martes, 8 de enero de 2013

NI DIOS, NI PATRIA, NI REY

NI DIOS, NI PATRIA, NI REY Tito Ortiz.- Aunque permanezco aún en estado catatónico, tras haber asistido al entierro profesional de Jesús Hermida, y a la deslegitimación monárquica de su majestad, no han sido éstos los únicos síntomas de un país en flagrante involución, cuyas libertades se recortan a la misma velocidad que la educación, la sanidad y la asistencia social. Jamás sospeché que el periodista de las marismas, que ahora nos aburre soberanamente en las noches de los domingos de radio nacional, -más España y menos nacional que nunca-, fuera el mismo que nos abrió durante tanto tiempo los ojos a un mundo lejano – el de Nueva York – y tuviera el honor de contarnos como llegaron los primeros hombres a la Luna. El desembarco de los fachas del pepé a la televisión pública, sólo nos ha reportado, una programación casposa, con el descrédito de espacios históricos, como Informe Semanal, cuya credibilidad y oportunismo de los contenidos, ya han sido superados ampliamente por el Sálvame de Jorge Javier Vázquez, e incluso, por el de la sustituta, Paz Padilla. Manolo HH duerme a las vacas, pero lo grave es que lo hace de día. Se nos atiborra de malas noticias del extranjero, para que comprobemos lo bien que estamos aquí, y se les sirve a los políticos peperianos, una plataforma mediática gratis, para que dejen ver a las claras, el hombre de cromañón en el que nos van convirtiendo, desandando un nivel de libertad conseguido en 1978, y que ya nos da la impresión de que ha caducado. El Obispo de Córdoba, nos deleita con su capacidad ecuménica, de comprender otras formas de familia en la sociedad, acatando como nadie, los emparejamientos del mismo sexo, en un alarde democrático, de los que no existen precedentes. El ministro de defensa, sale en defensa de los militares, sin que nadie se lo haya pedido, para calmarlos, a cerca de unas provocaciones que sólo él ha visto, por parte de los separatistas catalanes. Olvida el ministro facistoide, que el ejército está al servicio del pueblo y no al revés, a no ser que el ministro de defensa, haya llevado a cabo una regresión a los tiempos de Carrero Blanco, cosa que tan poco me extrañaría, conociendo su curriculum y de donde viene. Así que lo que el Ministro debe decirles a sus generales, es que, el pueblo llano y sencillo, que azotado por los recortes salariales y sociales, les paga el sueldo todos los meses, a esos que pretende hacernos oír ruidos de sables, es el que los manda por mandato constitucional y el que les paga muy buenos sueldos, así que es muy recomendable que no nos toquen las pelotas a los curritos, vallamos a publicar lo que ganan algunos oficiales, jefes y generales, y les saquemos los colores ante el pueblo, que se creen que se acabaron los tiempos de pabellones militares, gratis, economatos y otras prevendas. Que esos pecherines repletos de medallas que se ven en las recepciones militares, ni siquiera tienen el dudoso honor de haber sido obtenidos en el campo de batalla. Que es muy facilito colgarse medallas en tiempos de paz, y jugar a los soldaditos con video juegos profesionales que nos cuestan a todos un pastón. Simuladores de lujo, con los que se forman nuestros pilotos y estrategas, para jugando a los muñequitos, creerse rambos acorralados, en peligro de un chispazo en la videoconsola. Pero el ministro defensor de los militares, no es sólo el que ve fantasmas. El propio jefe del estado en su discurso de la pascua, nos hizo a todos los demócratas la ídem, al asegurar, que: La crisis está incidiendo en la seguridad, y se quedó tan pancho. El monarca no habló de su yerno Urdangarín, ni de su cacería de elefantes. Tampoco de la privatización de la sanidad, ni del euro por receta. No pió de las pagas extra de los funcionarios que han volado, del nuevo empleo super remunerado de don Rodrigo Rato en Telefónica. Nada se le escuchó de las preferentes que han dejado a miles de criaturas sin sus ahorros, tampoco el rey argumentó nada sobre la ley de dependencia, los viajes “familiares” de la reina, los de descanso para mi colega Ortiz, - princesa de asturias – y nada aportó sobre el banco malo, que está de ladrillos hasta arriba. Si el gabinete de prensa de Zarzuela, pensó alguna vez, que esto es lo que hay que hacer para recuperar la credebilidad en la institución, es que seguramente los está aconsejando un senador fascista con carnet del Pesoe, que escupe piedras cuando habla. Es calvo y cejijunto, y se recomienda a la ciudadanía, quitarse de en medio a su paso, no vayan a ser devorados por la abrupta ideología de un destripaterrones, chauchinero de pró, al que un buen día pondremos entre rejas. Tiempo al tiempo. Misójino y castrador de libertades, el senador está especializado en destituir directores de comunicación, cuando no le bailan a la música que él toca, pero alguna grabación existe, que pondrá a semejante cuadrúpedo en su sitio, sino, fuera de España. Los pepeses son facistóides desde la cuna, por eso no sorprenden a nadie, pero que esto ocurra en las filas del soe, abanderado de las libertades, es más grave de lo que Griñán, que es uno de los que les ríen las gracias a éste petardo, se cree. No pueden consentirse comportamientos dictatoriales en un partido fundado por Pablo Iglesias, y al que mis abuelos dieron su sangre. Los juammas y los de la pequeña, deben ser extirpados, como un cáncer maligno, si no se hace así, el partido jamás levantará cabeza en Granada, atajo de inútiles.

