jueves, 24 de marzo de 2011

CULPABLES DE LA CRISIS

CULPABLES DE LA CRISIS

Tito Ortiz.-

Quien con la que está cayendo, todavía no se haya dado cuenta de que el mundo está regido por la economía y no por la política, es que no es de éste globo terráqueo. Ni dictaduras ni democracias tienen nada que hacer, ni que decir, en torno a la forma de vivir, la libertad y la igualdad. De lo contrario, la riqueza no estaría en el veinte por ciento de la población, y el ochenta pasando hambre, o muriéndose por miles a diario, por no tener lo básico para vivir, que es un plato de comida y un vaso de agua.
Los sistemas políticos, no son más que conejillos de indias en manos de las multinacionales, que mueven los hilos en función de sus intereses económicos, y que les permiten creerse que mandan en sus gobiernos y en sus pueblos, para que el auténtico poder que es el económico, permanezca agazapado en sus grandes mansiones, dirigiendo el mundo hacia donde ellos quieren. Unas veces se hace una guerra para dar salida al estocaje de armamento, para que la industria bélica no decaiga. Otras no se reparten medicamentos genéricos entre los más pobres, o no se les facilita gratis a los africanos la vacuna del VIH, y así vamos descendiendo el censo de población, a base de muertos en las trincheras, o en los hospitales de la sabana. Si no les hacemos llegar el agua potable, pues más muertos y todos tan felices.

Todo esto depende de unos yupis que a bordo de su jet privado, en buena compañía, mejor champagne y superior caviar, desayunan en Londres y cenan en Nueva York, para estar por la mañana en Wall Street, jugando con el dinero de todos a la ruleta rusa. En una parte del mundo, producen por su capricho alpargatas para todos hasta inundarnos. En la otra, mantienen el barril del crudo a precios desorbitados, para que rechinemos los dientes cada día al llenar el depósito, pero eso sí, gastando de más nuestro dinero, ellos no arriesgan nunca el suyo, nosotros no importamos, nosotros sólo pagamos. Son herederos de grandes fortunas que ellos siguen aumentando a costa de nosotros, sin importarles que los niños mueran de hambre, o que los desahuciados sociales que viven en las calles entre cartones, hayan aumentado en el mundo un treinta por ciento en el último año. Para hacer esto más divertido, mantienen el negocio de la droga sin erradicarlo, el tráfico de armas, el de mujeres, el de niños, y últimamente, hasta el de órganos. No conocen la moral, ni más ley que el dinero que ellos amasan mientras esa actividad cuesta millones de vidas humanas.

Pero cuando se equivocan, la cosa tiene su gracia, porque hacen aparentar, que ellos son inocentes, que los que en realidad se han equivocado, han sido los políticos, con lo cual, le echan a la sociedad encima, para que sean éstos los que solucionen el desaguisado de una crisis, que sólo los economistas y las grandes fortunas, han provocado. En nuestro país tenemos una buena muestra de esto. La burbuja inmobiliaria, auspiciada, animada y amparada por constructoras e inmobiliarias sin escrúpulos, y bancos insaciables, que incluso te daban más dinero del que te correspondía para la hipoteca de tu casa, con tal de colocar pasivo y cobrar intereses de por vida, al llegar el momento de la crisis, el gobierno, antes de socorrer a los pobres paganinis, dependientes de una nómina mileurista, lo primero que hizo fue poner dinero de nuestras arcas a disposición de bancos y cajas, no fueran a quebrar, porque entonces nos salíamos del sistema. De su sistema, del sistema de los mercaderes de siempre, que además para éstas ocasiones, se inventan estudios sesudos y concienzudos de grandes economistas, que nos meten las cabras en el corral, camuflados en grandes y prestigiosas multinacionales de la macroeconomía, que manejadas por ellos, nos dicen que no podemos ganar más, que nos tenemos que congelar los sueldos, que otros se los tienen que bajar, y ellos mientras, muriéndose de risa, de ver como han vuelto a salirse con la suya, asustándonos, empobreciéndonos, y manteniéndonos bajo la suela de su bota, mientras ellos vuelan cada vez más alto, permitiéndoles creer a los políticos, que mandan algo, y que el mundo está en sus manos, cuando siendo del partido que sean y del color que sean, son los políticos los primeros asalariados, de estos yupis universales, que hacen con nosotros lo que quieren, pero eso sí, si hay que reclamar a alguien, ya se encargan ellos de que sea a los políticos, que para peor pronóstico, se creen que esto lo solucionan ellos con sus reformas. ¡Pa morirse, vamos!.

