jueves, 31 de mayo de 2012
GÉNERO GRANDE
GÉNERO GRANDE
Tito Ortiz.-
La Orquesta del Teatro Isabel La Católica, es una realidad con éste nuevo montaje, que el entusiasmo inagotable de Miguel Sánchez Ruzafa, nos ofrece de nuevo, con la complicidad de ese grupo entrañable de colaboradores, del que destaca, Lirio José Palomar Faubel. Los días 2 y 3 de Junio, dentro de la temporada estable de zarzuela y arrastrando a nuestros mayores, henchidos de alegría y optimismo, disfrutaremos de “La Patria Chica”, una hermosa partitura del año 1907, en la que un genial levantino, como Ruperto Chapí, imprime banda sonora a un libreto de Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, los hermanos utreranos, tantas veces infravalorados por sus éxitos saineteros, pero que demostraron con otras obras, su capacidad para captar diferentes públicos, y que se lo pasaran bien, con un libro en las manos o en un patio de butacas. Caso 230 obras asó lo atestiguan, y el nivel de los intelectuales con los que colaboraron, como Serrano, Guerrero, Vives, el propio Chapí que nos ocupa, y tantos otros.
“La Patria Chica” narra la historia de un pintor andaluz en el París de la primera decena del siglo XX, con sus amigos andaluces, con un millonario inglés que le encarga el retrato de su mujer, y las apreturas propias de la vida bohemia, con artistas abandonados a su suerte, por empresarios sin escrúpulos. La zarzuela, representada en el teatro del mismo nombre, escrita en un solo acto, con cinco magníficos números musicales, pronto destacó entre los madrileños que asistieron la noche del 15 de Octubre, a su estreno. Al decir de los entendidos, sólo el preludio musical de don Ruperto, ya nos pone en el mejor de los antecedentes, puesto que éste lo equiparan al de “La Revoltosa”, o el mismísimo, “Tambor de Granaderos”.
Con éstos montajes que afortunadamente ya se vienen sucediendo en el tiempo, Ruzafa recoge la más alta tradición granadina en el arte de Talía y el lírico. De un lado estaría la Agrupación Álvarez Quintero, heredera del teatro de los geniales hermanos, y del que todavía quedan recuerdos en Plaza Nueva, de aquel Corpus de los setenta, en que el genial y nunca bien reconocido Ramón Moreno, interpretó a sus muchísimos años, aquel papel del soldado en la mili, de los Álvarez Quintero. Todo sucedió a la puerta de la entonces Audiencia Provincial, en Plaza Nueva, que como diría Ángel Luís Sabador, es la plaza de las tres campanas: Campana la de La Audiencia, Campana la de La Vela... Campana la de Santa Ana. Recogería Ruzafa también, el legado inmortal de aquel granadino ilustre que hizo de la zarzuela bandera, y la llevó con su fiel amigo, el secretario de la Universidad granadina entonces, Emilio Prieto, a la sazón, crítico de teatro de Patria, hasta la mismísima Rusia de los zares, realizando toda una antología en el propio Moscú del telón de acero y el muro de Berlín. Eso sólo lo pudo hacer un genio como Pepe Tamayo. Pero además, Miguel Ruzafa mantiene viva la llama imperecedera e incorrupta de la desaparecida Agrupación Musical Francisco Alonso, de la que el tenor Juan Manuel y su esposa Katy Guerrero, tanto deberían decir a éstas alturas de generaciones vanas que los desconocen y, no deberían. Hoy le dices a un joven actor granadino, quién era José María Parro, y se encoge de hombros. Y a ésta pleyade de nuevos directores, les hablas de Pablo López, mi maestro de la pescadería, y no lo conocen. Y les nombras a su esposa Josefina, y titubean, pero vienen cuatro modernos de fuera, y se hacen con los teatros y los medios de comunicación, sin curriculum, y sin idea de lo que están diciendo, con la subvención bajo el brazo porque afectos al régimen. Les hablo de Manuel de Pinedo y de un teatro comprometido cuando Franco estaba aún vivo y no enteran. Y de actores como Alfredo Curiel, y ponen cara de estar oyéndome en chino, y de Granados, cuando estaba en la clandestinidad, en el Banco Popular, y se creen que les hablo del que estaba buscando a Lupita. Vivimos en la era de la alta tecnología, en el tercer milenio de las máquinas, y resulta que es cuando mejor y más rápido olvidamos. Se nos abren los ojos de par en par ante lo que viene de fuera, y despreciamos lo cercano, pese a ser de mayor envergadura y calidad. Un genio que viva en nuestra casa, es un vecino al que saludar por la escalera con cara displicente. Un imbécil redomado que nos sonríe y nos hace la pelota muy gracioso, se convierte en un ídolo al que seguir, como si se tratara del gurú de tu vida. Somos paletos deseosos de que nos tiren de la levita, y despreciamos a todo aquel que, sobresalga del listón de nuestra mediocridad circundante. Si quieres vivir agusto en Granada, ni se te ocurra sacar la cabeza por encima de la tapia, y mucho menos salir en una foto de Ideal, ahí entonces habrás firmado tu sentencia de ignorado de por vida, a perpetuidad, como los nichos en el cementerio. Porque la carcundia lorquiana, la Granada hedionda, te sumergirá en una ciénaga opaca de silencios, aguardando junto a la parca, para rendirte merecido homenaje en el Cementerio de San José. Ésta tierra maldecida por Zafra, don Hernando, el secretario de los Reyes Católicos, que al palmar, se vengó de nosotros, y más que él, la gitana que le echó la maldición al payo rabúo, de inaguantable carácter castellano. Desde entonces no levantamos cabeza. Menos mal, que Sánchez Ruzafa y sus buenas gentes, nos mantienen todo el año arropados por buena música y mejor canto. Honor y gloria a Sánchez Ruzafa y todos sus colaboradores. Ellos nos hacen sentir orgullosos de “La Patria Chica”.
martes, 22 de mayo de 2012
LA BESTIA SE BATE EN RETIRADA
LA BESTIA, SE BATE EN RETIRADA
Tito Ortiz.-
El “juanma” ha sido llamado al orden, y horas antes de que Pepe visite a Teresa, ha decidido retirar su candidatura. Cualquiera que conozca a semejante animal, sabe que ese puchero no se ha cocido en su cabeza, todo lo contrario, éste asambleísta escupepiedras, cuya ignorancia y petulancia le hacen asimismo, acreedor de cualquier cargo o desempeño, -dada su pertinaz grosería-, cree estar capacitado para regir los destinos del mundo, por muy carente de escrúpulos que sea su comportamiento interno, pese a pertenecer a un partido blasonado por una historia democrática, cuya palabra y significado, el “juanma” desconoce, como ya demostró, amenazando a periodistas por teléfono y destituyéndolos posteriormente de su cargo. Grabación hay del asunto, que todavía no ha sido oída, por expreso deseo del afectado, que espera devolverle al “juanma” el favor, el día que se le “ajume el pescao”.