martes, 1 de enero de 2013

ETIQUETADOS

ETIQUETADOS Tito Ortiz.- Yo no sé si estoy preparado para esto. No acierto a comprender como las moderneces me sobrepasan de tal guisa, que siendo de una generación que a duras penas, ha conseguido dominar lo de la caducidad en los alimentos, encuentra serias limitaciones para hacerse con los códigos de barras, y menos aún con los Bidi, que ya aparecen en nuestras páginas de Ideal, y hasta en las tumbas de los cementerios, para saber mucho más sobre el finado que hay bajo la lápida. Ya no se lleva aquello viejo de... Aquí yace el ilustrísimo siervo del señor... Ahora lo que te encuentras en la losa es un cuadradito de códigos BIDI, que cualquiera pudiera confundir con una obra abstracta a la tinta china, del norteamericano pop art de turno, que ni el de las sopas en lata, ni el del caldo de gallina en pastillas, que esto va muy deprisa, y que cuando uno ya se ha hecho a la tableta, te sale un nuevo, Iphone 5, que no sólo reconoce tu huella, sino que identifica tu voz, el aliento a resaca de pálido de Montero, a las siete de la mañana al entrar en la ducha, y el número de padrastros que tienes en los dedos. Que necesitamos ser ingenieros en alguna rama empírica, para poder comprar un simple yogur, y eso ya no se puede aguantar. Como no es de recibo que el fabricante de mi traje, me obligue a portar la etiqueta de su marca en la manga izquierda, para que todo el mundo sepa quien lo ha hecho, y todo esto, pasando por caja. Que si me lo regalara, pues todavía me lo pensaría, pero pasar por caja, pagar el traje y luego lucir la marca gratuitamente en la manga de por vida, me parece una memez de calibre exagerado, lo mismo que el cocodrilo de “Lacoste”, que además te molesta en la tetilla, por que lo bordan con hilo de pescar, y al final terminas con el pezón como una fresa. Sé de un “borjamari”, que para que el cocodrilo no le exfoliara el seno, se ponía un esparadrapo color carne antes de meterse en jersey polo y así presumir de marca, pero es que esto les ha dado alas a los fabricantes, y desde que hemos pasado por eso, ya se han tirado a matar, sin ruborizarse. Existen fabricantes de camisas de muy acreditadas marcas – mi cuello es testigo – con una gran vocación de toreros, y más concretamente, de banderilleros terceros en la cuadrilla, que son los encargados del descabello. De otra manera no se explica que cosan con hilo de acero imantado, una serie de etiquetas en la parte posterior del cuello, que van desde la marca, a la talla, pasando por el modelo, de tal finura y delicadeza, que nada más estrenar la camisa y girar el cuello dos veces, comienzas a sangrar como un toro, y se te forma una herida inciso contusa a la altura de la tercera cervical, que ríete tu, de Vicente, el puntillero de plaza de toros de Granada. ¿Cómo es posible? Que aquellos a los que les compramos la ropa supuestamente cómoda, nos martiricen con etiquetas tan suaves como un pliego de lija del 5, por ejemplo, las que llevan los calzoncillos en la costura izquierda, que cuando llevas dos horas conduciendo, se te clavan en la ingle, produciéndote una cornada de, dos o más trayectorias, tantas como pliegos de martirizante seda, se unen a la prenda íntima, que por lo tanto, debería ser delicada, pero nada más lejos. Estoy seguro que existe una nueva generación de fabricantes que odian a sus clientes, y con la compra de una de sus prendas, también te llevas a casa, un nuevo artefacto que sólo descubrirás a las cuatro de la mañana, cuando al ponerte de costado en la cama, te despierte un dolor seco y agudo, como el producido por una afilada daga de la edad media. No te asustes. Al comprar la sudadera de puro algodón, nadie te ha dicho que además de siete banderines peligrosísimos apostados en la costura lateral interna, en los que se dice donde se ha fabricado, el nombre del chino mal pagado que la ha hecho con sus manos, y la lavadora y la secadora que debes usar para lavarla y orearla, ahora añade el fabricante un cuadradito de unos cuatro centímetros, por otros cuatro, a modo de un plástico duro, del que nadie te advierte, y que es sibilinamente desactivado por la cajera de turno, sin que tu adviertas nada, porque aún tratándose de una alarma, no es de las de pincho que te quitan a modo de botón. Ésta no la ves, y sólo la sientes el día que de madrugada, al echar tu peso sobre la costura, se va introduciendo poco a poco en el espacio intercostal, produciendo una hemorragia, tan sólo comparable a la que pudiera hacerte Curro Jiménez, con la de siete muelles. Exijo desde aquí, la fundación de la plataforma de afectados, por las etiquetas de prendas delicadas, y la de atontados orgullosos de mostrar la marca de sus ropas. Unos y otros fabricantes deben ser penalizados como mejor convenga a los dañados, al igual que el inventor de esa modernidad llamada, sensor de presencia, que hace posible que si quieres tener luz en el baño del bar mientras haces pipí, tengas que entrar borracho como una cuba en continuo balanceo, porque si tu inocencia te hace ir a orinar sobrio, comprobarás espantado, como te quedas a oscuras, y luego llevar el chorro al sitio, es una cuestión de puro azar. Se lo comenté al salir al camarero y me dijo, no se preocupe, además del movimiento, también detecta la voz, puede usted cantar para que no se apague la luz, a lo que repliqué que soy muy tímido mientras micciono, que no me sale la voz del cuerpo en semejante postura, y que sólo canturreo algo en la ducha, a lo que me respondió: Entonces no le quedará otra que dar palmas. Y así lo hice la siguiente vez. ¡Madre mía, que chorreones por la pared!

