a la Luna – ¿quién nos iba a decir que años más tarde, nos aburriría soberanamente en la radio de todos los españoles los domingos de madrugada?- los hispanos contábamos para el resto del mundo, y la televisión de todos, aquella en blanco y negro que tardaba una eternidad en encenderse, y que emitía desde el madrileño Paseo de La Habana, mandó a Manuel Martín Ferrand, para grabar uno de aquellos programas titulados “Con Acento”. El guión era fácil, contar las excelencias de los pueblos visitados, como aquel que hizo después Antonio Gala, que se llamó, “Si las Piedras Hablaran”. El caso fue, que el bueno de Martín Ferrand, se sentó en el pretil del Castillo de Santa Elena, con toda la ciudad a su espalda, una guía de Seco de Lucena en la mano, y a partir de ahí, vimos con gozo en la única tele existente, nuestra ciudad y sus encantos. Era la primera vez que la pequeña pantalla, le dedicaba un programa tan largo a Granada, y en el que no faltó ni uno de sus atractivos paisajísticos y monumentales. Más que televisión, aquellos profesionales hacían cine, y del bueno. Aquel programa puso a Granada en el mapa del atractivo turístico, que hasta entonces se había limitado al boca a boca de los visitantes, como medio acreditado de propaganda. Entonces no existía Fitur para promocionar la provincia, y de paso, pasar unos días de pachanda en la Villa y Corte. Un minuto en el NoDo, o un programa en la tele, era el respaldo que necesitábamos para ser algo en la oferta turística, pese a tener trenes que tardaban 12 horas a Madrid, carecer de Aeropuerto, y contar con una carretera nacional que a los suicidas, se lo ponía en siete horas y media, desde la gasolinera de Los Cármenes, hasta la Puerta del Sol. Con la década de los setenta en el horizonte lejano, Val del Omar, rodó sin destino asignado, las primeras imágenes de Granada, que después ya serían historia, con las que completó en 1974. Granada entraba así en la era culta del cine de autor, pues hasta ahora todo había sido tópico y pandereta. En una España que comenzaba a darle la carta de libertad a Guinea Ecuatorial, llegaban noticias de que el doctor Barnard, lograba realizar su segundo trasplante de corazón, cosa que animó mucho al Marqués de Villaverde, y así le fue. Como a la “Primavera de Praga” que terminó con los tanques soviéticos en las calles sembradas de cadáveres. El Mundo se agitaba por aquellos meses, y hasta aquí, aunque con sordina, nos llegaban los ecos de un nuevo amanecer, pero éste, sin yugo y sin flechas. Con la Universidad de la Sorbona tomada por los estudiantes, la muerta del Ché Guevara y la matanza de la Plaza de Las tres Culturas, Granada se enfrascaba en la segunda visita de Zubin Mehta a nuestro festival, y la representación en el Generalife de “El Tragaluz” de Buero Vallejo, que para los tiempos y Granada, ya era apertura, ya.
miércoles, 8 de mayo de 2013
... QUE DIGO YO QUE, SI RECORTAMOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ...
Tito Ortiz.-
Ya que éstos/as chicos/as que nos desgobiernan, a la hora de apretar el cinturón a los ciudadanos no tienen misericordia, mientras que el suyo lo dejan muy holgero, se me ocurre que podríamos darles algunas ideas, con el fin de que todos los palos no vayan al mismo burro. Creo que es muy democrático repartir la pobreza, de tal forma de que la clase política y sindical no salga siempre indemne, y los que dependemos de una nómina vayamos con la soga al cuello y cada vez más apretada.
Sólo con lo que éste país ahorraría si quitara las diputaciones de en medio, saldríamos de la crisis de sobra. Las competencias de los órganos provinciales, serían asumidas por las distintas delegaciones de las consejerías de las respectivas autonomías, y todos tan contentos. Pero eso sería borrar de un plumazo, miles de puesto de políticos que mangonean a su antojo, que meten en plantilla a su familia y amigos y que prevarican con la normalidad con que un camionero castizo, desayuna su habitual carajillo en su venerada venta de carretera. Los hay honestos, lo sé, pero como no son capaces de frenar a los descarriados, unos por acción y otros por omisión, en mayor o menor medida, todos son responsables, y si no me creen, formemos una comisión de investigación en la que sólo participen ellos, ya verán como no dará ningún resultado, hoy por mi, y mañana por ti.