viernes, 18 de marzo de 2011

Huérfano, hata de dios

HUÉRFANO, HASTA DE DIOS

Tito Ortiz.-

Mi orfandad comenzó antes de nacer. No llegué a tiempo de conocer a mi abuelo materno, Rafael Rubio, director del banco Hispano Americano en la postguerra. Un sevillano castizo, de enormes cualidades humanas, que utilizaba capa española y sombrero andaluz, con el porte señorial de la época, y al que –según mi abuela Juana y mi madre – me parezco en mucho, y a veces en todo. No superaré nunca, que me hayan faltado siempre sus caricias y caprichos, porque como buen abuelo, seguro que me habría consentido y mal criado. Mi niñez de monaguillo de misa en latín y de espaldas a los fieles, me la comenzó a arreglar Juan XXIII, y su Concilio Vaticano II, pero sus sucesores se han encargado de que aquello quede en agua de borrajas, y por lo tanto, hace años que me quedé huérfano de iglesia instituida, que no de fe en Jesucristo. Mi paso por los Escolapios con una mala experiencia, bastó para que emergiera mi pose anticlerical que me llevará a la tumba. Los primeros desengaños amorosos, me dieron un mazazo de realidad en pareja, haciendo crecer el escepticismo, que al día de hoy no me abandona. Ya tengo un máster en segundas oportunidades. Va para dieciséis años, que dios en su infinita misericordia, me dejó huérfano de padre, pero recreándose en la suerte. Me introdujo el estilete en el quinto espacio intercostal, girándolo de un lado a otro para hacer más daño, mandándole a mi progenitor, tres tipos de cánceres diferente a la vez, llevándoselo en un santiamén – quiero pensar que a su presencia – en el momento en que yo más lo necesitaba, pues ya estaba empezando a comprenderlo y a identificarme con él en todo. Mi descendencia es generosa en sobresaltos, de tal manera, que estoy condenado de por vida a una perpetua vigilia, que me está consumiendo por dentro. Por lo tanto, soy huérfano también de toda esperanza.

La amistad, tantas veces confundida con los conocidos, me dejó huérfano de confianza en las personas, temeroso de entregar algo que nadie aprecia, o tal vez, ni siquiera necesita. Quién tiene un amigo, tiene un tesoro, pero a mí me gustaría tener más. Persigo la felicidad sin saber lo que es. A veces tengo miedo de convertirme en Fernando Fernán Gómez, a quien tuve el honor de entrevistar en cierta ocasión, cuando el artista estaba en plena madurez de existencia y arte, y al preguntarle ingenuamente si era feliz, me contestó solemnemente que no, y que no le hacía ninguna falta. Aquello todavía no lo he superado. Es uno de esos jirones que un periodista se va dejando en el camino de la profesión, que en aquel momento casi tomé a chacota, pero que con el tiempo, me viene a la mente con el semblante de un jinete apocalíptico. Persona a la que yo tanto admiraba, sobre algo tan fundamental, me había espetado algo que nunca me podía imaginar, viniendo de un ser con tanto éxito.

En la política, tomé como referente y guía a, Alfonso Guerra. Un hombre culto y sabio, que promulgaba unas ideas con las que yo estoy absolutamente de acuerdo, y que a base de llamarle al pan pan y al vino, vino, un sector de su partido ordinariamente oportunista, con la inestimable colaboración de sus propios hermanos, consiguió depurar hasta la laminación, dejándolo prematuramente, en la cuneta de una democracia que lejos de amortizarlo, lo ha fagocitado, con la intención de echar hormigón sobre una ideología y un lenguaje, que en los tiempos que corren, se hacen imperiosamente más necesarios que nunca. Pero el aparato, prefiere morir de inanición política, desoyendo a la calle y a las bases, antes de reconocer, que la solución está todavía dentro de sus filas. No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere oír. Un sucedáneo llamado felipismo, que al final renegó de su líder, se ha adueñado de su propia mediocridad circundante, para que partiendo de la nada, hayamos alcanzado las más altas cotas de la miseria, como ya dijo un señor que fumaba grandes puros y se pintaba un bigote postizo. Anclados en el ayer y sin ideas, el futuro ya no existe. Mi orfandad política es notoria.

La independencia se paga, y yo bien que lo sé. Ejercer el periodismo de manera que, uno se acerque todo lo posible a la honestidad y a la moral, tiene un coste alto, o muy alto. No salir de copas con los que están de moda en el poder, tener conciencia social, estar más cerca de lo que ocurre en la calle, que de lo que se cuece en los despachos, me ha convertido en un personaje incómodo, que dice lo que piensa, y del que nadie con poder se fía, hablemos del ámbito público o el privado. Así que también estoy huérfano de cualquier respaldo, soy una diana fácil, sólo me mantiene en pié el trabajo duro y diario, la credibilidad de mi producto, mi inquebrantable lealtad a los que confían en mí, y la esperanza de que al terminar la jornada, podré hablar con Duke, mientras él me escucha pacientemente, miccionando sobre las farolas, o agachándome a recoger sus detritus, con la bolsa negra can del mercadona.