jueves, 22 de noviembre de 2012

¿ DISEÑAS O TRABAJAS?

¿DISEÑAS O TRABAJAS? Tito Ortiz.- La crisis ha llegado también al buen gusto y las novedades. Los modistos sin ideas, vuelven a poner sobre la pasarela, aquellos modelos años 60 que lucieron Grace Kelly, o la siempre recurrida y recurrente, Audrey Hepburn, que la pobre, después de muerta y como Marilyn, sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Y esto no sería grave si el avance del diseño hubiera logrado cotas de comodidad y confort, pero todo lo contrario. Mientras el diseño avanza inmisericorde, la cota de estupidez e incomodidad, le supera. Ahora basta ir a Cibeles, y asistir a unos de sus desfiles, para saber lo que nunca te pondrás para ir a la compra. Los diseñadores han entrado en una competición absurda, en la que prima el esperpento, por encima de lo ponible. Ya nadie ve en la pasarela un modelo que se pondrá para una ocasión distinguida. En el desfile te coges la tarjeta del diseñador, y te vas a su estudio, para que cogiendo figurines de hace treinta años, te confeccione algo que puedas lucir, sin que te corran los chiquillos tirándote huevos, o los perros te ladren al pasar. En la arquitectura lleva años ocurriendo lo mismo. Si quieres saber que el arquitecto era hombre, vete a ver la cocina, un lugar despreciable para ellos, donde no han entrado jamás, y por lo tanto, te diseñan lugares lúgubres, sin luz, estrechos, donde la puerta de frigorífico abre a derechas, tropezando con la ventana. La campana extractora te cae a la altura de la frente, para que guises con chichonera permanente. No existe lugar para el cubo de la basura, ni para el cepillo de barrer ni para la fregona. Estos diseñadores de interior son tan exquisitos, que el mundo de la bayeta no les está permitido ni en el pensamiento. Algunos optan por esconderte la cocina tras las puertas de un armario, como si de un retrete apestoso del siglo XV se tratara. Como si nunca fueras a comer en tu casa. Como si la luz sólo fuera de Endesa. Son capaces de diseñarte un salón a dos alturas en un piso de 50 metros con tres dormitorios, estar y cuarto de baño, pero no les preguntes por la cocina, eso es de mala educación. En un pisito “chachipiruli” a la última moda, hablar de la cocina es de gente sin formación, ni clase, ni ortografía, vamos, de catetos para arriba. Éste es un país que ha pasado de la clásica lámpara de araña, a los modelos más psicodélicos, cuyos colores estridentes y retorcimientos entubados, a modo de reptil que repta por paredes a la vertical, son capaces de ocasionarte la peor pesadilla en una tienda de lámparas. Todo un vergel del mal gusto pero con las mejores firmas, de los más acreditados diseñadores. Esos que dibujan una silla en un folio, y desgraciadamente llegan hasta sus últimas consecuencias. Las logran enmascarar en catálogos de grandes superficies y casas especializadas, de tal forma, que caes en la trampa de quedar seducido por el diseño, y a continuación, por la cuenta de tu traumatólogo, de por vida y cronificante. Las sillas en mi casa del Albayzín siempre fueron de dos clases: De anea, a las que periódicamente