En vísperas de elecciones internas, bien harían los socialistas granadinos, - si es que todavía queda algún/a sensato/a, - en ir depurando a ésta gentuza que tanto daño hacen a las organizaciones, por su flagrante carencia de educación, formación, convicciones democráticas – éste no sabe ni como se escribe la palabra – y su palpable misoginia, virtudes todas que le invalidan, no como cargo público u orgánico, sino, como individuo sociable en libertad. Éste doberman, amaestrado en su día por otro más peligroso que él, llamado de la pequeña, campa por sus respetos atropellando la libertad y la razón, prometiendo lealtades, a cambio de hacerse responsable único del aparato, palabra ésta que ya produce repelús en cualquier demócrata, pero que un especialista en las cañerías de aguas fecales como él, sabe manejar a la perfección. Lo malo de éstos fontaneros, es que luego le pasan la factura a los jefes, que parecen olvidar, que semejante adhesión inquebrantable, siempre tiene un precio... como la muerte.
Tanto el de la pequeña como el juanma, han hecho de una organización que fue modélica en Andalucía, un esperpento descafeinado, cuya militancia de formación y prestigio, se ha ido marchando a su casa, empujados por los analfabetos y destripaterrones a los que ellos representan. El socialismo granadino necesita una diálisis regeneradora, que aparte de los órganos de gobierno a éstos impresentables y a quienes les ríen las gracias, dando paso a la juventud que se impacienta, y recuperando alguna mente privilegiada que se tuvo que marchar prematuramente, harto/a de soportar, insultos y vejaciones de los juanmas y los de las pequeñas. La pluralidad de ideas, debe volver a enriquecer el discurso socialista granadino, opaco, escorado a la diestra, y encorsetado por una disciplina de partido, que lejos de ser reglamentada para mejor funcionamiento, es aplicada sin piedad, contra los que no beben del pensamiento único, del líder podenco de los campos del aeropuerto.
Socialistas granadinos... ¡Levantaos! Romped las cadenas de un aparato en manos de dictadores analfabetos. Teresa puede ser la salida, apoyad a la compañera que en los últimos años, más ha dado por esta organización y menos ha recibido. La que desinteresadamente, ha recogido un testigo podrido de la anterior ejecutiva provincial, y necesita compañeros y compañeras que le ayuden a dar un halo de esperanza a un partido centenario que jamás debió permitir, que gente sin formación ni capacidad política, formara una ejecutiva bicéfala, que llevó a cabo, como jamás antes se había producido, aquella máxima deleznable en una organización democrática de... el que no está conmigo, está contra mí. ¿ Que formación política tienen éstos dos impresentables ¿ Ni ellos podían haber llagado a más, ni nuestro partido a menos? El de la pequeña y el juanma, deben convertirse cuanto antes, en un pasado oscuro y tétrico que hay que olvidar cuanto antes, para que el aire limpio, libre y democrático, vuelva a envolver la Torre de La Pólvora. Cuando un miembro se gangrena, hay que amputar para salvar la vida del paciente, y si no me creéis, preguntárselo a Pepe Moratalla.
miércoles, 16 de mayo de 2012
LEONES EN BLANCO Y NEGRO
LEONES EN BLANCO Y NEGRO
Tito Ortiz.-
Guarda mi madre como oro en paño, sus fotos más preciadas, en un estuche decorado a mano, con el interior forrado de seda, ya de color sepia, y con un espejo bajo la tapa, que al abrirla, té refleja en primera persona. Uno que ya está más cerca de los sesenta que de los cincuenta, el otro día indagó en su interior, y con regocijo sin límite, me reconocí en un par de fotos. En una, con apenas un año y medio, estoy sobre el caballo de cartón que había en la Plaza de Bibarrambla, con aquel fotógrafo de bata gris y cámara en trípode de madera, con tapón y cadenilla en el objetivo. En la otra, en brazos de mi padre y agarrado a su corbata, estoy viendo pasar la cabalgata de reyes magos, desde la puerta de Correos, en la Gran Vía. Los jóvenes ignoran, que el edificio de correos en los años cincuenta, ocupaba justo la manzana que hoy conocemos como Plaza de Isabel La Católica. Aquel año en que Fidel, había entrado en La Habana, al ritmo que le marcaban, Carlos Puebla y Los Tradicionales, mi padre me había colocado estratégicamente en el frontal de La Gran Vía, para que en lugar de privilegio, viera venir a los reyes magos, justos de luz y caramelos, a lomos de sencillos caballos, con la esquina de Almacenes “La Paz” a un lado, con aquel inolvidable autómata que subía y bajaba las cejas, mientras sacaba de un cubo el letrero de los créditos y, el Banco Central, al otro, con su hermoso patio de operaciones y su “sissiliana” escalinata palaciega a la primera planta.
Pero yo me volvía una y otra vez, hacia el edificio de correos, sin que mi padre encontrara explicación, hasta que por fin, sus ojos también los vieron. Desde que nací, sentí una fascinación especial, por los buzones de correos, pero no por unos buzones cualquiera. Los del edificio central de Correos en Granada, estaban formados por la cabeza y fauces de unos hermosos leones de bronce, por cuya boca había que meter las cartas, y eso era lo que a mí me gustaba. Mi abuela me había enseñado a perderle el miedo a aquellos temibles animales, porque cada vez que había que escribirle a alguien de la familia, mi abuela Juana, me llevaba en brazos con la carta en la mano, y yo era el encargado de meter el brazo en la tremenda boca del león, que unas veces brillaba más que otras, dependiendo del tiempo que hiciera que mi abuela, los había limpiado con Netol, ya que ella era la encargada de hacerlo, como limpiadora en plantilla, de Correos en Granada. Cuando el edificio fue derruido para hacer la plaza, y Correos pasó a donde está ahora, en Puerta Real con Ganivet, las caras de los leones desaparecieron para dar paso a unos modernos rectángulos con trampilla a modo de estilístico buzón, que ya perdieron todo el encanto de los leones de mi infancia.
Leones de ese estilo también hubo en su momento, en la estafeta de Correos que había en la Plaza del Padre Suárez, junto a la entrada en retaguardia, de Capitanía General de la IX Región Militar, frente a la Casa de Los Tiros, en el edificio del mítico restaurante de Juan Conde y Padial, “Alacena de Las Monjas”, mirando al monumento del actor cartagenero, Isidoro Máiquez. Con el pasar de los años, me gustó mucho recuperar los buzones de los leones, en la esquina del edificio de la Calle Real de La Alhambra, antes de llegar a la taberna de “El Polinario”. Parece que Gallego Morell, a su paso por el patronato Alhambreño en los sesenta, tuvo mucho que ver con el traslado de éstos mascarones a la Alhambra, con el fin de que los turistas que visitaban el monumento, tuvieran a mano una estafeta de Correos, donde franquear a sus casas, postales y giros telegráficos, sin necesidad de bajar a la ciudad. Un servicio que desgraciadamente, hoy ha desaparecido, siendo la Alhambra el monumento más visitado de España, o sea, en pocos sitios de éste país, se haría más necesaria la instalación de una oficina de Correos, que diera servicio a miles de usuarios, y que ya existió en su momento, pero claro, desde que el organismo público, dejó en manos privadas compartidas el servicio postal, para enajenar tal vez y junto a ello, la mente de su director general, el asunto no lo ven claro sus responsables, que sólo saben dar permiso para que en el centro oficial de Madrid, se proyecten espectáculos de multimedia con fuegos artificiales. Ese si parece que es el futuro de Correos, el de recibir a los reyes magos madrileños a sus puertas, pero lo de dar un servicio digno a los usuarios, eso es sólo una quimera. Es vergonzoso que la campaña de Navidad se haya destripado, con el cambio en el coste del franqueo, y a parte el desabastecimiento de sellos en los estancos, - que ha sido un clamor vergonzoso, - se haya resuelto tarde y mal, adjuntando un sello de un céntimo, de los antiguos de pegar con saliva, para poder mandar un crhistma. Vale más hacer un sello de éste importe, que el céntimo, pero haber quién se lo explica a éstos tuercebotas, funcionarios de matasellos manuales y sacas grises con la bandera española. Desde que Correos cayó en manos del correcaminos, el cartero de “Crónicas de un Pueblo” se ha suicidado contra reembolso. La de guiris que tuve que apartar la otra tarde a las cuatro, hasta llegar a la ventanilla de Atención al Cliente en Puerta Real, para comprar un sello, y poder mandarle una postal a Madrid, a mi admirado Juan de Loxa. Si hubiera una oficina de Correos en la Alhambra, eso no ocurriría, pero para eso hay que pensar, y en el ministerio ya no están para eso. Menos mal que al salir, pude recordar mi infancia, echando las cartas para Juan, en el buzón con cara de león que hay a la entrada. En ese momento me acordé, y volví a cogerme de la corbata de mi padre, aunque ya no estábamos en la Gran Vía, y él, hace dieciséis años que la tiene dentro del nicho. La corbata... digo. Un beso papá. Espérame todo lo que puedas.