Si sacáramos a los políticos y sindicalistas liberados, de los consejos de administración de las cajas de ahorros, ahorraríamos lo suficiente como para arreglar de una vez por todas, la A-7, Autovía del Mediterráneo, que en llegando a su kilómetro 513, lleva años desviada a un solo carril, porque cuando no es la lluvia, es la sequía, el caso es que el terreno avanza como el andarín de Colomera, y no hay forma humana de ver los cuatro carriles en perfecto estado, para que coger la dirección Sorbas o Tabernas, no sea un fiasco, como ocurre desde que el Estado dejó de serlo, para convertirse en el hazmerreír de Europa, a pesar de ser éste, un punto vital para la salida de los productos almerienses vía Murcia y, por lo tanto, hacia el resto del continente.
Si los políticos vivieran donde tienen el tajo, nos ahorraríamos millonarias dietas y pernoctaciones, con cargo al contribuyente. Los hay que incluso los fines de semana adelantan su regreso a casa, y con el pretexto de convocar una rueda de prensa sin interés, se embolsan la correspondiente dieta de toma pan y moja, por todo el morro, y nosotros a pagar, que para eso estamos. Bueno, para eso y para votarlos, y así puedan tranquilizar sus conciencias, para robarnos a manos llenas, sin límite ni cortapisa. Cada persona, un cargo. No un concejal con siete puestos en consejos de administración en cajas, empresas municipales, participadas, públicas y privadas según convenga a la oligarquía circundante. Y no me vale lo de que sólo tenga un sueldo, porque si luego le añadimos las dietas por asistir a las sesiones, que se supone son su trabajo, el montante a final de mes es millonario y todos con cara de imbéciles aguantando el tirón, que en éste caso es tanto de cartera como de ética, algo esto último, de lo que carecen bastantes políticos/as y sindicalistas liberados, o no. De ahí que el último primero de Mayo, ya haya sido un clamor, que pese a atravesar el peor momento de la crisis laboral, haya sido el año que menos personas han ido tras las pancartas de los sindicatos mayoritarios, que lejos de arreglar sus problemas internos, ha optado por arremeter contra medios y periodistas, pese a que el profesional de la información, sea más antiguo que la propia dirección del sindicato, en el mismo. Los trabajadores no podemos ser deudores eternos de los logros sindicales de hace décadas, cuando vemos la ineficacia de los liberados y los que no lo están, también. Que dejen ya de chupar la sopa boba, mientras los periodistas vamos al paro, ante la pasividad de los que deberían defender sus derechos. ¡Sin periodistas no hay democracia, Manuel!. También hay sindicalistas honestos y que trabajan por sus compañeros, yo los conozco, sé quienes son y son mis amigos, pero hay un porcentaje muy elevado de ellos, que demuestran a la sociedad y a sus compañeros, que no hace falta estar liberado para defender a los trabajadores, la experiencia dice que se defiende mejor desde el tajo, y no al revés. Ya está bien de creerse habilitado, con sólo colgar unos panfletos en el tablón sindical, usando ordenadores, luz, agua, teléfono, fotocopiadora, papel e impresora de la empresa para asuntos particulares, sin que en años, se hayan aprendido ni el nombre de sus compañeros ni el turno que tienen. Sindicalistas de boquilla, de pancarta y pandereta, de soflama fácil, y de guerra sin cuartel hacia los compañeros que los descubren y no se dejan engañar. A que nivel llegarán, que en lugar de denunciar a la inspección de trabajo a la empresa por las numerosas irregularidades que comete a diario, denuncian a éstos compañeros que nos les ríen las gracias, y que los desenmascaran todos los días, como parásitos de un sistema sindical rancio y podrido, que no da respuestas a los trabajadores, cuando estamos atravesando la peor de las crisis desde la transición política. Recobrad el juicio si alguna vez lo tuvisteis, pedid la reincorporación al trabajo y quemad el carnet sindical. Para el caso que os hacen.