venía el sillero a echarles el culo, que se desvencijaba. Y de madera, con respaldo curvo para la espalda y asiento de panel. Cómodas como el mismo cielo, se complementaban con la mecedora de mi abuela en el patio, de suave balancín y lona verde a rayas, a juego con el botijo de barro colorao, y pañito de crochet en el pitorro. Bueno, pues eso que parece tan sencillo, desde hace años y gracias a los modernos diseñadores patrios, se ha convertido en un martirio chino. Yo les invito a ustedes, a que vayan tienda por tienda probando la silla a comprar. Ya les adelanto, que no hay en el mercado, una que resista los dos minutos de sentada. Eso sí, las encontrarán de todos los materiales, de todas las formas, de todos los estilos, algunas incluso firmadas por su diseñador, más bien su martirizador. Porque éstos chicos y chicas del diseño moderno, tienen una asignatura pendiente con las sillas: Que son para sentarse y descansar, y no para que las admiren las visitas, como si de un Picasso o un Paul Gaugin se tratara. El desvarío de los diseñadores de sillas ha ido tan lejos, que en mi empresa, para que podamos echar la jornada laboral sentados, sin que terminemos inválidos, las sillas hay que pedirlas al comité de seguridad e higiene, que se encarga de comprarlas en una ortopedia muy afamada de Cuenca. Y no es que nos manden ningún artefacto articulado. Sólo nos traen un asiento agradable y un respaldo, que te mantiene la espalda en posición para seguir trabajando, sin que te retuerzas de dolor a los diez minutos de estar sentado. Algo tan sencillo como una silla cómoda que te permita estar sentado, es algo que pertenece al comité de seguridad e higiene en el trabajo, porque si te colocan cualquier preciosidad de catálogo, para aguantar sentado más de tres minutos, es muy posible que a las dos semanas te confundan con, Quasimodo, y te manden a Notre Dame, para que no destaques, y pases desapercibido entre las criaturas. Todo esto y mucho, más se lo debemos a los diseñadores. A esos genios que trazan el taburete de bar, como si de un “ochomil” se tratara, para que se te queden las piernecillas colgando, una vez que los amigos te han ayudado a subir y sentarte, y al menor balanceo para coger la copa, te dejes los piños sobre el manchado mostrador. Son los que diseñan percheros que al colgar el abrigo te lo taladran, y cuando te vuelves, se vuelcan a suelo con la bufanda y el sombrero incluidos. Son los de las barandas, de sólo un cable tensado, por cuyos huecos se te matan los niños. Son, los de los cubiertos modernísimos, de cuchillos que no cortan, tenedores que no pinchan y cucharas sin oquedad, para que tardes, de tres a cinco horas, en tomarte un plato de sopa. Son los diseñadores. Los más modernos, los más listos, los más guapos. Y si a ti, se te ocurre decir algo de lo que yo he escrito, te tomarán como a mí, por un retrógrado, analfabeto, cuya catetez, falta de preparación, e inmovilismo, le impiden ver las cosas modernas de hoy, de acuerdo a los nuevos tiempos. Tu y yo somos de otra época, una especie a extinguir. Pues no saben cuanto me alegro. Ya está bien de tonterías.

