LA HABANA ES CÁDIZ CON...
Tito Ortiz.-
Uno entra a la antigua sala de conciertos del centro Artístico, Literario y Científico de Granada, y descubre con asombro que, sus paredes se han convertido en una sucesión cromática de claraboyas, a través de las cuales, se nos muestra La Habana señorial de Carlos Cano, con la ternura colonial desvencijada suficientemente, como para crear belleza de la ruina perentoria. Esa paleta riquísima del color más ultramar, es la herramienta con la que el profesor Jesús Conde, emerge desde el ojo de pez a los adentros del alma, para poner de manifiesto, la exaltación colorista del noble desconchón, que una vez fue aristócrata indiano, y que hoy vive la ramplona nostalgia de una revolución caducada, fuera del tiempo y del espacio.
Ante la obra de Jesús Conde, es inevitable la regresión al fin de año de 1959, cuando la voz celestial de Benny Moré, te dejaba a las puertas del Edén, con la esperanza puesta, en un médico argentino que fumaba puros, que además, fue el primero en descubrir que la revolución había fracasado, el mismo día que triunfó, si el futuro dependía de aquel comandante al que tanto cantaron Carlos Puebla y Los Tradicionales. Hiere certero el pincel de Jesús Conde hasta las entrañas del son cubano, olvidando las figuras y encumbrando las fachadas, jugando con las sombras y desdoblando los multicolores soles, para plasmar La Habana en redondo, a modo de circulares contenedores, que espolean el olfato del expectante, con aromas de ron y melaza, al oído del Bayon de Anna, con las curvas sinuosas de Silvana Mangano, o el libidinoso Danzon, mirando absorto los senos de Anne Marget, que se adivinan bajo un jersey a punto de estallar. Los aros en los que, Conde embute La Habana vieja, la nueva y la de siempre, dejan pasar el tiempo trasnochado con proverbial melancolía, de lo que pudo ser y quedó por el camino, anclado en el callejón sin salida de una mente amurallada por el implacable reloj del tiempo. Pero todavía hay vida en esos cuadros redondos, como la Luna de Santiago, a pesar de que Jesús Conde despojó de tópicos toda su obra, y no recurrió ni al fácil Malecón, ni a la Guaracha santiaguera, se ha centrado en las paredes actuales de color hiriente, nacidas del piano sabio proyectado al infinito de Bebo Valdés. Porque si los muros de puertas y fachadas habaneras, no pueden disimular el error histórico de quienes pretendieron seguir un destino a ninguna parte, el piano de Bebo, nos lleva por fuerza a la esperanza más radical y abierta de éste pueblo hermano, al que desprotegimos en su tiempo, y alguna vez deberíamos defender, hasta de algunos de ellos mismos.
El profesor Jesús Conde, ha colgado en el espacio donde Federico- que visitó ese paraíso del Caribe en 1930- pronunció su conferencia sobre el Cante Hondo, el testimonio de una Habana, en la que como ya dijo Antonio Burgos, por voz de Carlos Cano, todos tenemos un amor, y otro en Andalucía. Verán que tengo mi alma en La Habana, no se me puede olvidar, canto un tango y es una habanera, y ahí Conde ha sabido expresar como un directo al mentón, la deuda que todos tenemos con aquella parte del Caribe, que él ya ha comenzado a resarcir, con ésta obra monográfica y compactada, en la que nos ha devuelto parte de nuestra historia, con la técnica del dibujo más exquisito y el color más expresivo. Una vez más, el realismo diluido de Conde, se ha puesto al servicio de un histórico paisaje urbano, que necesitamos para saber de dónde venimos, que fue lo que hicimos, y nos necesita para salir al exterior de un mundo, que a ellos ya les coge con retraso. Hasta el diminuto y deformado, Dámaso Pérez Prado, el genio musical nacido en Matanzas, supo dar sentido a su vida y obra, aunque para ello tuviera que arrancarse el corazón cubano, y trasplantarse en azteca. Pero en esto llegó Jesús, y con sus pinceles, como hiciera Henri de Toulouse-Lautrec en el Molino Rojo de Paris, o el mismísimo Antonio López en La Gran Vía madrileña, ha dado lo mejor de sí mismo y lo ha trasplantado a sus cuadros, que en éste caso concreto son redondos, y como si de un álbum de la historia se tratara, nos ha colgado en la Acera del Casino, un trozo de la conciencia nuestra, a modo de puertas blasonadas, de imperios que ya solo son de los sentidos, donde los amos y esclavos se confunden en el claroscuro de las sombras, y la luz reclama nuestra atención, a modo de encendidas alarmas, con melodías de guaguancó.