jueves, 2 de mayo de 2013
POR FIN ALGO DE LUZ AL PRINCIPIO DEL TÚNEL
POR FÍN ALGO DE LUZ, AL PRINCIPIO DEL TÚNEL
Tito Ortiz.-
Llevaba tiempo disperso en el pensar, por lo abrumador de los acontecimientos. Sin guía ni referente, sin saber de quién fiarme y a quién seguir, y por fin lo he encontrado. Dirigí mis pasos al Aula Magna de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, y allí me encontré al profesor y poeta, Luís García Montero, con un alarde de lucidez en su oratoria, capaz de captar mi atención, y sacarme de la depresión anímica y política, en la que ésta banda de discapacitados que nos desgobiernan, me han metido hace tiempo. Es sorprendente que un hombre más joven que yo, arroje luz con tanta dignidad, sobre algo que me ha mantenido fuera de juego en los últimos meses. Sostiene Luís, que tal vez sea el momento, ya, de hacer una reflexión sobre los muchos matices que existieron en la transición política española. Aquella fue una época histórica compleja y se le están dando respuestas muy simples. Hubo distintas maneras de pensar, tanto en la transición como en la democracia, con una manera que tenía mucho que ver con la democracia social y los derechos cívicos, que se puede considerar heredera de la República. Y otra, de entender la democracia como una manera de unirse al capitalismo europeo, porque ya las estructuras del franquismo se habían quedado muy estrechas y, había un sector del empresariado español que necesitaba la democracia para hacer negocio. Dice Luís, que “esa” democracia fue la que impuso su cultura, la mentalidad cultural que tiene que ver con la puesta en duda de los valores públicos, el descrédito de lo político. El borrar la dimensión social de la palabra LIBERTAD. Todo eso quedó borrado, y es precisamente lo que creo que hay que recuperar porque es lo propio de la cultura republicana. La conciencia de la virtud pública, de los espacios públicos y de que, la libertad no es un concurso, ni una competición entre individuos egoístas, sino la construcción entre todos de un marco de convivencia.
A Luís, no le gusta tratar la historia desde el punto de vista de las cesiones, los traidores, las promesas incumplidas... Mantiene, que hay que pensar siempre en términos históricos, que son de correlación de fuerzas, y por desgracia, en buena parte de los elementos republicanos más conscientes, no tuvieron la fuerza suficiente para hacer una transición real, y quedaron muchas estructuras del franquismo. Quedó una elite económica muy fuerte. La estructura bancaria que tenemos hoy, es la misma del franquismo, y por eso estamos pagando una factura tan alta, en estos tiempos difíciles de crisis, porque son estructuras muy privilegiadas, muy opacas y que no están nada comprometidas con los espacios públicos de los ciudadanos de éste país.
Si a todo esto le añadimos que lo que nosotros creíamos intocable por honesto, era todo lo concerniente a la monarquía y su ejemplar actitud el 23 F, parece que también estamos equivocados, o al menos, no debemos pagar eternamente, una gratitud que ya se pierde en el tiempo, y cuyo valor no es heredable. Sostiene Luis, con gran lucidez y mejor juicio que, los escándalos no son nada ejemplares. Que la casa real esté complicada en casos de corrupción, pues no ayuda a respetar la institución. Pero aparte de la corrupción, cree que hay bases profundas. La monarquía representa una transición, que ahora está demostrando su factura. España está pagando un precio especialmente duro de la crisis, porque en la transición, se dejaron sin solucionar muchos problemas. Y hay poca conciencia de lo público, y hay poca capacidad para defender las conquistas sociales que se habían conseguido, y eso se debe a que en buena parte, la monarquía representaba unas elites heredadas del franquismo, que no se fueron de éste país, y que continúan gobernándolo desde el punto de vista económico, y en ese sentido, el cuestionamiento de la monarquía parece que ya, está siendo algo profundo, y no se debe simplemente a los casos de corrupción, sino que éste país que se está empobreciendo de manera galopante, y que está perdiendo todas las conquistas sociales que ha hecho, se está cuestionando la historia reciente, que es la historia de la transición diseñada por los monárquicos. Decimos ambos que: Desde mi punto de vista es el momento en el que los ciudadanos tengamos coraje cívico, y digamos, ¡basta ya!. No podemos vivir con la corrupción, no podemos vivir con el descrédito de la política, no podemos vivir en el... ¡ y tú más ¡. Si yo robo, tu robas. Hay que dignificar lo público, y para eso deberíamos buscar la configuración de una nueva mayoría social democrática, dispuesta a defender el pensamiento democrático, desde nuestro punto de vista muy particular, en la tradición republicana. Pero como no seamos capaces de configurar esa nueva mayoría, se está creando un caldo de cultivo para que vengan soluciones totalitarias, nada democráticas, que van a utilizar el populismo para imponer un salvador de la Patria, y yo creo – dice Luis, y yo también lo digo - que los ciudadanos, en vez de buscar salvadores de la patria, debemos asumir nuestra responsabilidad, y hacer lo que podamos con coraje cívico, para defender los sistemas públicos de sanidad, educación, y todo lo que ahora se está borrando, porque, quién ha dado por terminada la transición, ha sido la derecha. Han sido las elites económicas, que aprovechando la crisis, quieren liquidar todas las concesiones que tuvieron que hacer en la Constitución del 78, y están acabando con la democracia social que había en nuestra Constitución. Y remato yo diciendo: Gracias Luís García Montero. El último, que encienda la luz. Por mis muertos en la tapia del cementerio, que de ésta salimos. Palabra de republicano. No pasarán. A las barricadas, de una puñetera vez. ¡ A que estamos esperando!