viernes, 2 de noviembre de 2012

¡ ESTO ES UN SÍN VIVIR !

¡ESTO ES UN SIN VIVIR! Tito Ortiz.- Nos estamos despegando demasiado de nuestros muertos, y eso... no es bueno. Las costumbres de otros países, nos llevan incluso a quemarlos, a tirar sus cenizas, y por lo tanto, a no tener un sitio de referencia donde hablar con ellos. Cuando en 1959 murió mi tío Rafael, fue velado en casa, como dios manda, rezada la novena a los difuntos durante la semana siguiente por todas las vecinas sentadas a corro, en el lugar donde se había depositado la caja con su cadáver, se le guardó luto riguroso durante un año por toda la familia, y mi abuela y mi madre, subieron a su tumba del patio de San José, -junto al de los ahorcados-, todos los días del año sin excepción, durante un trienio. Los enterradores y guardas del campo santo, pasaron a formar parte de mi familia. La noche del día de todos los santos al de todos los difuntos, la pasábamos a la intemperie enderredror del túmulo de mi tío, rezando, y procurando que no se apagaran las cuatro mariposas en aceite y agua, que en tazones de porcelana de los que cambiaban los traperos por ropa, debían iluminar la noche sobre la tumba. Nosotros venimos de una familia que cree en los muertos, mucho antes de que Anne Germain, apareciera por España hablando con ellos. Mi abuela los veía, mi madre también, y yo los oigo, no los veo, pero los oigo, ¡por éstas!. No es que lleguemos al extremo de fotografiarnos con nuestros muertos antes de enterrarlos, como en el lejano Oeste, pero no nos dan miedo. Cuando mi abuelo Antonio murió, en su casa de Haza Grande en los cincuenta, llegamos tan pronto que la funeraria no había aparecido, así que el padre de mí padre, había sido sacado de la cama sobre una manta y puesto en el suelo de la entrada de la casa, a la espera de los de Pompas Fúnebres “La Soledad”. Así que allí nos arrodillamos todos en el suelo, a darle el último beso al abuelo Antonio, mientras llegaban los funerarios. Hemos perdido la costumbre de ponerles lazos de seda negros en las trenzas, a las niñas que han perdido un ser querido, los hombres ya no llevamos un brazalete negro como señal de la pérdida de un ser querido, y ni siquiera hemos conservado aquella costumbre pasajera, de sustituir el brazalete negro, por un botón forrado en la solapa. Ya no se despega el crucifijo de la tapa del ataúd, para dárselo al doliente más próximo antes de enterrarlo, ya no echamos un puñado de tierra en la fosa, antes de que los sepultureros empiecen la tarea con las palas, porque ya no se da sepultura en la tierra. Ahora se lleva el nicho o el horno crematorio, que es más finolis, y moderno, oiga, muy moderno, sobre todo por la urna de diseño de Ágata Ruiz de La Prada, en la que te dan las cenizas, que por cierto, es biodegradable, así que si quieres la puedes tirar por la taza del water, que no se atranca. Ya no contamos chistes en el velatorio familiar, ahora lo que se lleva es coger una buena cogorza en la cafetería del cementerio, aprovechando que no cierra, o la última moda, cerrar la tanatosala durante la noche, irse todo el mundo a descansar, y aparecer sólo unos minutos antes del entierro por la mañana, porque velar a tus deudos toda una noche, eso ya está demodé, hay que vivir a la última, y la última dice que a los muertos cuanto más lejos mejor, que una vez que están muertos, lo único que hacen es estorbar. Los muertos son como los periodistas que se atreven a hablar de la validez de los liberados sindicales, que al instante, escuchan como se monta una nueve parabellúm, y te apuntan con ella en la nunca, porque no se puede luchar contra el poder establecido. Hemos pasado en poco tiempo por aquello de la aldea global y las costumbres importadas, de llevar a nuestros fallecidos colgados al cuello en fotos de porcelana engarzada en oro, a olvidarlos al día siguiente. Los coches de caballos de negros plumeros, con albardas de terciopelo negro y galones dorados, cristales con visillo de encaje color tinieblas y tallas barrocas con ricas volutas jónicas, han sido sustituidos por coches eléctricos sin ruido y sin humos, que te dan el último paseíllo por el campo santo, escuchándose el piar de golondrinas al atardecer con toda nitidad, a bordo de un diseño sideral, de lo más ecológico. Los llantos de plañidera de un velorio como debe ser, se han cambiado por las notas de la música preferida del finado, en la eufemísticamente llamada “sala del adiós”, o la intervención soporífera de los allegados, algunos con un discurso tan cansino y predecible, más largo en el tiempo, cuanto menos conocían al muerto. Suele ocurrir, aquel que jamás lo conoció, es el que más llora. No falla. Ya no se encargan aquellos recordatorios fileteados en negro con gran cruz al centro, que dejaban para la historia el nombre del muerto en la cartera de los familiares, o en el estuche de las fotos antiguas, ni se lleva para los santos a la tumba un buen brazado de crisantemos, oliendo a agua de acequia estancada, ni las cintas de las coronas son negras con las letras en dorado. Ahora las modernas son malva, o blancas, o azules, que el negro ya no es lo que era. Que en esto del ritual de la muerte, las cosas se han descafeinado mucho, y que además hay mucha confusión. Tu antes ibas a dar el pésame a la familia a su casa con el muerto de cuerpo presente, y no te equivocabas. El otro día subí a la tanatosala número 9 a dar mis condolencias por el fallecimiento de un amigo, pero conforme iba avanzando, me encontré con que también tenía conocidos en otros dos funerales, las número tres y la cinco. Total, que cuando acabé de cumplimentar a los deudos, y quise ir al funeral por el que de verdad había subido al campo santo, resulta que ya lo habían enterrado, vamos que se me amontonó el trabajo en un momento, y es que los jardincillos que dan acceso a las salas, se han convertido en el punto de encuentro ideal, para ver a la gente que llevas tiempo sin saber de ella. Me pasó no hace mucho, subí al cementerio y saludé a un amigo de hace años, y al preguntarle por su hermano, me dijo: has llegado a tiempo, está ahí dentro, pero en diez minutos lo enterramos.