jueves, 19 de abril de 2012
ESTANCO Nº 17. SETENTA AÑOS ECHANDO HUMO
Estanco nº 17, setenta años echando humo
Tito Ortiz.-
Emplazado en lugar de privilegio, entre las vías del tranvía y las posadas, dando frente a la bulliciosa plaza de La Trinidad, número cuatro, donde cosarios y forasteros corren a sus recados, y en tiempos navideños lo hacen entre las piaras de pavos, o las montañas de carrañacas y zambombas, se encuentra desde la posguerra, el estanco número 17, que le fuera concedido a Doña Araceli Antequera Martín, por ser viuda de guerra, tal y como ocurría en aquellos tiempos, tanto con la concesión de estancos, como con la de administraciones de loterías. Me atiende su hija, que heredó también el nombre de su madre, y que comenzó a ayudarle en el estanco cuando apenas tenía catorce años. Me habla de su hermano, Francisco Rivas Antequera, médico en Barcelona, y de aquel delineante químico de la familia, que trabajó en la casa uralita, metió el agua potable en las casas de Granada, y como premio a su saber y servicio a los demás, fue fusilado en la guerra por los de siempre.
Me cuenta Araceli, que su madre empezó vendiendo cuatro paquetes de tabaco, y que el local era mercería, perfumería, quincalla, lencería, o sea, de todo un poco, porque los tiempos no eran nada fáciles. Lo que estaba de moda era la cartilla de racionamiento, sin la que no se podía adquirir tabaco, y en las cantidades acordadas por el gobierno. Los certificados y timbres formaban parte del volumen de negocio, pues no hay que olvidar, que las multas, por ejemplo, se pagaban con papel del estado, que había que comprar en los estancos, también las pólizas para las instancias, los certificados médicos, de penales, defunción, los sellos, vamos que entonces en los estancos, competían el tabaco y las cerillas, con todo tipo de impresos oficiales, que sólo se podían adquirir en éstos establecimientos.
Francisco, es el marido de Araceli, que le echa una mano tras el mostrador, desde los tiempos en que eran novios, pues él vendía junto a la expendeduría, jamones y vino de la Alpujarra, y aquella niña que no le pasó desapercibida, es desde hace muchos años su mujer, con la que comparte recuerdos y marcas del tabaco de entonces, algunos de cuyos paquetes, conservan como piezas de museo.
Celtas, Peninsulares, Tres Carabelas, Rumbo, o el famoso Caldo de Gallina. (Ideales), que venían gordos y envueltos en papel amarillo, y mí padre los deshacía, los liaba en papel Bambú, y de cada uno, sacaba dos, multiplicando así, el número de cigarrillos. Mí tío Ñoño fumaba Bisontes sin emboquillar, porque eso de la boquilla en los cigarros se conoció mucho después. Eran tiempos de llevar en la petaca una buena Picadura Selecta, o la humilde Chasca, si la vida no daba para más. El llamado, Prado Fino Superior, era un paquete muy deseado por el personal, y en cuanto a los puros, lo único que se conocía eran las Farias, que se vendían mucho para los pueblos. Ahora con esto de la crisis, me dicen mis interlocutores, que ha vuelto el tabaco de liar, poniendo de moda de nuevo los libritos de papel. Pero que empezaron siendo más baratos que las cajetillas, y conforme avanzan los meses, los están poniendo tan caros que casi están equiparados ya. También han cambiado mucho los tiempos para los fumadores en pipa. En los sesenta y setenta no había más que dos marcas, Apolo y Cibeles, ahora hay un surtido extenso, dividido en aromas y sabores de todas clases.
Por éste estanco, ha pasado la historia viva del periodismo, que ellos personifican en compañeros como Nono Hidalgo, José Luís Piñero, Rafael Gómez, “El Nene”, y tantos otros cuya lista haría inacabable la reseña. Araceli dice que las mujeres han fumado siempre, pero que ahora fuman más que los hombres. Hace años se inclinaban por el Piper mentolado o el famoso 1-X-2, pero ahora tiran lo mismo de rubio que de negro, y hay muchas que se lo llevan en hebra para liarlo, tanto a mano, como con las modernas maquinitas, que los sacan perfectos. En cuanto a los puros, hoy ya se venden puros caros, no todos los días, pero se expenden con frecuencia, por mucha prohibición de fumar que exista. En éste estanco se vendieron muchos encendedores de yesca, pero ahora se pueden encontrar muy modernos, incluso de esos de llama ultrasónica, las cerillas cada vez se ven menos. Fósforos de Fosforera Española, en cuyas cajillas los niños de mi quinta, comenzamos a jugar, coleccionar, aprender historia, y a fumar a escondidas, porque no sé por qué razón, cuando nos iniciábamos en éste vicio tan malo, lo primero que hacíamos era hacernos con una caja de cerillas, para así no tener que pedir fuego y no ser delatados. Como diría, Juncal.... “Joío fumeque”, a él le pasaba igual que a mí, llevaba cuarenta años intentando dejar de fumar.
Tito Ortiz.-
Emplazado en lugar de privilegio, entre las vías del tranvía y las posadas, dando frente a la bulliciosa plaza de La Trinidad, número cuatro, donde cosarios y forasteros corren a sus recados, y en tiempos navideños lo hacen entre las piaras de pavos, o las montañas de carrañacas y zambombas, se encuentra desde la posguerra, el estanco número 17, que le fuera concedido a Doña Araceli Antequera Martín, por ser viuda de guerra, tal y como ocurría en aquellos tiempos, tanto con la concesión de estancos, como con la de administraciones de loterías. Me atiende su hija, que heredó también el nombre de su madre, y que comenzó a ayudarle en el estanco cuando apenas tenía catorce años. Me habla de su hermano, Francisco Rivas Antequera, médico en Barcelona, y de aquel delineante químico de la familia, que trabajó en la casa uralita, metió el agua potable en las casas de Granada, y como premio a su saber y servicio a los demás, fue fusilado en la guerra por los de siempre.