Abrid los ojos criaturas de Granada, pues La Habana posa aún en la antigua Manigua desplazada, en versión de Conde Ayala extasiada, para disfrute de los elegidos, solo apta para paladares finos, que huyan de lo rudo y abrupto, sabiendo sacar lo mejor de unas pinceladas doctas, al servicio pictórico de la capital cubana, a modo de aquellos viajeros románticos, o artistas como nuestro paisano inolvidable, Mariano Bertuchi, que tanto hizo porque conociéramos las tierras donde habíamos estado, estábamos y estaremos, porque la historia es eterna, igual que nuestra responsabilidad colonizadora. El verbo se hizo óleo, y Jesús Conde, vuelve a reinar entre nosotros.
martes, 18 de enero de 2011
martes, 2 de noviembre de 2010
LAMENTO NO EXISTIR
LAMENTO NO EXISTIR
Tito Ortiz.-
Que no es que no lo agradezca, que sí, pero que eso no va conmigo. Me halaga recibir diariamente, unos días con otros, media docena de invitaciones para estar en “Faceboot”, pero es que me parece ya el colmo. Trabajo una media de ocho a diez horas delante de un ordenador, y me cuesta entender como personas en mis circunstancias, son capaces de llegar a casa, y pasarse otras tres o cuatro, contando sus miserias en una mal llamada red social, donde todo el mundo cuelga su intimidad, sus tristezas y alegrías, hasta el punto, que dicen los modernos, que si no estás en una de éstas plataformas no existes, pues lamento no existir, pero con mi negativa a formar parte de la mayoría, creo que intento preservar otro tipo de comunicación humana, que ha dado grandes beneficios a la historia a través de los siglos.
A éste paso, voy a tener que creerme, que sólo el poeta y escritor Antonio Enrique y yo, mantenemos al día de hoy la sana y artística costumbre, de hablar con los amigos por escrito, con pluma estilográfica, papel con membrete, sobre y sello correspondiente de correos, sobre todo ahora que ya no hay que pasar la lengua para pegarlos, pues vienen modernísimamente adhesivos, cual pegatina de la época. Me niego a romper con mi novia por “Email”, citarme para cenar por “SMS”, o mostrar las fotos del tendedero de mi vecina en el ojo de patio comunitario, enseñando sus cazcarrias a los cuatro vientos mundanos de “Flickr”. Vientos cada vez más desvergonzados, soeces, primitivos e ineducados, pues para saber como viene el futuro de la educación y la cultura españolas, no hay más que ver durante unos minutos, - pocos para evitar el vómito -, unas secuencias de “Sálvame”, o “Gran Hermano”. Por esto, porque me gusta hablar mirando a la cara, y no por una diminuta “Wewscam”, porque a base de encerrarnos en el cuarto con el portátil y los cascos puestos, terminaremos convirtiéndonos en asociales, a pesar de que estemos en las redes sociales, y porque con el comprimido lenguaje de las nuevas tecnologías, estamos empobreciendo el idioma más hermoso del mundo, me niego a participar en éste circo del “Tuenti” y pido a voces no ser más invitado, por muy amigo que me consideren, entre otras cosas, porque nunca hemos comido en el mismo plato juntos, y si yo no invito a nadie, no se porque tienen que invitarme a mí.