jueves, 11 de abril de 2013
POR EL ANALFABETISMO HACIA DIOS
POR EL ANALFABETISMO, HASTA DIOS
Tito Ortiz.-
El Ayuntamiento de Algarinejo (Granada) aprobó durante el último pleno municipal, el pasado 21 de marzo, con los seis concejales del equipo de gobierno del PP, el cambio de nombre de la calle Mahatma Gandhi a petición de un grupo de vecinos de la urbanización en la que se encontraba por ser "difícil de escribir".
Así lo han señalado a Europa Press fuentes municipales, que han explicado que esa calle, que ahora ha pasado a denominarse 'Avenida de la Juventud' formaba parte de una urbanización que recordaba a personajes significados en la batalla por la paz, como Martin Luther King, Vicente Ferrer o Rigoberta Menchú.
Los nombres fueron aprobados por unanimidad por el anterior equipo de gobierno del PSOE, grupo municipal que ha votado ahora en contra --con sus cinco ediles-- al entender que el argumento de que el nombre es "difícil de escribir" no es "justificable".
Esta es la noticia de agencia, pero - como es fácil pensar – el hecho esconde un acto fascista más de la derecha analfabeta y retrógrada del Partido Popular. Se necesita ser destripaterrones, y comendadores del correaje impoluto y las botas acharoladas, para quitarle una calle, a quién no hizo más que como Jesucristo, dar la vida por los demás, pero es que además, ni siquiera esgrimió un látigo para echarlos del templo, sino, que siempre enarbolando la no violencia, dio ejemplo de vida solidaria y hermana a favor de los desposeídos. El pueblo de Alagarinejo, pasará a la historia por la necedad de unos seres, que lejos de enseñar a leer, escribir y pronunciar correctamente a sus habitantes, prefieren mantenerse en el ostracismo educativo y cultural de la noche de los tiempos. Para la pandilla de cabestros que aprobó en pleno tal disparate, las enseñanzas del viejo Catón franquista. Marco Porcio Catón, llamado “ El viejo” fue nombrado censor ciento ochenta y cuatro años antes de Cristo, pero ciñéndonos a lo que nos compete, fue Buenaventura Corominas, quién en 1819, editó por primera vez El Catón para que los españolitos de la época aprendieran a leer y escribir cristianamente: "La niña buena, aprende Catón,
y escribe los palotes sin ningún borrón.
La niña buena aprende a sumar,
y sigue los consejos de papá y mamá." Así cantaban las niñas del Albayzín a la rueda rueda, en las tardes de merienda de pan y chocolate. Y a esos tiempos nos llevan los líderes populares del Algarinejo, que en lugar de apoyar los estudios de su población para comprender los nombres extranjeros, optan por arrancarlos de la pared, y volver al surco del arado conocido, antes de ponerse al día de los tiempos de un tercer milenio, que a la vista de lo ocurrido, a los militantes del partido popular les está pasando por encima. Burro se puede ser, pero analfabeto, ya es de juzgado de guardia y si además, se empeñan en no poner al día a sus vecinos, es que está clara la máxima de que cuanto menos sepan los vecinos, mejor los engañamos, y los populares tienen mucha experiencia en esos menesteres.