Me cuenta Araceli, que su madre empezó vendiendo cuatro paquetes de tabaco, y que el local era mercería, perfumería, quincalla, lencería, o sea, de todo un poco, porque los tiempos no eran nada fáciles. Lo que estaba de moda era la cartilla de racionamiento, sin la que no se podía adquirir tabaco, y en las cantidades acordadas por el gobierno. Los certificados y timbres formaban parte del volumen de negocio, pues no hay que olvidar, que las multas, por ejemplo, se pagaban con papel del estado, que había que comprar en los estancos, también las pólizas para las instancias, los certificados médicos, de penales, defunción, los sellos, vamos que entonces en los estancos, competían el tabaco y las cerillas, con todo tipo de impresos oficiales, que sólo se podían adquirir en éstos establecimientos.
Francisco, es el marido de Araceli, que le echa una mano tras el mostrador, desde los tiempos en que eran novios, pues él vendía junto a la expendeduría, jamones y vino de la Alpujarra, y aquella niña que no le pasó desapercibida, es desde hace muchos años su mujer, con la que comparte recuerdos y marcas del tabaco de entonces, algunos de cuyos paquetes, conservan como piezas de museo.
Celtas, Peninsulares, Tres Carabelas, Rumbo, o el famoso Caldo de Gallina. (Ideales), que venían gordos y envueltos en papel amarillo, y mí padre los deshacía, los liaba en papel Bambú, y de cada uno, sacaba dos, multiplicando así, el número de cigarrillos. Mí tío Ñoño fumaba Bisontes sin emboquillar, porque eso de la boquilla en los cigarros se conoció mucho después. Eran tiempos de llevar en la petaca una buena Picadura Selecta, o la humilde Chasca, si la vida no daba para más. El llamado, Prado Fino Superior, era un paquete muy deseado por el personal, y en cuanto a los puros, lo único que se conocía eran las Farias, que se vendían mucho para los pueblos. Ahora con esto de la crisis, me dicen mis interlocutores, que ha vuelto el tabaco de liar, poniendo de moda de nuevo los libritos de papel. Pero que empezaron siendo más baratos que las cajetillas, y conforme avanzan los meses, los están poniendo tan caros que casi están equiparados ya. También han cambiado mucho los tiempos para los fumadores en pipa. En los sesenta y setenta no había más que dos marcas, Apolo y Cibeles, ahora hay un surtido extenso, dividido en aromas y sabores de todas clases.
Por éste estanco, ha pasado la historia viva del periodismo, que ellos personifican en compañeros como Nono Hidalgo, José Luís Piñero, Rafael Gómez, “El Nene”, y tantos otros cuya lista haría inacabable la reseña. Araceli dice que las mujeres han fumado siempre, pero que ahora fuman más que los hombres. Hace años se inclinaban por el Piper mentolado o el famoso 1-X-2, pero ahora tiran lo mismo de rubio que de negro, y hay muchas que se lo llevan en hebra para liarlo, tanto a mano, como con las modernas maquinitas, que los sacan perfectos. En cuanto a los puros, hoy ya se venden puros caros, no todos los días, pero se expenden con frecuencia, por mucha prohibición de fumar que exista. En éste estanco se vendieron muchos encendedores de yesca, pero ahora se pueden encontrar muy modernos, incluso de esos de llama ultrasónica, las cerillas cada vez se ven menos. Fósforos de Fosforera Española, en cuyas cajillas los niños de mi quinta, comenzamos a jugar, coleccionar, aprender historia, y a fumar a escondidas, porque no sé por qué razón, cuando nos iniciábamos en éste vicio tan malo, lo primero que hacíamos era hacernos con una caja de cerillas, para así no tener que pedir fuego y no ser delatados. Como diría, Juncal.... “Joío fumeque”, a él le pasaba igual que a mí, llevaba cuarenta años intentando dejar de fumar.
lunes, 16 de abril de 2012
¿ SE SABE ALGO DEL ELEFANTE ?
¿ SE SABE ALGO DEL ELEFANTE ¿
Tito Ortiz.-
Los privilegios de la monarquía ya no están de moda. El derecho de pernada ya no está bien visto. La servidumbre de una sociedad a un monarca, por el sólo hecho de haber nacido en cuna de oro, con sangre azul, es de otra época. Tras la muerte de Franco, una parte del facherío, aguantó a regañadientes, y otra de la extrema izquierda, aplicaron sordina a sus apetencias de sistema republicano, porque el rey había resuelto con cierta gallardía la noche del 23 F. Pero después de los últimos años la cosa viene a darles la razón, a quienes dicen que la corona estaría bien en un museo, tal y como se estudian en bachillerato los reyes godos, por ejemplo. El tema Marichalar nunca nos lo han contado tal y como es, o mejor dicho, como fue. El de Urdangarín tampoco, pero los medios nos hemos encargado de hacerle el trabajo a la justicia y ponerles a jueces y fiscales sobre la mesa, la sinvergonzonería más grande emparentada con la nobleza, de la que tengamos conocimiento en época contemporánea. De Bárbara Rey no hablaré, porque es actriz en activo, y de la rubia que acompañaba al monarca aquella noche en el ascensor del Meliá Sierra Nevada, tampoco, porque sólo son producto de mi locura y desatino.
Cuando los desahucios de criaturas humanas se producen a diario, dejando a mujeres y niños en la calle, sin más abrigo que unos soportales y unos cartones, y el censo de parados aumenta vertiginosamente todos los días, a cifras nunca conocidas, que baten récords en el mundo, cuando los funcionarios tienen congelado el sueldo, las pensiones son de risa, el corralito ya funciona en la banca, y el copago se cierne sobre nosotros, como la única salida a la sanidad y la justicia, tan sólo en principio, que después vendrán más, que un jefe de estado se dedique a cazar elefantes con mi dinero, eso es algo que ya me toca la moral, por no decir la entrepierna.
Nunca fui monárquico, sí Juan Carlista, pero ya no. Estoy hasta los coj... de que suba la gasolina, de ganar menos que hace diez años, de tener que jubilarme dos años después de lo previsto, de que haya dos fascistas misóginos, camuflados como demócratas de izquierdas, dentro del PSOE granadino, con cargos orgánicos e institucionales. De depender de una nómina y no poder defraudar a hacienda, para que me apliquen sólo el diez por ciento de multa como supermillonario acreditado De no poder unirme al movimiento 15M, porque no soporto a los que no se duchan, que la progresía y la libertad, no están reñidas con el agua. Que se parecen al comando fétido de la pública andaluza, a pesar de laborar en una laguna. Un poquito de agua y jabón, para que las ideas huelan a limpio, diablos. Es absolutamente falso que cuanto menos se duchen, más serán de izquierdas. Y además, resulta muy de agradecer por el prójimo circundante, que además de lavarse, se haga lo mismo con la ropa. No basta con ducharse, si después te pones los gayumbos y la camisa de hace un mes que ya se quedan de pie. No estamos haciendo nada. Se nos va el vino en catas.