lunes, 22 de octubre de 2012

ILUSIONES DE POBRES

ILUSIONES DE POBRES A la memoria de Pepe “El Lara”, de la placeta albaicinera de San Miguel El Bajo. Tito Ortiz En aquella Granada de pantaloneras, camiseras y planchadoras, que repartían la faena en un cajón a la horizontal, cuya correa les hacía pender del brazo y hasta la cadera toda la carga, no había sitio para el desánimo. Muy al contrario, constituía una ilusión interminable, que te tocarán dos reales del reintegro de los ciegos, que tu padre apareciera por la puerta con un papelón de recortes de pasteles, que en los obradores se vendían al peso, o que en papel de estraza, trajera de “Casa Ninguno”, un puñado generoso de chicharrones sobrantes de la matanza en el patio de la parra. El simple hecho de poder cambiar un día la merienda de pan con aceite y azúcar, por una rodaja de mortadela “Mina”, que venía embutida en lata, ya era un estímulo, o el acceder a un trocito de carne de membrillo, también. Las alegrías eran cortas y a corto plazo. Te alegrabas cuando un vecino podía comprar un televisor en Molinero Radio, firmando más letras que diez abecedarios, porque eso te habría la posibilidad de pedirle -a ratos- que te dejara verla. Y así acceder al mundo de fantasía de Silla de Pista, con Boliche y Chapinete, o Rin tin tin, con el cabo Rusty. Mantenías la alegría durante toda la semana, hasta llegar a las cinco de la mañana del domingo, si la familia había podido ahorrar, para comprar los tickets necesarios en la barbería de Agustín en la Calle de Elvira, para la excursión que organizaba a la playa de Motril, con parada en la Fuente de Dúrcal a beber agua, y en Vélez de Benaudalla para comprar pestiños. Mientras mi tía Loli almidonaba su cancán para los domingos, mí ilusión era que llegara el Lunes, para acercarme hasta la iglesia de San José, y pedir unos cuantos panecillos de San Nicolás de Tolentino, para repartirlos a los vecinos enfermos. Asunto éste que sólo ocurría los Lunes por la tarde. Mientras mi madre soltaba sobre la pila de lavar, llena de ropa blanca, la “muñequilla” de añil, yo me alargaba hasta el torno del convento de Santa Isabel La Real, para pedirle a las monjas, unos recortes de ostias, que degustaba mientras bajaba por las calles del Albayzín. Eran los tiempos en los que Pedro Julián Lara, lucía melena a lo Jesucristo Superestar, y ya hablaba de un sueño imposible: Una Granada por la que discurra el taxi único metropolitano, el metro y hasta el AVE... ilusiones pobres, a fin de cuentas, pero que a la gente de a pie, siempre nos ha gustado fantasear con esto. Tenemos derecho a la ilusión ¿no?. En aquel tiempo, dijo Vicente González Barberá a los granadinos: Subid y entrad, porque os la pongo gratis. Y con sólo enseñar el carnet de identidad, nos permitió acceder a todos los rincones de La Alhambra, por el sólo hecho de haber nacido al abrigo de ella. Y fuimos felices al ser distinguidos de entre los turistas. Y presumimos hasta el hartazgo, cuando al llegar a la puerta de entrada, el amigo Cañas, le hacía la muesca a los tikes de los guiris, y nosotros entrábamos con sólo enseñarle el DNI. La mirada de sorpresa en ese momento de los visitantes foráneos, era comparable a un semiorgasmo flatulento de orgullo patrio, de la patria chica. Levantábamos la barbilla y entrábamos al recinto con paso decidido, conscientes de la envidia que acabábamos de producir en los que aguardaban en la cola, íbamos cuán legionario que encabeza la escuadra de gastadores, al inicio del desfile de la victoria en la Plaza de Oriente. Todo para llegar al final de las tripas de salchichón, chorizo, morcilla o salchicha, lo que siempre hemos llamado, “el culillo”, con su presilla metálica y todo. Los pequeños trozos de la pieza de queso manchego o de cerdo, el tocinillo sobrante de una libra, el resto de la paletilla de jamón que ya se ha puesto duro como una piedra. Todo esto te lo venden como recortes en un cartucho de a peseta, y cuando llegas a casa y lo pones sobre la mesa, la sensación es de festín con chorreras, o sea, gran ilusión en casa de los pobres, donde se pasa necesidad, aunque no hambre. Siempre hay un boniato asándose en el brasero, un jarrillo de café de malta en el “infernillo”, y unas lentejas que se están haciendo a fuego lento, en la recién estrenada hornilla de petróleo, que aunque más rápida que la de carbón, tizna las ollas y deja aromatizada la comida, de tal guisa, que parece que estés masticando el oro negro. Celtas, Peninsulares, Ideales de papel blanco o amarillo, el popular Caldo de Gallina, todos los pregona “La Perejila”, esa popular albaicinera, que con su lata de carne de membrillo, completada con libritos de papel “Bambú”, y cajas de cerillas de Fosforera Española, con el dibujo – que no foto – de los futbolistas de primera, baja a buscarse la vida a Granada, vendiendo los cigarrillos uno a uno, porque los pobres no tienen para más. El negro a perragorda, el rubio a un real, y puedes elegir entre “Bisontes” o “Philip Morris”, cortos sin emboquillar. En la esquina de la calle Elvira con Plaza Nueva, a las puertas del “Café España”, junto a Pepe el de los iguales, y Melchor, el gitano limpiabotas más honrado que he conocido, “La Perejila” pregona su tabaco, a la espera de poder llevar a casa algo para comer. Es su ilusión, y la nuestra... que éstos personajes no se olviden, y tengan un monumento en la Granada que adoraron, y aún a sabiendas de pasar hambre, no abandonaron jamás la ciudad de La Alhambra.