Yo desde aquí, me comprometo a viajar a Algarinejo, y ante la presencia de sus tres mil habitantes, echar las horas que hagan falta, hasta que el último de los censados, sepa de mi boca quién fue Gandhi, que hizo y por quién murió. Estoy seguro que si eso se le explicara bien a los cebolleros, nadie habría votado para quitar la placa del indio de una de sus calles. Mahatma, bien merece poner su nombre a una calle de un pueblo que un día fue luz en el Paleolítico, fuente de cultura durante la dominación romana, y que consiguió su esplendor con los árabes, gentes más cultas y preparadas, entonces, que los burros que ahora rigen sus destinos Ventura Rodríguez en plena ilustración edificó su inmortal Santa María, y hasta el propio caballero de la Reina católica, Gonzalo Fernández de Córdoba, dejaría allí una buena dinastía de marqueses, de indudable capacitación intelectual, cuya herencia educativa, está claro que no ha salpicado a los actuales regidores del pueblo. Con su acción descabellada y dislate, no sólo se han puesto ellos en ridículo internacional, sino que han puerto al noble pueblo de Algarinejo, en el mapa del analfabetismo más contundente, las actitudes más prefascistas, y los enroques más obtusos, con los que un noble pueblo se puede encontrar. Si queda un ápice de sensatez en los lugareños, deberían tomar buena nota de a quienes votan para representarles, porque para hacer el ridículo en el ámbito mundial, en todos tiempos hay lugar, pero no tenía porque tocarnos a nosotros, y ahora. Que vergüenza dios, que vergüenza.
jueves, 4 de abril de 2013
A CONTRAMANO
A CONTRAMANO
Tito Ortiz.-
Desde que a las cocinas han entrado los sopletes de fontanero y las bombonas de nitrógeno, a mí me han echado de algunos restaurantes, sin necesidad de haber entrado nunca, o sea, ni estoy, ni se me espera. Creo en la cocina natural. La dieta mediterránea y los platos de mi abuela, la mayoría de ellos de cuchara. Soy más de guiso, que de entrantes, más de arroz con leche, que de souffle. Más de croquetas del cocido que, de aromas de albahaca, con incienso de tomillo al brigadier. Pamplinas, yo cuando me siento a comer quiero disfrutar de la calidad y la cantidad. Para raciones de tamaño dedal, me quedo en casa. Y los primeros que no confían en esa nueva cocina para snob, son los propios cocineros, que cuando entras a la cocina, a ver que comen ellos, te sorprende que esos que hacen platos de raciones minúsculas, llenas de humo y colorido, se están metiendo entre pecho y espalda unas lentejas, que se te escapan “las tapaeras der sentío” con toda su pringá, vamos que no las salta un gitano con alpargatas nuevas. Pero lo que peor llevo de éstos diseñadores de la cocina moderna, es que han copado los puestos y no dan cuartelillo a la mujer. De todos es sabido, que quienes han guisado desde que el mundo es mundo ha sido la mujer. ¿Por qué no son famosas ellas?. Algunas – y lo sé de buena tinta – han enseñado todo lo que saben a muchos de éstos de las estrellas de los tubulares, y sus abuelas y madres que les inculcaron lo que saben, nada sabemos de ellas. Todo el mérito lo tienen éstos artistas, que ahora se visten de negro, un color horrible para todo, pero mucho más para estar faenando en una cocina, especializados en poner nombres cuanto más raros e indescifrables, mejor, a los platos de sus cartas, y ponerles precios astronómicos, a una ración que no pasaría de ser media tapa, en cualquier bar castizo que se precie. Y ojo con tocar la carta de vinos, que eso es peligro de banca rota para todo el mes. El que te encuentras de oferta a tres euros en Covirán, ellos le soplan veinte en la carta y ni pestañean, porque además de cocineros con estrellas, son también sumiller, y en lugar de echarte el vino a la copa, te lo pasan por un decantador, y aforas como un ingenuo paganini, cosecha a precio de gran reserva, que aquí, el que no corre, vuela. Pero eso sí, servido con una ceremonia, que ni el mayordomo de la marquesa lo haría mejor. Una gran parte de la cocina moderna de hoy, consiste en no dar gato por liebre, pero si, dar gato muy pequeño, envuelto con un lazo de raso azul que brille mucho, para que luego marquemos el número pin de la tarjeta de crédito, con una sonrisa de oreja a oreja, con hambre, pero contentos. Si después nos ayudan a poner el abrigo y nos acompañan hasta la puerta, no se preocupe, eso como el iva, está incluido en la cuenta, no lo busque en la factura, pero le aseguro que está.