Y por si faltaba algo, cuando ya en la madurez de mis días había alcanzado cierto grado de optimismo, se muere mi referente, mi guía, el único ser en el que creía a pies juntillas. José Saramago me ha dejado huérfano de luz, sin parámetros en la tierra. Lo mío es una interminable noche en tinieblas, sin que pueda albergar la ilusión de un amanecer moderadamente ilusionante, que tampoco es pedir tanto, ¿no?. Ya lo dice la letra de ese cante jondo inmortal: Voy tirando piedras por la calle, y al que le dé, que perdone. Tengo mi cabecita loca, de tantas cavilaciones. Creo que estoy huérfano, hasta de dios.

jueves, 17 de marzo de 2011

FLORA

FLORA

Tito Ortiz.-

Mis ojos de niño, recuerdan aquella vieja televisión Vanguard, con estabilizador en la pequeña repisa baja, que tardaba una eternidad en encenderse, pero que cada tarde, disciplinadamente a la misma hora, me obligaba con el pan y el chocolate en la mano, a sentarme en el suelo para dejar el sofá a los mayores y verla a ella. No sé por qué, aquella mujer de curvas pronunciadas y arrebatadoramente femeninas, con voz personalísima, ojos enormes y simpatía a raudales, me había ganado para siempre, y como imantado, no me perdía ni un solo instante de la famosa “ Casa de Los Martínez”. Faltaba un año para que Massiel ganara Eurovisión con el La la lá del Dúo Dinámico, cuando aquella criada metida en la piel de Florinda Chico, hacía pareja de chachas con Rafaela Aparicio. Ahí comencé a interesarme por su carrera, indagué en su recorrido artístico, y así, hasta hace poco, que ha hecho mutis por el foro.

En la distancia, me enteré de que en los años cuarenta, había hecho las mejores revistas en Madrid, junto a mis ídolos, Zorí, Santos y Codeso, y en la Compañía de Celia Gámez, pero lejos de encasillarse, Flora, como gustaba que la llamáramos en la intimidad, abarcaba todos los registros de la escena. En los cincuenta, María Fernanda Ladrón de Guevara, se fija en ella, y la sumerge en los secretos del drama teatral, cosechando éxitos clamorosos escritos por Gala, Arniches o el mismísimo Valle-Inclán. Cría Cuervos, de Saura, o La Casa de Bernarda Alba, de Mario Camus, son sólo dos obras maestras de su interpretación legada en el celuloide, para quién quiera aprender, como sus grabaciones radiofónicas, formando parte del cuadro de actores de Radio Madrid. En definitiva, un animal de la interpretación, que dominaba todos los registros y todas las técnicas, que arrancaba del público lo mismo una carcajada que un llanto. Flora era de esa hornada irrepetible, nacida en la Extremadura de los tiempos del charlestón, y que desde su Don Benito natal, conquistó como tantos ilustres de sus paisanos, la tierra por donde pasó.