jueves, 20 de septiembre de 2012

GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS

GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS Tito Ortiz.- Vivimos tiempos convulsos, en los que a río revuelto, ganancia de pescadores. Es ésta una época propicia para el descreimiento, social, político y religioso, pues la crisis se alarga, y al igual que le ocurrió a Moisés, cuando se retiró al Sinaí para recibir los diez mandamientos, -que a su regreso se encontró con que le habían fabricado un becerro de oro para adorarlo en lugar de a dios- estos espacios muertos los ocupan falsos profetas, ayatolás de la mentira y la quimera, que tienen en la desesperanza de las criaturas el caldo de cultivo propicio, para hacerse con una huestes, que ayunas de formación ideológica, siguen sin pestañear, al primero que les prometa comida para el día siguiente, sin meditar si será cierta o no, tamañana promesa. Los ejemplo están claros y se multiplican a lo largo de nuestra historia: Cuando la iglesia católica comenzó a llevar a cabo una mínima apertura, emanante del Concilio Vaticano II, y del único Papa que me ha logrado convencer, llamado Juan XXIII, la parte recalcitrante de la primera parte, se volvió otra vez de espaldas al pueblo y a su misa en latín, con lo cual, se dio por inventado el Palmar de Troya, con su papa Clemente. Un asunto de charanga esperpéntica, que desgraciadamente ha llegado hasta nuestros días. Como las consecuencias de la famosa pinza, protagonizada por el señorito burgués de Baena, metido a comunista, Luís Carlos Rejón, que en su día se alió con la derecha más ignominiosa, para atenazar al gobierno andaluz, y que para desgracia de quienes no hemos perdido el juicio aún, y tenemos memoria, nos fustiga con sus lecciones de honor, ética y clarividencia política, con artículos de opinión, en un periódico al que en su tiempo no dudó de poner en solfa por su línea editorial. Así de grandes tiene las tragaderas éste falso comunista, adalid del oportunismo y la degeneración ideológica. En verdad, verdad os digo: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces, aunque escriban en periódicos de tirada nacional. Los grandes cataclismos sociales, son profetizados siempre por hechos apócrifos relacionados con la iglesia católica. No ha mucho que ha palmado, aquella criatura, ama de casa y empleada de hogar, que en un momento de penuria económica, dijo ver a la virgen en El Escorial, y en modificando la voz al estilo de un ventrílocuo, y manchándose las manos con sangre, dijo padecer los estigmas de la pasión, y comenzó a forjar un imperio económico, que ríanse ustedes de la antigua Rumasa. Julio Anguita, cuán pescador de almas, también está reclutando para su causa, a todos aquellos que no saben dónde acudir ni a quién escuchar. Bajo el epígrafe de, “desobediencia civil”, o lo que es lo mismo, conmigo todos al monte, el que fuera sultán de la Medina, que ayudó a derrocar a don Santiago, cuando aún está caliente el cadáver de Carrillo, y los Whiskys de Gerardo Iglesias, sin pagar en la barra de Pachá, se yergue como promotor de un frente cívico, y cuán Alonso Quijano, se sube a Rocinante para acabar con todo esto. Eso sí, previa algarada de la clá, que lo pasee en silla gestatoria, que ha sido su ilusión de siempre. Tal y como Melchor Saiz-Pardo Rubio, contaba en éstas páginas, yo también fui uno de los periodistas que tuvieron que hacerse eco, de las lágrimas de sangre de una virgen en San Juan de Dios, allá por 1982. Lo que nadie ha contado todavía, es que la imagen manipulada era propiedad de, Modesto Velasco, un fotógrafo especializado en Semana Santa, de una estrecha vinculación a la cofradía de los gitanos, y que fue pionero del gabinete dactiloscópico de la policía armada de la época. Cuando Modesto descubrió que las lágrimas eran tinta roja, dejó sin efecto su donación a la basílica, pero la Orden no le permitió llevarse la imagen. Así se veía venir lo del comando “Carpanta”, capitaneado por un hidrofóbico Sánchez Gordillo, que con pañuelo palestino al cuello, junto a sus montoneros de sierra morena, se han especializado en el asalto de supermercados, para saciar un hambre inexistente, en una Andalucía de charanga y pandereta, que sólo cabe en sus huecas cabezas. Es la estética trasnochada de una izquierda predemocrática, que al igual que sus sindicalistas, no defiende a sus trabajadores, más bien, dota de vida paradisiaca a sus liberados, que se conforman con colgar un panfleto contra la empresa en el tablón sindical, y con eso, ya tranquilizan sus conciencias, mientras chupan de la teta empresarial, sin defender a los trabajadores, que es para lo que fueron votados. Todo lo más, benefician a sus militantes o a quienes les ríen las gracias, que se resumen a caricaturas de los jefes y pancartas soeces, pero nada efectivo que libre al colectivo que “no” representan, de los desmanes empresariales. Y algunos/as ni se duchan, que ya es el colmo. Hay empresas en las que los llaman, el famoso, “Comando Fétido”. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, Dé qué os sirvió pasar por el noviciado o el seminario. Os camuflasteis después, de militantes en la izquierda o en el sindicalismo rojo, para vivir del cuento a costa de los compañeros, recibiendo prebendas y subvenciones del gobierno al que criticáis. No se puede ser más deshonesto.