El abuelo lo hacía con más vista. Cazaba si, pero en la finca del duque de San Pedro de Galatino en Láchar, donde por cierto suele hacer niebla y así todos los gatos son pardos. Y no cazaba elefantes, que es algo grosero y dieciochesco. Lo de Alfonso XIII era caza menor, en concreto, conejo de la más alta calidad, conejo plebeyo, pero conejo de armas tomar en boca de todos los que vieron y, algunos afortunados, -en ausencia real-, hasta lo compartieron. De ahí que viniera a Granada con tanta frecuencia, a comprobar como iban las obras del hotel Alhambra Palace, las de la carretera de La Sierra, y su blanco tranvía. Lo de cazar elefantes en África, está más trasnochado que “La Venganza de don Mendo”, aunque hay que reconocer que Muñoz Seca, retrató a la monarquía española con una coña hiperrealista, de muy padre y señor mío, claro, así le costó la vida al pobre. El corporativismo de los cazadores, ya se sabe. Franco también cazaba, es que cuando la gente llega a un palacio, por muy normalita que sea su extracción social, se vuelve muy cazadora, algunos como éste bajito del Ferrol, hasta podían llegar a cazar hombres. Carlos III, aparte de escribir las mejores ordenanzas del ejército de todos los tiempos, cazaba con bien tino, y se hizo retratar en actitud idónea, de hecho, a poco avispado que estés en El Prado, te lo encuentras en su posición descanso, cuán fusilero en hora de bocadillo, o para ser más exactos, atento al toque de fagina. La caza y la realeza española han ido siempre de la mano, incluso del pie, y si no, que se lo pregunten a Froilán, que ya apunta maneras, muy malas, pero las apunta, menos mal que – de momento - es contra si mismo.
Anoche fui a sacar dinero a un cajero, y me encontré a un sin techo, durmiendo bajo los cartones de embalaje de un frigorífico no frost, o sea, de categoría. El cartón no era un cartón cualquiera. Le puse la mano en el hombro y le dije: ¡ Amigo, el rey ya anda!, con muletas, pero anda, la operación ha sido un éxito. El hombre, apartó sigilosamente el tetra brik de don Simón con el que se tapaba la cara, y mirándome de reojo, sin levantar apenas la cabeza me dijo: ¿ Se sabe algo del elefante ¿
Tito Ortiz.-
Los privilegios de la monarquía ya no están de moda. El derecho de pernada ya no está bien visto. La servidumbre de una sociedad a un monarca, por el sólo hecho de haber nacido en cuna de oro, con sangre azul, es de otra época. Tras la muerte de Franco, una parte del facherío, aguantó a regañadientes, y otra de la extrema izquierda, aplicaron sordina a sus apetencias de sistema republicano, porque el rey había resuelto con cierta gallardía la noche del 23 F. Pero después de los últimos años la cosa viene a darles la razón, a quienes dicen que la corona estaría bien en un museo, tal y como se estudian en bachillerato los reyes godos, por ejemplo. El tema Marichalar nunca nos lo han contado tal y como es, o mejor dicho, como fue. El de Urdangarín tampoco, pero los medios nos hemos encargado de hacerle el trabajo a la justicia y ponerles a jueces y fiscales sobre la mesa, la sinvergonzonería más grande emparentada con la nobleza, de la que tengamos conocimiento en época contemporánea. De Bárbara Rey no hablaré, porque es actriz en activo, y de la rubia que acompañaba al monarca aquella noche en el ascensor del Meliá Sierra Nevada, tampoco, porque sólo son producto de mi locura y desatino.
Cuando los desahucios de criaturas humanas se producen a diario, dejando a mujeres y niños en la calle, sin más abrigo que unos soportales y unos cartones, y el censo de parados aumenta vertiginosamente todos los días, a cifras nunca conocidas, que baten récords en el mundo, cuando los funcionarios tienen congelado el sueldo, las pensiones son de risa, el corralito ya funciona en la banca, y el copago se cierne sobre nosotros, como la única salida a la sanidad y la justicia, tan sólo en principio, que después vendrán más, que un jefe de estado se dedique a cazar elefantes con mi dinero, eso es algo que ya me toca la moral, por no decir la entrepierna.
Nunca fui monárquico, sí Juan Carlista, pero ya no. Estoy hasta los coj... de que suba la gasolina, de ganar menos que hace diez años, de tener que jubilarme dos años después de lo previsto, de que haya dos fascistas misóginos, camuflados como demócratas de izquierdas, dentro del PSOE granadino, con cargos orgánicos e institucionales. De depender de una nómina y no poder defraudar a hacienda, para que me apliquen sólo el diez por ciento de multa como supermillonario acreditado De no poder unirme al movimiento 15M, porque no soporto a los que no se duchan, que la progresía y la libertad, no están reñidas con el agua. Que se parecen al comando fétido de la pública andaluza, a pesar de laborar en una laguna. Un poquito de agua y jabón, para que las ideas huelan a limpio, diablos. Es absolutamente falso que cuanto menos se duchen, más serán de izquierdas. Y además, resulta muy de agradecer por el prójimo circundante, que además de lavarse, se haga lo mismo con la ropa. No basta con ducharse, si después te pones los gayumbos y la camisa de hace un mes que ya se quedan de pie. No estamos haciendo nada. Se nos va el vino en catas.
El abuelo lo hacía con más vista. Cazaba si, pero en la finca del duque de San Pedro de Galatino en Láchar, donde por cierto suele hacer niebla y así todos los gatos son pardos. Y no cazaba elefantes, que es algo grosero y dieciochesco. Lo de Alfonso XIII era caza menor, en concreto, conejo de la más alta calidad, conejo plebeyo, pero conejo de armas tomar en boca de todos los que vieron y, algunos afortunados, -en ausencia real-, hasta lo compartieron. De ahí que viniera a Granada con tanta frecuencia, a comprobar como iban las obras del hotel Alhambra Palace, las de la carretera de La Sierra, y su blanco tranvía. Lo de cazar elefantes en África, está más trasnochado que “La Venganza de don Mendo”, aunque hay que reconocer que Muñoz Seca, retrató a la monarquía española con una coña hiperrealista, de muy padre y señor mío, claro, así le costó la vida al pobre. El corporativismo de los cazadores, ya se sabe. Franco también cazaba, es que cuando la gente llega a un palacio, por muy normalita que sea su extracción social, se vuelve muy cazadora, algunos como éste bajito del Ferrol, hasta podían llegar a cazar hombres. Carlos III, aparte de escribir las mejores ordenanzas del ejército de todos los tiempos, cazaba con bien tino, y se hizo retratar en actitud idónea, de hecho, a poco avispado que estés en El Prado, te lo encuentras en su posición descanso, cuán fusilero en hora de bocadillo, o para ser más exactos, atento al toque de fagina. La caza y la realeza española han ido siempre de la mano, incluso del pie, y si no, que se lo pregunten a Froilán, que ya apunta maneras, muy malas, pero las apunta, menos mal que – de momento - es contra si mismo.