Quizás pocos sepan, que el modisto de Flora está en Granada. Miguel, del Hit Parade, en la calle de Las Moras, la vistió durante decenas de años, y de ahí su amistad franca con ella y su inseparable Santos Pumar. Un día me llamó Miguel y me dijo, Tito quiero que me presentes un desfile de modelos en Los Jardines Neptuno. Yo le dije que sí y a continuación me comunicó quién iba a ser mi partenaire: Nada menos que la sin par, Florinda Chico. No recuerdo haber disfrutado más que en aquellos días. Antes del desfile, con los preparativos y los ensayos. Durante el pase de los modelos, yo hubiera pagado por estar allí junto a Flora, impregnándome de su saber, de su arte, de su simpatía, de su perfume, y de su saber estar, que me encandiló para siempre y me rindió a sus pies. No se puede ser más mujer, mas artista, y más compañera cómplice en un escenario. Jamás podré olvidarlo, como la cena que siguió al evento, en la que todos distendidos y celebrando el éxito de la colección de Miguel, brindamos por el regreso rápido de Flora a Granada. Pasaron los años y yo seguía el rastro de sus éxitos, hasta que un Lunes Santo, acompañando a Paco Carrasco, al frente de los costaleros nazarenos bajo la Virgen de La Amargura, al pasar por la puerta forjada de la Calle Oficios, me deslumbraron dos ojos como dos soles en la noche. Allí, entre la gente oculta para no ser reconocida, acompañada por Miguel y santos junto a otros amigos, estaba Florinda Chico. Le dije a carrasco que para el paso que iban a hacer una llamada muy especial. Paco echó el trono a tierra. La cogí de la mano y comenzó a llorar como una niña, mientras la acercaba al frontal del paso. Carrasco dio la llamada de rigor, y cuando mi mano puso la suya sobre el llamador de plata de la Virgen de Las Comendadoras, me aparté para que suyo fuera el momento. El golpe seco se escuchó en toda la Gran Vía, y al unísono, casi cuarenta costaleros levantaron al cielo el paso, abriéndose más todavía los ojos de Florinda Chico, que pronto volvieron a inundarse de lágrimas. Cuando me acerqué a darle un clavel blanco de una de las jarras del costero, me apretó la mano con tanta fuerza, que era imposible soltarme, su mirada me taladró hasta el tuétano, y comenzó de nuevo a llorar. Le besé la mano, me soltó, y hasta hoy, que ya está cada vez más cerca la nueva salida de La Amargura a la calle, no me he atrevido a contar la historia. Si estuviera viva, seguramente no lo hubiera revelado jamás, pero ya que no me la puedo encontrar por cualquier esquina este Lunes santo, quiero dejar constancia, de que aquel gran corazón extremeño que dominó la escena, sentía un fervor encomiable por la granadina virgen de La Amargura, que al igual que Morente, jamás hizo bandera al viento de tan íntimo sentimiento. Cuando éste nace del corazón, jamás se hace acompañar de altavoces y alharacas.

lunes, 21 de febrero de 2011

El top less diario del Informativo

EL TOP LES DIARIO DEL INFORMATIVO

Tito Ortiz.-

En esa carrera silente, sin prisa, pero sin pausa, que la televisión privada en éste país, lleva por destruir los géneros periodísticos, y convertir los programas en general, en unos cajones de sastre donde todo quepa, como un cúmulo de variedades arrevistadas, en el que poco importa la ética o el código deontológico. En esta guerra de las televisiones privadas por la audiencia, por muy honorable que sea el periodista jefe de informativos, se abre paso con diligencia, prestancia y destreza, el abominable “todo vale”, sin respetar reglas elementales nunca escritas de la profesión periodística, o dando puntapiés a libros de estilo, recomendaciones de compañeros/as ponentes en congresos profesionales, o simplemente, a lo aprendido en la facultad, que se supone nos habilita para trabajar en ésta profesión, cada vez más difusa, que admite con horrorosa pasividad, el intrusismo de autoproclamados “periodistas”, que a diario nos remueven las tripas y las conciencias, entre belenes y campanarios.

Gracias a los/as periodistas de los medios públicos, - y otras honrosas excepciones - la profesión de informar no se ha convertido ya en una ramera sin esquina, pero con Internet, donde hacer cada uno de su capa un sayo, y defender hoy una idea, y mañana la contraria, sin que se le caiga la cara de vergüenza. Todo lo contrario, cobran por ello y cifras millonarias, pues casi me da un síncope, el día que me enteré que la llamada “princesa del pueblo”, gana más en la tele de “las mama chicho”, que el mismísimo presidente del gobierno. Cuando semejante disparate se permite en éste país, es que algo va mal, bueno yo diría que rematadamente mal. Cada vez que uno de éstos descerebrados expulsados de “Gran Hermano”, se autoproclama en un plató “periodista”, me dan ganas de quemar el carnet de la Federación de Asociaciones de La Prensa de España, y dedicarme a la venta ambulante de enciclopedias impresas en papel de unos cincuenta tomos, que me parece algo con más futuro. Pero es peor observar, como aprovechándose del horario y credibilidad de los informativos públicos, basados en el trabajo bien hecho de muchos años, los informativos de telecinco y antena tres, compiten en zafiedad, incultura, sexismo, y todo en horario infantil. En los últimos tiempos, los editores de tan “competentes” informativos, no dudan en incluir señoras medio desnudas o del todo, junto con los atentados terroristas, o la última bronca en el Congreso, entre Zapatero y Rajoy. Cuesta trabajo creer como, un hasta ahora considerado compañero responsable, hablo de Pedro Piqueras, incluye en la edición que él mismo presenta, a la novia de Ronaldo durante varios días seguidos, por el sólo hecho de serlo, no porque sea noticia, sino porque la criatura es una modelo brasileña de 22 años, que desfila en top less, o de espaldas, desnuda que es más sugerente. Las componentes de un calendario de partes pudendas, o los clásicos bomberos de villaconejos, que desnudos y bajo sus mangueras, decoran los muertos en atentados islamistas del día, las revueltas en África, los fallecidos en accidentes de tráfico y el último crimen de violencia machista. Ésta es por lo visto, la última moda de unos informativos televisivos, que se van convirtiendo en una sección más de la crónica rosa, con tal de sumar audiencia, en un descarado y poco ético, “todo vale”. No lo hace mejor la jefa de informativos de Antena tres, Gloria Lomana, que salpica su edición también, con algunos senos desnudos de atractivas criaturas, tangas de moda, e insinuantes curvas, todo en pos de una flagrante frivolidad, manipulando el desnudo preferentemente femenino, como atractivo de unos informativos, que a veces son aburridos y poco trabajados.