Pero a lo que iba. Que no puedo aceptar, que en el momento en el que la cocina española, atraviesa su punto más alto de popularidad y reconocimiento mundial, son hombres los que muestran con orgullo los entorchados de los fogones, mientras la mujer, -cocinera desde que el mundo es mundo, - no aparece ni entre los figurantes. Algo que no me parece ni justo ni normal. Me ocurre lo mismo con los modistos, más modernamente llamados diseñadores. Desde la noche de los tiempos, ha sido la mujer la que ha cosido y ha llevado el noble oficio de modista, a las más altas cotas de calidad y elegancia. Pues en las pasarelas internacionales son minoría, pero una minoría muy pequeña. Son hombres los que ostentan la mayoría de los escalafones internacionales de la aguja y el dedal, en lo que a mí me parece un despropósito, pues seguro estoy que detrás de cada uno de ellos, hay una abuela, una madre, una hermana, que fue en la primera que se fijaron para hilvanar un dobladillo. Y me pregunto: ¿Cómo la mujer ha cedido tanto en éstas dos facetas, que ha pasado a un segundo plano o casi tercero?. Bueno está con no haya mujeres entrenadoras de primera en fútbol, teniendo en cuenta que la tradición es masculina. Bueno también que ninguna sea árbitra de primera división por las mismas circunstancias. Serán pasos que tendrán que ir dando, si es que ciertos hombres las dejan, pero en oficios que han sido femeninos desde siempre como la cocina o la costura, ¿Qué hacen los hombres copando los, lugares de privilegio?. Será ésta una clara influencia de la iglesia instituida de Roma, que no admite a la mujer como receptora del sacramento del sacerdocio, y no consiente por lo tanto, que ésta ocupe el lugar que le corresponde, a juzgar por el comportamiento que Jesús tuvo con su madre y María Magdalena. Si la Virgen está con los apóstoles en Pentecostés, ¿por qué no puede haber sacerdotisas en la iglesia de Roma?, o mejor dicho, la de El Vaticano. Necesito ver mujeres sepultureras, zapateras remendonas, conductoras de coches fúnebres, motoristas de moto GP, pilotos de fórmula uno y vicarias de Cristo en la tierra. Desempolvemos el Concilio Vaticano II, que nos fue hurtado a los creyentes, como al niño que le pones el caramelo en los labios y se lo quitas. La Iglesia instituida, a base de mirarse el ombligo, lleva siglos viviendo de espaldas a la sociedad, y así les va, con el número de vocaciones. Si lo de Bergoglio no sale adelante, y no comienza la renovación atrasada hace cuarenta años, éste será el último cartucho de los cristianos, en cuya religión, como en todo, la mujer debe tener los mismos derechos y las mismas oportunidades que los señores que las imitan llevando faldas.
lunes, 11 de marzo de 2013
PASEO POR LA POBREZA
PASEO POR LA POBREZA
Tito Ortiz
El pie de la Torre, aparte de ser el lugar idóneo para coger una pulmonía en Granada, puede convertirse en el descalabrador de moda, como ya ocurrió hace tiempo, en el deshace peinados al instante, o el vuela sombreros ipso facto. Pero desde hace algún tiempo, también es la bóveda en la que resuena la voz abaritonada, de un corpulento joven, al que no le echo menos de ciento veinte kilos a la canal, que con excelente timbre, pide para comer con un vaso de plástico en la mano. Hasta ahí, nada que se salga de esa penosa imagen que una ciudad “milenaria” como la nuestra, ofrece al visitante, para dejarlo perplejo y patidifuso, ante la cutrez de una city en declive, indolente, y amorfa, sumida en una irremediable depresión, de la que no sale ni con ayuda del propio Freud, redivivo. El caso es que la ciudadanía, consciente del riesgo que éste joven puede correr por Colesterol y Triglicéridos, no le echa muchas monedas que digamos en el vaso, a sabiendas de que debe cuidar su dieta, pero él, insiste una y otra vez, hora tras hora, pidiendo para comer con auténtico frenesí, que en ocasiones raya en el balbuceo hilarante, de un amago de llanto, al más puro estilo de una tanguista borracha en el arrabal. Cansado estoy de hacerle reportajes a los comedores sociales, donde transeúntes y criaturas sin distinción, pueden acercarse a comer diariamente. Cansado estoy de que el voluntariado me diga, que en Granada no se queda ningún mendigo sin comer, y que a veces, hasta sobran raciones. Por lo tanto, no sé si pensar, que éste chico que pide a los pies del campanario catedralicio nos engaña, y aparte de asistir diariamente a los comedores sociales, gasta las limosnas que recoge en el vaso también en comer, porque de otra manera no se entiende su sobrepeso. ¿Acaso estará afectado de gula, glotonería, o simplemente, padecerá de hambres desaforadas, como un caracol en un espejo?.