Anoche fui a sacar dinero a un cajero, y me encontré a un sin techo, durmiendo bajo los cartones de embalaje de un frigorífico no frost, o sea, de categoría. El cartón no era un cartón cualquiera. Le puse la mano en el hombro y le dije: ¡ Amigo, el rey ya anda!, con muletas, pero anda, la operación ha sido un éxito. El hombre, apartó sigilosamente el tetra brik de don Simón con el que se tapaba la cara, y mirándome de reojo, sin levantar apenas la cabeza me dijo: ¿ Se sabe algo del elefante ¿
lunes, 5 de marzo de 2012
COLEGIO DE LOS ESCOLAPIOS EN GRANADA
Tito Ortiz.-
COLEGIO DE LOS ESCOLAPIOS: MÁS DE SIGLO Y MEDIOS INSERTADO EN LA SOCIEDAD GRANADINA
A principios del siglo XVII, la Marquesa de Los Trujillos, cedió su Casa Blanca, para que se erigiera en los terrenos, el Monasterio de Los Basilios. Pero no sería hasta 1860, cuando vièamos la primera comunidad escolapia junto al río, de ahí que, ya sean más de ciento cincuenta años, los que la orden lleva educando y albergando criaturas granatensis, de todas las extracciones sociales, pues famosas eran sus clases de “gratuitos”, cuando allá por los años sesenta, la flor y nata de la Granada pudiente, la alta y la baja burguesía, se educaba en sus aulas, sin olvidar los de provincias hermanas como internos, con derecho a cine semanal, aunque los besos se cortaran por la censura del padre Francisco, el Torquemada de turno, que nos daba clase a los de primero de bachiller. El padre Emiliano se encargaba de los gratuitos, que aprendíamos a escribir a máquina como signo de modernidad en la época, y presumíamos de instalaciones deportivas como ninguna otras, de hecho, el colegio colaboraba con la sociedad granadina, cediendo sus canchas para cualquier competición. Eran los años en que la Imprenta “Alhambra”, tenía sus talleres en la calle, Puente de Castañeda , número cinco, en cuyas máquinas el Ayuntamiento tiraba los programas del Corpus, que luego se vendían al módico precio de dos pesetas.
Equipos de barrio, de pueblos, de todas las edades y categorías, tuvieron su campo de Fútbol en Los Escolapios, para hacer cualquier actividad deportiva, pistas para correr, vestuarios, gimnasio, con toda la facilidad del mundo y desinterés. Los Escolapios pronto se identificaron con la ciudad, su historia y sus costumbres, y se colocaron a la vanguardia de las nuevas técnicas de educación y pedagogía, abriendo un mundo nuevo a las actividades paralelas, sin olvidar la misa de ocho diaria obligatoria y el rosario vespertino, antes de merendar pan con carne de membrillo. Eran los años en que se celebraban para el Corpus, los famosos campeonatos de albañilería, en el paseo del Salón frente al colegio, o la extinta Feria de Ganado un poco más abajo en el Violón, frente a la Real Sociedad de Tenis.
Prueba de esa vinculación del Colegio con la ciudad, es la foto que les ofrecemos. Un documento extraordinario en el que un equipo de fútbol, de aficionados veteranos albaicineros, se disponen un Domingo de 1965 a las nueve de la mañana, a celebrar un partido de fútbol contra otra peña del no menos afamado barrio del matadero. Lo hacen en el campo de fútbol de Los Escolapios. Los de la imagen, son jugadores de la peña “El Cañizo”, reputado bar del Albayzín, de la cuesta de María La Miel, famoso por su emparrillado de cañas, para dar sombra en el patio, donde se jugaba a la lotería, o como diría un moderno... al bingo, a la petanca, a la cañadul con monedas de perragorda de cobre, a la ronda, la brisca, y al dominó, con deseo inquinante de ahorcar el seis doble a todo bicho viviente, incluido el cura párroco de san José. La espuela se suele tomar, más abajo, en “La Mancha Chica”.
Pues éste once de gala, está compuesto entre otros por, Pepe Falero, segundo agachado por la derecha, que es quién conserva la instantánea como oro en paño. Pepe es un carpintero de lujo y mejor ebanista, que ejerció en mí de profesor, cuando ambos estábamos a las órdenes de Miguel Castro, en la carpintería que éste tenía en la puerta de al lado de Miguel Arenas, y su mujer Angustias, en la calle Fábrica Vieja, donde vendían los huevos por cartones, y pasaba el tranvía del Triunfo, hacia San Antón. De pié, el primero por la izquierda, el que esto escribe, en funciones de utillero, aguador, masajista, y encendedor de cigarrillos al instante. Me explico. Cuando cualquiera de los jugadores, se sentía asfixiado, que le llegaba la hora de toser, se acercaban a la banda dando voces... ¡Niño, una calá!. Y a mí me tocaba sacar rápidamente del bolsillo el paquete de Peninsulares sin emboquillar, que me habían dado antes de empezar el partido, y en sacando un pitillo, prenderlo con el encendedor de martillo, piedra y gasolina, y darle la primera calada profunda para que cuando el jugador se acercara a la banda, aquello ya tuviera humo de sobra para calmarle la tos al instante. Había quien ya aprovechaba y me daba para guardarle, el reloj, la medalla y la sortija, en fin todas esas cosas que se suelen llevar para jugar al fútbol y que en un momento dado del partido, te sobran. Otros me pedían a gritos el “agua milagrosa”, que aunque se llamaba así, al bote de líquido indescifrable con el que se masajeaban las lesiones, en realidad lo que me pedían era un trago del botijo, que lejos de mantener agua, lo que albergaba en su interior, era una mezcla de blanco Espinosa con gaseosa, que resucitaba a los muertos. Hay quien incluso al acercarse, me pedía la muerte, pero la verdad es que yo nunca he sido agresivo. Eran aquellos que la noche anterior habían cerrado “El Cañizo”, a base de vino costa y tres paquetes de Caldo de Gallina, del papel amarillo.
El primero de los jugadores por la izquierda, es el portero. Juan, “El Barnizador”, muy eficaz como cancerbero, progenitor del que esto escribe, que venía del mundo del toro, pero que no se resistía cada mañana de domingo granadino, a pasárselo de mandíbula batiente hasta desternillarse, con el juego o lo que fuera, de éste puñado de vecinos albaicineros, que se juntaban para pasarlo bien, y como pueden imaginarse, lo de menos era el resultado. Todos eran del barrio, amigos e inseparables. Lo que de verdad deseaban era pasar un rato de risas, y eso estaba asegurado. Ganaran o perdieran, la celebración posterior en “El Cañizo” hasta altas horas de la tarde, tenían como consecuencia el enfado de todas sus mujeres, -mí madre la primera-, que se quedaban con el arroz sobre la mesa para pegar carteles. Esto se repetía un domingo sí y otro también. Pero volviendo a Los Escolapios y su siglo y medio granadino, lo que de verdad hay que dejar patente a través de ésta historia ajena al colegio, o al menos lo que yo he pretendido, es dejar clara, la vinculación de tan insigne institución con la vida social de Granada, desde sus comienzos a nuestros días.
COLEGIO DE LOS ESCOLAPIOS: MÁS DE SIGLO Y MEDIOS INSERTADO EN LA SOCIEDAD GRANADINA
A principios del siglo XVII, la Marquesa de Los Trujillos, cedió su Casa Blanca, para que se erigiera en los terrenos, el Monasterio de Los Basilios. Pero no sería hasta 1860, cuando vièamos la primera comunidad escolapia junto al río, de ahí que, ya sean más de ciento cincuenta años, los que la orden lleva educando y albergando criaturas granatensis, de todas las extracciones sociales, pues famosas eran sus clases de “gratuitos”, cuando allá por los años sesenta, la flor y nata de la Granada pudiente, la alta y la baja burguesía, se educaba en sus aulas, sin olvidar los de provincias hermanas como internos, con derecho a cine semanal, aunque los besos se cortaran por la censura del padre Francisco, el Torquemada de turno, que nos daba clase a los de primero de bachiller. El padre Emiliano se encargaba de los gratuitos, que aprendíamos a escribir a máquina como signo de modernidad en la época, y presumíamos de instalaciones deportivas como ninguna otras, de hecho, el colegio colaboraba con la sociedad granadina, cediendo sus canchas para cualquier competición. Eran los años en que la Imprenta “Alhambra”, tenía sus talleres en la calle, Puente de Castañeda , número cinco, en cuyas máquinas el Ayuntamiento tiraba los programas del Corpus, que luego se vendían al módico precio de dos pesetas.