Que un Urbaneja senil, abra campaña contra, Sara Carbonero, no deja de ser una anécdota. Triste, pero anécdota al fin y al cabo, pues todos los compañeros sabemos de ese gran talante por la igualdad, del que el vetusto periodista ha hecho gala siempre, amparando a Magis Iglesias, en masacrar una decisión adoptada por la asamblea soberana en Zaragoza, que la anterior presidenta de los periodistas españoles se pasó por las ingles. La actual, Elsa González, reacciona siempre tarde, pero como mujer, primero y presidenta de todos los periodistas españoles después, ya debería salir a la palestra, y poner orden en éste tutum revolutum, en el que las mujeres siguen siendo floreros para conseguir audiencia. A éste paso, terminaremos por desnudar a las presentadoras, prenda a prenda, conforme avancen las noticias, al más puro estilo país del Este, o estriptis de la sala Bagdad. Si el desecho social que representan los colaboradores y presentador de Sálvame, adquiere cada tarde la categoría de periodismo de actualidad, y los informativos de las dos cadenas privadas de mayor audiencia, incluyen en su edición habitual, señoras semidesnudas, o caballeros sin pelo en el pecho, por el sólo hecho de poner un pico de audiencia en sus medidores, en poco tiempo, va a ser más fácil encontrar una ganadería de reses bravas en Marte, que un/a periodista honesto/a y profesional, editando un informativo de televisión. Yo ya no sé si soy uno de los nuestros.

Ir a la oficina

IR A LA OFICINA

Tito Ortiz.-

Subió precipitadamente las escaleras, abrió la puerta y quitándose la gabardina gris perla casi blanca, estilo Colombo, gritó hasta el comedor:
 ¡Perdona Matilde, es que me he entretenido sin darme cuenta en la oficina!. Una voz femenina al otro lado del pasillo, farfulló algo ininteligible y le dijo que se calentara la cena.
Al día siguiente, como tocado por un resorte y coincidiendo con la hora del aperitivo, su voz con tono de sorpresa al recordar un olvido dijo:
 ¡ Matilde, no sabes como lo siento, pero tengo que ir urgentemente a la oficina, porque me he dejado encendido el calefactor de los pies!.
Matilde, sin oírlo, siguió viendo el único telediario en blanco y negro de, Pedro Maciá, más conocido entre las españolas de la época como “el telebombóm”, y ni siquiera contestó. Ella desconocía que “La Oficina” a la que se refería su marido, no era en la que trabajaba, sino, en la que bebía, pues se trataba de un muy acreditado bar, de original cocina – ahora se diría de autor- que regentado por una familia amabilísima, de hijos encantadores, pronto se vio truncada por el fallecimiento de la esposa, que había sido el alma máter de los fogones, con tapas tan originales como sus famosísimos “Cupidos”, que no eran más que unos filetitos de corazón de pollo, pinchados en un palillo de dientes y aliñados con las especias de los clásicos pinchitos morunos, que estaban para chuparse los dedos, y que nunca más he visto en otra taberna, a pesar que de esto hace ya cuarenta años.