Que la utilización de las redes sociales es asunto que atrae, a un porcentaje preocupante de desequilibrados, lo aseveran hechos como el que los asesinos en serie, cuelguen sus proclamas en ellas en un alarde de exhibicionismo, profetizando su inmolación al instante. Que exista un delito moderno de pederastia, con todo alarde gráfico del abuso a menores, o que se enseñe como fabricar una bomba, para que sea el último día que al vecino se le ocurre, no dar los buenos días en el ascensor. Toda ésta información y otra mucho peor, está en las “imprescindibles para el ser humano moderno”, redes sociales de Internet. Y no es que antes no existiera ésta información, sino que encontrarla en soporte papel era tan arduo y laborioso, que con el tiempo que se tardaba en encontrarla, a veces con suerte, el delincuente había fallecido de viejo.
Hoy que todo va a velocidad de vértigo, el personal cae en la contradicción más enorme jamás contada. La de formar parte de un gran colectivo social “enredado”, pero sin salir de casa, atrincherado en el cuarto de estar en bata y zapatillas, sino desde la cama, que me parece que es, el síntoma más alarmante del cibernáuta, perdido para la sociedad, la de sentirse parte de un colectivo que se cuenta por miles, actuando en la más absoluta soledad, pero eso sí, en la plataforma del actualísimo, “Twitter”, o del “You Tube”. No tenemos bastante con que el correo electrónico, haya mutilado nuestra capacidad de comunicarnos, o que “chateemos” hasta el amanecer, cuando yo creía hasta ahora, que “chatear” con los amigos, era saborear un buen Ribera del Duero Tinto. Es muy triste hablar o escribir por una máquina portátil, para sentirse parte de una gran sociedad cibernautadependiente. Es una incongruencia de tal calibre, que ya me asusta la última moda. Estamos acabando con la conversación habitual e interesante de la dependienta, a base de comprar desde casa onlaine, lo tienes todo, de marca y de marca blanca, y así no te dan en los tobillos con el carrito, por los pasillos del Mercadona. El ordenador te permite comprarte el chaquetón a la moda, pero sin soportar a tu cuñada, que siempre se empeña en acompañarte, ni al dependiente solícito, que hace que te pruebes el ciento y la madre, aunque tu tienes claro y a la primera, lo que te gusta. Lo último en ordenadores es la pantalla táctil. Un acierto del fabricante, porque a la protección ocular de serie, se le añade toda la pringue de tus dedos, de estar comiendo lomo en orza, y eligiendo el viaje que harás éste verano en vuelo barato, con una compañía que agradecida por comprar el billete por Internet, te obsequiará con una espera de tres días, tirado en el suelo de una terminal cualquiera, gracias a la compra onlaine. Ya sabes paisa... barato, barato, y ni agua que llevarte a la boca, pero eso sí, chateando mientras, con la gente que hace tres días debería disfrutar de tu presencia en el lugar elegido de vacaciones. Pero que más da... donde se ponga una buena pantalla, y un buen ancho de banda...
Tito Ortiz.-
Que no es que no lo agradezca, que sí, pero que eso no va conmigo. Me halaga recibir diariamente, unos días con otros, media docena de invitaciones para estar en “Faceboot”, pero es que me parece ya el colmo. Trabajo una media de ocho a diez horas delante de un ordenador, y me cuesta entender como personas en mis circunstancias, son capaces de llegar a casa, y pasarse otras tres o cuatro, contando sus miserias en una mal llamada red social, donde todo el mundo cuelga su intimidad, sus tristezas y alegrías, hasta el punto, que dicen los modernos, que si no estás en una de éstas plataformas no existes, pues lamento no existir, pero con mi negativa a formar parte de la mayoría, creo que intento preservar otro tipo de comunicación humana, que ha dado grandes beneficios a la historia a través de los siglos.