Equipos de barrio, de pueblos, de todas las edades y categorías, tuvieron su campo de Fútbol en Los Escolapios, para hacer cualquier actividad deportiva, pistas para correr, vestuarios, gimnasio, con toda la facilidad del mundo y desinterés. Los Escolapios pronto se identificaron con la ciudad, su historia y sus costumbres, y se colocaron a la vanguardia de las nuevas técnicas de educación y pedagogía, abriendo un mundo nuevo a las actividades paralelas, sin olvidar la misa de ocho diaria obligatoria y el rosario vespertino, antes de merendar pan con carne de membrillo. Eran los años en que se celebraban para el Corpus, los famosos campeonatos de albañilería, en el paseo del Salón frente al colegio, o la extinta Feria de Ganado un poco más abajo en el Violón, frente a la Real Sociedad de Tenis.
Prueba de esa vinculación del Colegio con la ciudad, es la foto que les ofrecemos. Un documento extraordinario en el que un equipo de fútbol, de aficionados veteranos albaicineros, se disponen un Domingo de 1965 a las nueve de la mañana, a celebrar un partido de fútbol contra otra peña del no menos afamado barrio del matadero. Lo hacen en el campo de fútbol de Los Escolapios. Los de la imagen, son jugadores de la peña “El Cañizo”, reputado bar del Albayzín, de la cuesta de María La Miel, famoso por su emparrillado de cañas, para dar sombra en el patio, donde se jugaba a la lotería, o como diría un moderno... al bingo, a la petanca, a la cañadul con monedas de perragorda de cobre, a la ronda, la brisca, y al dominó, con deseo inquinante de ahorcar el seis doble a todo bicho viviente, incluido el cura párroco de san José. La espuela se suele tomar, más abajo, en “La Mancha Chica”.
Pues éste once de gala, está compuesto entre otros por, Pepe Falero, segundo agachado por la derecha, que es quién conserva la instantánea como oro en paño. Pepe es un carpintero de lujo y mejor ebanista, que ejerció en mí de profesor, cuando ambos estábamos a las órdenes de Miguel Castro, en la carpintería que éste tenía en la puerta de al lado de Miguel Arenas, y su mujer Angustias, en la calle Fábrica Vieja, donde vendían los huevos por cartones, y pasaba el tranvía del Triunfo, hacia San Antón. De pié, el primero por la izquierda, el que esto escribe, en funciones de utillero, aguador, masajista, y encendedor de cigarrillos al instante. Me explico. Cuando cualquiera de los jugadores, se sentía asfixiado, que le llegaba la hora de toser, se acercaban a la banda dando voces... ¡Niño, una calá!. Y a mí me tocaba sacar rápidamente del bolsillo el paquete de Peninsulares sin emboquillar, que me habían dado antes de empezar el partido, y en sacando un pitillo, prenderlo con el encendedor de martillo, piedra y gasolina, y darle la primera calada profunda para que cuando el jugador se acercara a la banda, aquello ya tuviera humo de sobra para calmarle la tos al instante. Había quien ya aprovechaba y me daba para guardarle, el reloj, la medalla y la sortija, en fin todas esas cosas que se suelen llevar para jugar al fútbol y que en un momento dado del partido, te sobran. Otros me pedían a gritos el “agua milagrosa”, que aunque se llamaba así, al bote de líquido indescifrable con el que se masajeaban las lesiones, en realidad lo que me pedían era un trago del botijo, que lejos de mantener agua, lo que albergaba en su interior, era una mezcla de blanco Espinosa con gaseosa, que resucitaba a los muertos. Hay quien incluso al acercarse, me pedía la muerte, pero la verdad es que yo nunca he sido agresivo. Eran aquellos que la noche anterior habían cerrado “El Cañizo”, a base de vino costa y tres paquetes de Caldo de Gallina, del papel amarillo.
El primero de los jugadores por la izquierda, es el portero. Juan, “El Barnizador”, muy eficaz como cancerbero, progenitor del que esto escribe, que venía del mundo del toro, pero que no se resistía cada mañana de domingo granadino, a pasárselo de mandíbula batiente hasta desternillarse, con el juego o lo que fuera, de éste puñado de vecinos albaicineros, que se juntaban para pasarlo bien, y como pueden imaginarse, lo de menos era el resultado. Todos eran del barrio, amigos e inseparables. Lo que de verdad deseaban era pasar un rato de risas, y eso estaba asegurado. Ganaran o perdieran, la celebración posterior en “El Cañizo” hasta altas horas de la tarde, tenían como consecuencia el enfado de todas sus mujeres, -mí madre la primera-, que se quedaban con el arroz sobre la mesa para pegar carteles. Esto se repetía un domingo sí y otro también. Pero volviendo a Los Escolapios y su siglo y medio granadino, lo que de verdad hay que dejar patente a través de ésta historia ajena al colegio, o al menos lo que yo he pretendido, es dejar clara, la vinculación de tan insigne institución con la vida social de Granada, desde sus comienzos a nuestros días.
domingo, 26 de febrero de 2012
CLUB HERMANOS MONTENEGRO
CLÁSICOS GRANADINOS
Tito Ortiz.-
El Club Hermanos Montenegro, la decana de las peñas taurinas de Granada, cambia de domicilio.
En sus paredes se cuelgan las dos orejas y el rabo de “Islero”, el toro que mató a Manolete.
Nació en los años cuarenta para reunir a los aficionados a favor de Curro y Miguel Montenegro, frente a los que optaban por Rafael Mariscal.
En el corazón del Barrio del Realejo, entre los bares, “El Romeral “ y “El Sota”, en la corta calle Honda, frente a la plaza de Fortuny, en plena posguerra española, nace por entonces el Club Hermanos Montenegro, para reunir a los aficionados taurinos que en la época, optaron por éstos chavales que surgieron de la extinta escuela del club Taurino, y que en su momento, pusieron el cartel de no hay billetes en plazas como la de Carabanchel, cuando al más puro estilo Berenjeno Motrileño, por la tarde se toreaba y por la noche se boxeaba en el mismo ruedo.
De sus paredes cuelgan los trofeos más preciados cortados en tardes de éxito clamoroso, como los apéndices de “Islero” de la ganadería de Mihura, que le llevaron a la enfermería al califa “Manolete”, la tarde del 28 de Agosto de 1947, cuando herido de muerte, iba soltando gota a gota sobre una palangana en el suelo, la sangre transfundida de un policía nacional granadino, que fue el primer voluntario en la plaza, para darle vida al que la perdía sin remisión. Fotos inolvidables hay en sus paredes, del mejor ambiente taurino granadino de todos los tiempos, con personalidades de todos los ámbitos, que hicieron grandes las interminables tertulias del antiguo número cinco, hoy 24 de la calle Honda del Realejo. Los “montenegristas”, siempre fueron gentes de gran humor y bondad, que recibieron con los brazos abiertos en su sede, a todo el que de buen talante, quiso coincidir o disentir desde la educación, en el valor de la particular tauromaquia, de los hermanos Montenegro.