La oficina se llenaba sobre todo, cuando cerraba “Calzados Salas”, que llegaba hasta la otra esquina de la calle, y que Francisco Reinoso, regentaba como eficiente encargado de don Eduardo. Era Reinoso Delegado del Colegio de Árbitros de Fútbol granadino, y la primera reunión de colegiados e informadores con su responsable, se llevaba a cabo en ésta peculiar oficina, en la que fichaban puntualmente trencillas como Montes Espigares, Olalla, Hernández Gómez, Girón Cuesta, Alba Tercedor, Ortega López y tantos inolvidables del arbitraje futbolero, que los Lunes, antes de entregar las actas del Domingo, comentaban, tanto el arbitraje del Granada en primera división, como espejo en el que había que mirarse, ante monstruos que venían a pitar a Los Cármenes, como Juan Gardeazábal, Guruceta, Franco Martínez, Ortiz de Mendíbil, o en los últimos años, una joven promesa llamada Merino González, que el tiempo se encargaría de difuminar. En la oficina se vivió el cambio de la amonestación verbal a la tarjeta amarilla, que primero fue blanca. Del vocinazo... ¡A la caseta a ducharte ! como expulsión, a la silenciosa tarjeta roja. Allí pasó la moda de la camisa blanca con el cuello por fuera y la chaquetilla negra con pantalón corto de sastre, al cómodo jersey de punto y los pantalones de deporte. De las botas cuya sujección consistía en tiras horizontales de material con puntillas en la suela, a la aparición de los tacos, del silbato de tren a los modernos pitos de bolita de corcho en el interior, hechos de plástico negro. En La Oficina, entre tinto Del Lugar y boquerones en vinagre, cambiamos la vieja maleta de madera para ir a arbitrar, por la moderna bolsa de deportes. Y al son de... tres con las que saques; o entre tres, siempre pido cinco, porque todo se pagaba por el perdedor a los chinos, se vivió en nuestra añorada oficina, la revolución y modernización del arbitraje español, a pesar de que nosotros seguíamos arbitrando sin fuerza pública, en Churriana, mientras con el partido empezado, “Caldereta” iba poniendo las redes y pintando el punto de penalti donde dios le daba a entender. En los Mondragones, sin redes y sin cal en las líneas, y sin jueces de las mismas, con lo que el fuera de banda o de fondo era una ruleta rusa. Del fuera de juego ni hablamos. En la Zubia con el lateral del campo en cuesta abajo y desnivel del 40 por ciento, y en el José Carmona, esperando que un alma caritativa trajera de la calle o del contiguo campo de siembra el balón, porque un voleón lo había sacado de las instalaciones, y no había más que ese para jugar. Reinoso, con la chaqueta abierta mostrando la corbata, y las manos aferradas a las solapas, escuchaba las batallitas de sus colegiados, ponía paz en los comentarios contradictorios, recordaba el reglamento de Escartín, y pronosticaba que el Domingo siguiente, Sánchez Cazorla saldría escoltado por la Guardia Civil del Campo de Olula, bajo una lluvia de cascotes de mármol, que es lo que se estila en aquella tierra, cuando un árbitro tiene, lo que tenía Vicente entre las piernas, y que no todos los que vestían de negro llevaban a los partidos. Al mismo tiempo, sin perder una palabra de la conversación, Pepito Peña, se jugaba la revancha con Orellana Nieto, yendo de mano, pidiendo tres y llevando blanca, Peña es un valiente, lo fue siempre. Y en la Oficina de la calle Bodegones, seguía corriendo la cerveza del tonel de madera, el tomate aliñado y las gambas a la gabardina. Si la cuenta era muy copiosa, se pagaba entre dos o tres, porque decía Cueto, que mejor tres heridos que un muerto. Ramón García el maestro de escuela, daba fe de todo y mandaba que llenaran sin perder comba. Aquella si que fue una oficina, y no lo que ahora se conoce como tal. ¡Oído cocina!... marchando una de chopitos plancha, que ha vuelto a perder a los chinos, Ortega López. Pepito, tres con las que saques.

martes, 18 de enero de 2011

DE SAN PEDRO A SAN JOSÉ

DE SAN PEDRO A SAN JOSÉ

Tito Ortiz.-

Cuando menos nos demos cuenta estaremos en cuaresma, y en un soplo, será lunes santo. Pero éste se diferenciará del pasado, en que no tendrá a Enrique Morente cantando en el patio de Las Comendadoras de Santiago, una versión personal y sublime de la marcha “Amarguras” de Font de Anta, acompañado de toda su familia y amigos. El viejo convento de Las Comendadoras, abierto en vértice a la calle de Santiago, no podrá gozar de la creación libre y espontánea de un genio del flamenco de todos los tiempos, que metió como nadie los ayes jondos, entre las cinco líneas de los pentagramas más clásicos e ilustrados. Jamás volveremos a vivir- los que hemos tenido el privilegio de hacerlo- esas íntimas llamadas de los capataces a sus costaleros, en el kilómetro cero del granadino camino de Santiago, comprobando como llevan el compás de la saeta “morentiana”, el olivo trasplantado a la cañonera, desde la finca de Los Mora, o los borlos de las caídas del palio azul amargura. Los Morente Carbonell, cofrades de lujo de un barrio del Realejo, que los mima con cariño, son siempre generosos con las buenas gentes del Huerto de Los olivos, acogedoras y cariñosas, que desde el primer momento han sabido valorar en toda su magnitud, la entrega del inolvidable cantaor, su mujer e hijos, a ésta advocación a la que, no sólo han hecho donaciones importantes desde el más estricto anonimato, sino que en los últimos años, han entregado lo mejor de su creación artística, haciendo de los regresos al templo por la calle del apóstol mata moros, instantes irrepetibles, que sólo los elegidos han podido gozar en plenitud de los sentidos. Penitentes, costaleros y camareras de La Amargura, forman junto a Los Morente, una piña cofrade en abrazo de Hermandad, fuera de oportunismos, novelerías, o fotos para el papel couché. Lo suyo es una militancia cofrade sincera, nacida del corazón y siempre vivida fuera de los focos, dando una imagen ejemplarizante, de seres humanos sencillos, que viven su fe y amistad, en el círculo de sus afines, sin pretender trascendencia pública, de lo que es su inviolable intimidad humana.