jueves, 6 de septiembre de 2012

CHIQUITO DE AMOREBIETA

CHIQUITO DE AMOREBIETA Tito Ortiz.- Casi un millar de muertos se remueven en sus tumbas, al comprobar la extrema sensibilidad de la que hacen gala, la gentuza de Bildu, al proclamar el cese de las corridas de toros en el país vasco, para evitar el sufrimiento animal de un ser vivo, que por otra parte, nace ex profeso para ese ritual. Es una pena que quienes los dirigen ideológicamente, desde el otro lado de los Pirinéos, y quienes con sus votos los han colocado en las instituciones, para vergüenza y destrucción del sistema democrático, hayan perdido “la afición”. Atrás han quedado los tiempos en que auténticos abertzales, gudaris del pueblo, defensores del tiro en la nuca, la extorsión y el secuestro, como el desaparecido, Jon Idígoras, o mejor dicho, Juan Cruz Idígoras Guerrikabeitia, era conocido por sus nombres artísticos, con los que apareció en no pocos carteles taurinos: “Chiquito de Amorebieta”, de “Éibar”, o “Morenito El Alto”. Dando muestras así, que se puede ser partidario de la independencia del pueblo vasco, estar conforme con los asesinatos, y a la vez, no sólo permitir los toros, sino, practicarlos desde la profesionalidad y el sentimiento, a lo “Cocherito de Bilbao”, “Zacarías Lecumberri”, “Fortuna” o “Torquito”. La historia está plagada de toreros vascos, que lograron el éxito más rotundo en plazas de España, América y Francia. Pretender por coj..., y no por razones, acabar con los toros en el país vasco, al igual que se ha hecho en Cataluña, es obligar al pueblo a enfrentarse entre hermanos, repitiendo la historia una vez más de ésta piel de toro, que se mata por idioteces, y deja sin resolver los auténticos problemas que la acucian, impidiendo su desarrollo laboral y económico. Que las comunidades históricas no dejen morir los toros por falta de público en las plazas que es su proceso natural, deja ver a las claras, la torpeza de unos políticos extremistas, hijos de la incultura y la ignorancia, que ven mal estoquear a un toro, pero muy bien, colgarse del cuello de un ganso atado a un cable, mientras unos menesterosos de chapela, te suben y bajan del agua, hasta que te quedas con el cuello del ave en las manos. Eso si que es cultura asesina, y no la del arte de torear, señores abertzales. Y esto sucede en Lekeitio, cuna del nacionalismo vasco, pero claro, a arrancarle el cuello a un ganso, no se le llama “Fiesta Nacional “, por lo tanto, los del nueve parabellum, no se sienten ofendidos por muchos gansos que mueran. Mi padre me enseñaba orgulloso, aquella foto en blanco y negro, en la que el maestro, Matías Prats, entrevistaba días antes de su muerte, al genial “Manolete” en la antigua plaza de toros del Chofre, en San Sebastián, aquella que había simultaneado vida con la más veterana donostierra, llamada de “Atocha”, llegándose a dar toros en las dos a la vez, en los primeros años del siglo veinte y finales del XIX. Tuve el honor de estrenar los refinados tendidos, en la semana Grande de San Sebastián de 1998, de la nueva plaza de toros donostierra, llamada de Illumbe, y compartí risas e ilusión con Chopera, que debe estar retorciéndose en su sepultura, si éste moderno coso, va a quedar sólo para que partan troncos de madera, los agerridos, aizkolaris, en esa proverbial demostración de inteligencia inherente a todos los deportes vascos como el, levantamiento de piedras, manotazos al frontón, y otras lindezas, subvencionadas por los nacionalistas. Para eso ya está la de Tolosa. He disfrutado como no me podía imaginar, ver esa plaza de “Vista Alegre” en Bilbao, preservar la pureza y entereza del toro bravo, en su anual, Aste Nagusia. Ponerse en pie gritando el nombre de “El Formidable”, genial banderillero de la cuadrilla de, Ruiz Miguel, y posar ceremonioso el pañuelo sobre el balconcillo, el señor presidente, para autorizar a la banda que arranque el pasodoble, único lugar donde esto sucede. Y yo que soy del Albayzín, me he rendido a su afición, y verdad de la fiesta, en una entrega de premios taurinos en el imprescindible hotel, Ercilla. Sé que es un tópico, pero lo sospechaba y lo averigüé. Hay más de uno y de una, de los que bocean a las puertas de los cosos contra la fiesta, y de los que se tiran al suelo embadurnados en tinte rojo, que son ingleses. Cuando les pregunté porque no se manifestaban en su país contra la caza del zorro, una no supo que decirme, y el otro, más bravucón que encastado, me miró de arriba abajo, y me dijo en un español deplorable, que me contestaría cuando estuviera en su país, que eso no tocaba ese día. Eché de menos en la manifa, a José Luís, ya saben, a Carol-Rovira, hijo de un Guardia Civil mañico, esa es toda su trayectoria barretina, aunque su madre si asciende algo más en la genealogía catalana, y por lo tanto, él se ha creído siempre, heredero universal de la pureza de raza, desde el estanco familiar, donde se vendía el caldo de gallina, las pólizas y el papel del estado, el español, claro. Éste personaje de guiñol, lleva en su cartera “La Estelada”, cuando lo suyo sería “La Senyera”, y si me apuran, ninguna, porque sólo en una cabeza perturbada, cabe hacer cuestión de vida o muerte, tu idea de patria, de la que tan sólo es tuya al cincuenta por ciento. Se necesita ser memo, o no saber la historia familiar de Juan Carlos Izaguirre. Otro que tal baila. Lo decía mi abuela que era republicana y sabia: Hijo mío, debes saber que en éste país, siempre habla el que más tiene que callar. Somos así de imbéciles.