LAS PATAS
Se distinguen entre las fotos y carteles irreemplazables, unos trofeos que hace años se dejaron de cortar por cuestiones de higiene, son las patas de los astados, que por entonces era el máximo trofeo que se podía otorgar en una faena, y que una vez desecado, se posaba sobre soporte de madera barnizada a modo de trofeo inalcanzable para muchos. En el centro, las mesas que tanto saben de ajedrez, damas, dominó, brisca, ronda o julepe, y a los lados, la historia taurina de una Granada que ya no volverá, pero que se resiste a ser arrumbada en un trastero de la desmemoria. Fotos y carteles testigos mudos de interminables charlas en torno a la faena de Miguel Montenegro aquella tarde en Madrid, o su campaña como banderillero en tierras hispanoamericanas, donde era idolatrado. Igual de su hermano Curro, que una vez vestido el oro, no lo cambió por la plata, aunque jamás se desconectó del toro y su mundo.
EL ESCUDO INSIGNIA
Ahora que la centenaria sede se declara en ruina, los “Montenegristas” se han buscado la forma de seguir con la llama viva de su afición, y se trasladan a un viejo local conocido de todos ellos, emplazado en la cercana calle del Apóstol Santiago, frente al convento del huerto de los olivos y la virgen de la amargura. Continúan con su escudo anagrama, que por su estilo y estética, es un auténtico barómetro de la época fundacional, adherido a los cristales de sus balcones, que también fue orgullosa insignia para presumir de ella en la solapa, en la que no falta la efigie alhambreña, mascarón de proa del sentir granadino. En los años de las fatigas, nació ésta que ahora es la decana de las peñas taurinas de Granada, con unos socios que para demostrar su alto nivel adquisitivo en tiempos, dejaban aparcada en la puerta su flamante, Veloxoles Orbea, aquella criatura con las maniquetas de los frenos hacia dentro, y diminuto motor en la rueda delantera con mezcla por combustible, que tanto diferenció ya, a la sociedad bicicletuda de posguerra, con la que empezaba a ver la luz, a base de no dar a los pedales, algo que para entonces ya era un lujo. Lo mismo que los que podían permitirse, las modernas abrazaderas para que el pernil del pantalón, no rozara con la cadena manchándose de grasa, porque los no pudientes, se lo pegaban al tobillo con una pinza de la ropa. Eso, y un cigarro de repuesto en la oreja, eran sinónimo de un estatus diferente en la Granada de las hambres, cuando los que querían ser toreros, se tenían que ir por la noche a torear al matadero, las reses que se iban a sacrificar por la mañana. José Julio Granada, fue de los últimos en hacer eso. Que diga él si miento.
Tito Ortiz.-
El Club Hermanos Montenegro, la decana de las peñas taurinas de Granada, cambia de domicilio.
En sus paredes se cuelgan las dos orejas y el rabo de “Islero”, el toro que mató a Manolete.
Nació en los años cuarenta para reunir a los aficionados a favor de Curro y Miguel Montenegro, frente a los que optaban por Rafael Mariscal.
En el corazón del Barrio del Realejo, entre los bares, “El Romeral “ y “El Sota”, en la corta calle Honda, frente a la plaza de Fortuny, en plena posguerra española, nace por entonces el Club Hermanos Montenegro, para reunir a los aficionados taurinos que en la época, optaron por éstos chavales que surgieron de la extinta escuela del club Taurino, y que en su momento, pusieron el cartel de no hay billetes en plazas como la de Carabanchel, cuando al más puro estilo Berenjeno Motrileño, por la tarde se toreaba y por la noche se boxeaba en el mismo ruedo.
De sus paredes cuelgan los trofeos más preciados cortados en tardes de éxito clamoroso, como los apéndices de “Islero” de la ganadería de Mihura, que le llevaron a la enfermería al califa “Manolete”, la tarde del 28 de Agosto de 1947, cuando herido de muerte, iba soltando gota a gota sobre una palangana en el suelo, la sangre transfundida de un policía nacional granadino, que fue el primer voluntario en la plaza, para darle vida al que la perdía sin remisión. Fotos inolvidables hay en sus paredes, del mejor ambiente taurino granadino de todos los tiempos, con personalidades de todos los ámbitos, que hicieron grandes las interminables tertulias del antiguo número cinco, hoy 24 de la calle Honda del Realejo. Los “montenegristas”, siempre fueron gentes de gran humor y bondad, que recibieron con los brazos abiertos en su sede, a todo el que de buen talante, quiso coincidir o disentir desde la educación, en el valor de la particular tauromaquia, de los hermanos Montenegro.
LAS PATAS
Se distinguen entre las fotos y carteles irreemplazables, unos trofeos que hace años se dejaron de cortar por cuestiones de higiene, son las patas de los astados, que por entonces era el máximo trofeo que se podía otorgar en una faena, y que una vez desecado, se posaba sobre soporte de madera barnizada a modo de trofeo inalcanzable para muchos. En el centro, las mesas que tanto saben de ajedrez, damas, dominó, brisca, ronda o julepe, y a los lados, la historia taurina de una Granada que ya no volverá, pero que se resiste a ser arrumbada en un trastero de la desmemoria. Fotos y carteles testigos mudos de interminables charlas en torno a la faena de Miguel Montenegro aquella tarde en Madrid, o su campaña como banderillero en tierras hispanoamericanas, donde era idolatrado. Igual de su hermano Curro, que una vez vestido el oro, no lo cambió por la plata, aunque jamás se desconectó del toro y su mundo.
EL ESCUDO INSIGNIA
Ahora que la centenaria sede se declara en ruina, los “Montenegristas” se han buscado la forma de seguir con la llama viva de su afición, y se trasladan a un viejo local conocido de todos ellos, emplazado en la cercana calle del Apóstol Santiago, frente al convento del huerto de los olivos y la virgen de la amargura. Continúan con su escudo anagrama, que por su estilo y estética, es un auténtico barómetro de la época fundacional, adherido a los cristales de sus balcones, que también fue orgullosa insignia para presumir de ella en la solapa, en la que no falta la efigie alhambreña, mascarón de proa del sentir granadino. En los años de las fatigas, nació ésta que ahora es la decana de las peñas taurinas de Granada, con unos socios que para demostrar su alto nivel adquisitivo en tiempos, dejaban aparcada en la puerta su flamante, Veloxoles Orbea, aquella criatura con las maniquetas de los frenos hacia dentro, y diminuto motor en la rueda delantera con mezcla por combustible, que tanto diferenció ya, a la sociedad bicicletuda de posguerra, con la que empezaba a ver la luz, a base de no dar a los pedales, algo que para entonces ya era un lujo. Lo mismo que los que podían permitirse, las modernas abrazaderas para que el pernil del pantalón, no rozara con la cadena manchándose de grasa, porque los no pudientes, se lo pegaban al tobillo con una pinza de la ropa. Eso, y un cigarro de repuesto en la oreja, eran sinónimo de un estatus diferente en la Granada de las hambres, cuando los que querían ser toreros, se tenían que ir por la noche a torear al matadero, las reses que se iban a sacrificar por la mañana. José Julio Granada, fue de los últimos en hacer eso. Que diga él si miento.
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