La primera noche que escuché a Morente cantar una saeta, era muy avanzada la madrugada del Viernes Santo, y junto a unos amigos, nos habíamos apostado en el paredón que continúa a Los grifos de san José, frente a la Iglesia del campanario mudéjar, en el espacio que los albaycineros siempre hemos llamado, la Placeta de Doña Pura, porque allí estaba el colegio donde muchos de nosotros aprendimos las primeras letras en El Catón. Allí, como un ser cerúleo del otro mundo, en la penumbra de las estrellas apagadas, los lirios encendidos y los cuatro hachones humeantes de amarillenta y mortecina luz, unos aguerridos artilleros, de impecable uniforme caqui y acharoladas botas, horadaban la cuesta aproximándose con el Cristo del Silencio muerto hasta la puerta. En ese instante sobrecogedor, el golpe seco del martillo, paró el paso marcial de los portadores, y en su lugar firmes, el Cristo de La Misericordia y nosotros, escuchamos la saeta más hiriente de la historia, de la que no es ajeno Federico, en las cuerdas vocales de un Morente barbilampiño, que partió en dos el velo de la noche albaycinera, de san Pedro a san José, porque los saeteros están ciegos. Jamás ni vivos ni muertos podrá olvidar esos minutos de gloria, en los que todos soñamos en silencio, que estábamos en el paraíso, donde ahora junto a Él mora eternamente. Mi esperanza en que desde allí, le dicte a alguien cercano- tal vez a ¿una Estrella?- lo que de su arte tenía el maestro pensado ofrecer a La Virgen de su Amargura, el día mismo de su coronación canónica, y que un día desayunando solos en el hotel del Puerto de Cartagena, a la espera de su actuación estelar en La Unión por la tarde, me contó como proyecto de incalculable trascendencia, bajo secreto de amistad, pues en ese momento, como en tantos otros, no hablaban un maestro del cante con un periodista aficionado al arte andaluz, sino dos niños de La Calderería, que tantas cosas han compartido en la Cuesta de San Gregorio.

Hay sitios a los que desde que él no está, no he podido volver. Al Bar Provincias, mi antiguo piso de La Calle Concepción, al salón de Caballeros 24, donde inauguramos las actividades de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Granada, que nos encargó Juan José Ruiz Rico, a El Sota, Los Altramuces y La Esquinita. Todavía no he tenido el valor de enfrentarme a su tumba, y eso que está a dos pasos de mi otro admirado “Frasquito Yerbagüena”, tendré que cogerme del brazo de otro de sus amigos, mi hermano Falo, y en su compañía pasar el mal trago, del dolor intenso de su ausencia. Sé que mientras no vaya a su sepultura, puedo albergar la esperanza de que suene mí teléfono, o de vernos por el barrio a tomar un vino, aunque pasen meses y meses, o en La Alameda de Hércules sevillana, en aquella terraza de tantas madrugadas, riéndonos de las críticas de Manolo Martín, o diciéndole a Jesús Antonio Púlpón, en el Pub América del Loco de La Colina, que no volvería a representarlo. De eso ya están hablando los dos, en El Tablao de La Gloria, que un día monto otro albaycinero... Benítez Carrasco

LA HABANA ES CÁDIZ CON..

LA HABANA ES CÁDIZ CON...