A menudo paso por Ganivet, y en sus hermosos soportales abovedados, no es extraño encontrar a un menesteroso músico callejero, que acordeón a los hombros, nos deleita con una versión desacertada, de aquella famosa canción que dice: Con ese Lunar, que tienes, cielito lindo, junto a la boca... no se lo des a nadie cielito lindo que a mí me toca... Bueno pues aquello suena de aquella manera, o sea, que no es la filarmónica de Berlín, pero tampoco es María Jesús y sus pajaritos, con lo cual se agradece el asunto y no va a mayores. Comenzó a llamarme la atención que cada día cuando yo pasaba por el lugar, el entregado intérprete, atacaba con pasión el tema, y así un día y otro, hasta que comencé a sospechar. Y poniéndome en contacto con amigos y familiares, rogué que a distintas horas del día pasaran por allí, y me informaran de la canción que el sonoro trovador estaba tocando. Hecha la experiencia durante cuatro días, los autores del experimento no salíamos de nuestro asombro. El asunto fue, que el voluntarioso acordoneísta, no sabía tocar otra cosa. Allá muy lejos en su país de origen, compró a un familiar el instrumento de segunda mano, le pidió que le enseñara a tocar un solo tema, y con ese bagaje se encajó en Hispania, más concretamente en, Garnata, donde come tres veces al día, gracias a frasear con desacierto una única partitura. Si eso mismo lo hace un nativo, no se come una rosca en la vida.
Pero que nadie se rasgue las vestiduras, porque la pobreza ha llegado incluso a los hospitales donde se opera al Rey. Sonoro es el caso ocurrido mientras su majestad convalecía de su intervención en la espalda, en las consultas externas del mismo edificio, un plebeyo ciudadano calló al suelo aquejado de un infarto, y tal fue la situación precaria del hospital, que optaron por llamar al 061, pidiendo una ambulancia medicalizada. Aquí el hospital, envíen un médico. ¿Pero en manos de quienes hemos puesto al rey?. El Hospital “La Milagrosa”, va a pasar a la historia porque sobrevivir a el, es eso, ¡un milagro!, pues no hay que olvidar, que desde que entra el rey en el, no suceden más que desgracias. Un incendio, pequeño, pero incendio al fin y al cabo, se declaró también mientras el monarca era inquilino del gafado sanatorio, o sea, que al grito de ¿¡ hay un médico en éste hospital!? personal y pacientes de “La Milagrosa”, se ponen en manos del altísimo para que nada les suceda. Esa es la sanidad que nos ha dejado en Madrid, “espe”, esa criaturita que se ha ido a cazar talentos a la empresa privada, mientras ha convertido en bocado apetitoso para las empresas de sus amigos, a todo el sistema sanitario de la Villa y Corte.
Pero en volviendo a la ciudad de la Alhambra, y a sus profesionales de la pobreza, apartando al que luce dos palitroques por piernas, y vocea con vehemencia, clamando una limosna en la puerta de correos, o la callada madonna que sujeta en el regazo un cartón con sus penurias, de un lustre en la cara que da gloria verla, el que me llama la atención es ese que a la entrada de La Alcaicería en el Zacatín, se pone a vender paraguas en días de lluvia, y al contrario de sus compañeros, en lugar de ponerlos en el suelo sobre un plástico, aguardando en silencio que llegue el comprador, éste no duda en coger varios con la mano, y ofrecerlos a los viandantes a buen precio, lo único que ocurre, es que se los oferta a los que llevan el paraguas en la mano, abierto, resguardados de la lluvia y no, a los que corren bajo el agua careciendo de tan oportuno artilugio. Un fallo de marketing, que debería ser corregido. ¿Qué será lo próximo?... un coche de bomberos sin manguera, sin escalera, por aquello de los recortes. ¿Para cuando una escuela de pobres como dios manda, en la que se enseñe a pedir de manera organizada y coherente?
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