Tito Ortiz.-

Uno entra a la antigua sala de conciertos del centro Artístico, Literario y Científico de Granada, y descubre con asombro que, sus paredes se han convertido en una sucesión cromática de claraboyas, a través de las cuales, se nos muestra La Habana señorial de Carlos Cano, con la ternura colonial desvencijada suficientemente, como para crear belleza de la ruina perentoria. Esa paleta riquísima del color más ultramar, es la herramienta con la que el profesor Jesús Conde, emerge desde el ojo de pez a los adentros del alma, para poner de manifiesto, la exaltación colorista del noble desconchón, que una vez fue aristócrata indiano, y que hoy vive la ramplona nostalgia de una revolución caducada, fuera del tiempo y del espacio.
Ante la obra de Jesús Conde, es inevitable la regresión al fin de año de 1959, cuando la voz celestial de Benny Moré, te dejaba a las puertas del Edén, con la esperanza puesta, en un médico argentino que fumaba puros, que además, fue el primero en descubrir que la revolución había fracasado, el mismo día que triunfó, si el futuro dependía de aquel comandante al que tanto cantaron Carlos Puebla y Los Tradicionales. Hiere certero el pincel de Jesús Conde hasta las entrañas del son cubano, olvidando las figuras y encumbrando las fachadas, jugando con las sombras y desdoblando los multicolores soles, para plasmar La Habana en redondo, a modo de circulares contenedores, que espolean el olfato del expectante, con aromas de ron y melaza, al oído del Bayon de Anna, con las curvas sinuosas de Silvana Mangano, o el libidinoso Danzon, mirando absorto los senos de Anne Marget, que se adivinan bajo un jersey a punto de estallar. Los aros en los que, Conde embute La Habana vieja, la nueva y la de siempre, dejan pasar el tiempo trasnochado con proverbial melancolía, de lo que pudo ser y quedó por el camino, anclado en el callejón sin salida de una mente amurallada por el implacable reloj del tiempo. Pero todavía hay vida en esos cuadros redondos, como la Luna de Santiago, a pesar de que Jesús Conde despojó de tópicos toda su obra, y no recurrió ni al fácil Malecón, ni a la Guaracha santiaguera, se ha centrado en las paredes actuales de color hiriente, nacidas del piano sabio proyectado al infinito de Bebo Valdés. Porque si los muros de puertas y fachadas habaneras, no pueden disimular el error histórico de quienes pretendieron seguir un destino a ninguna parte, el piano de Bebo, nos lleva por fuerza a la esperanza más radical y abierta de éste pueblo hermano, al que desprotegimos en su tiempo, y alguna vez deberíamos defender, hasta de algunos de ellos mismos.

El profesor Jesús Conde, ha colgado en el espacio donde Federico- que visitó ese paraíso del Caribe en 1930- pronunció su conferencia sobre el Cante Hondo, el testimonio de una Habana, en la que como ya dijo Antonio Burgos, por voz de Carlos Cano, todos tenemos un amor, y otro en Andalucía. Verán que tengo mi alma en La Habana, no se me puede olvidar, canto un tango y es una habanera, y ahí Conde ha sabido expresar como un directo al mentón, la deuda que todos tenemos con aquella parte del Caribe, que él ya ha comenzado a resarcir, con ésta obra monográfica y compactada, en la que nos ha devuelto parte de nuestra historia, con la técnica del dibujo más exquisito y el color más expresivo. Una vez más, el realismo diluido de Conde, se ha puesto al servicio de un histórico paisaje urbano, que necesitamos para saber de dónde venimos, que fue lo que hicimos, y nos necesita para salir al exterior de un mundo, que a ellos ya les coge con retraso. Hasta el diminuto y deformado, Dámaso Pérez Prado, el genio musical nacido en Matanzas, supo dar sentido a su vida y obra, aunque para ello tuviera que arrancarse el corazón cubano, y trasplantarse en azteca. Pero en esto llegó Jesús, y con sus pinceles, como hiciera Henri de Toulouse-Lautrec en el Molino Rojo de Paris, o el mismísimo Antonio López en La Gran Vía madrileña, ha dado lo mejor de sí mismo y lo ha trasplantado a sus cuadros, que en éste caso concreto son redondos, y como si de un álbum de la historia se tratara, nos ha colgado en la Acera del Casino, un trozo de la conciencia nuestra, a modo de puertas blasonadas, de imperios que ya solo son de los sentidos, donde los amos y esclavos se confunden en el claroscuro de las sombras, y la luz reclama nuestra atención, a modo de encendidas alarmas, con melodías de guaguancó.

Abrid los ojos criaturas de Granada, pues La Habana posa aún en la antigua Manigua desplazada, en versión de Conde Ayala extasiada, para disfrute de los elegidos, solo apta para paladares finos, que huyan de lo rudo y abrupto, sabiendo sacar lo mejor de unas pinceladas doctas, al servicio pictórico de la capital cubana, a modo de aquellos viajeros románticos, o artistas como nuestro paisano inolvidable, Mariano Bertuchi, que tanto hizo porque conociéramos las tierras donde habíamos estado, estábamos y estaremos, porque la historia es eterna, igual que nuestra responsabilidad colonizadora. El verbo se hizo óleo, y Jesús Conde, vuelve a reinar entre nosotros.