A éste paso, voy a tener que creerme, que sólo el poeta y escritor Antonio Enrique y yo, mantenemos al día de hoy la sana y artística costumbre, de hablar con los amigos por escrito, con pluma estilográfica, papel con membrete, sobre y sello correspondiente de correos, sobre todo ahora que ya no hay que pasar la lengua para pegarlos, pues vienen modernísimamente adhesivos, cual pegatina de la época. Me niego a romper con mi novia por “Email”, citarme para cenar por “SMS”, o mostrar las fotos del tendedero de mi vecina en el ojo de patio comunitario, enseñando sus cazcarrias a los cuatro vientos mundanos de “Flickr”. Vientos cada vez más desvergonzados, soeces, primitivos e ineducados, pues para saber como viene el futuro de la educación y la cultura españolas, no hay más que ver durante unos minutos, - pocos para evitar el vómito -, unas secuencias de “Sálvame”, o “Gran Hermano”. Por esto, porque me gusta hablar mirando a la cara, y no por una diminuta “Wewscam”, porque a base de encerrarnos en el cuarto con el portátil y los cascos puestos, terminaremos convirtiéndonos en asociales, a pesar de que estemos en las redes sociales, y porque con el comprimido lenguaje de las nuevas tecnologías, estamos empobreciendo el idioma más hermoso del mundo, me niego a participar en éste circo del “Tuenti” y pido a voces no ser más invitado, por muy amigo que me consideren, entre otras cosas, porque nunca hemos comido en el mismo plato juntos, y si yo no invito a nadie, no se porque tienen que invitarme a mí.
Que la utilización de las redes sociales es asunto que atrae, a un porcentaje preocupante de desequilibrados, lo aseveran hechos como el que los asesinos en serie, cuelguen sus proclamas en ellas en un alarde de exhibicionismo, profetizando su inmolación al instante. Que exista un delito moderno de pederastia, con todo alarde gráfico del abuso a menores, o que se enseñe como fabricar una bomba, para que sea el último día que al vecino se le ocurre, no dar los buenos días en el ascensor. Toda ésta información y otra mucho peor, está en las “imprescindibles para el ser humano moderno”, redes sociales de Internet. Y no es que antes no existiera ésta información, sino que encontrarla en soporte papel era tan arduo y laborioso, que con el tiempo que se tardaba en encontrarla, a veces con suerte, el delincuente había fallecido de viejo.
Hoy que todo va a velocidad de vértigo, el personal cae en la contradicción más enorme jamás contada. La de formar parte de un gran colectivo social “enredado”, pero sin salir de casa, atrincherado en el cuarto de estar en bata y zapatillas, sino desde la cama, que me parece que es, el síntoma más alarmante del cibernáuta, perdido para la sociedad, la de sentirse parte de un colectivo que se cuenta por miles, actuando en la más absoluta soledad, pero eso sí, en la plataforma del actualísimo, “Twitter”, o del “You Tube”. No tenemos bastante con que el correo electrónico, haya mutilado nuestra capacidad de comunicarnos, o que “chateemos” hasta el amanecer, cuando yo creía hasta ahora, que “chatear” con los amigos, era saborear un buen Ribera del Duero Tinto. Es muy triste hablar o escribir por una máquina portátil, para sentirse parte de una gran sociedad cibernautadependiente. Es una incongruencia de tal calibre, que ya me asusta la última moda. Estamos acabando con la conversación habitual e interesante de la dependienta, a base de comprar desde casa onlaine, lo tienes todo, de marca y de marca blanca, y así no te dan en los tobillos con el carrito, por los pasillos del Mercadona. El ordenador te permite comprarte el chaquetón a la moda, pero sin soportar a tu cuñada, que siempre se empeña en acompañarte, ni al dependiente solícito, que hace que te pruebes el ciento y la madre, aunque tu tienes claro y a la primera, lo que te gusta. Lo último en ordenadores es la pantalla táctil. Un acierto del fabricante, porque a la protección ocular de serie, se le añade toda la pringue de tus dedos, de estar comiendo lomo en orza, y eligiendo el viaje que harás éste verano en vuelo barato, con una compañía que agradecida por comprar el billete por Internet, te obsequiará con una espera de tres días, tirado en el suelo de una terminal cualquiera, gracias a la compra onlaine. Ya sabes paisa... barato, barato, y ni agua que llevarte a la boca, pero eso sí, chateando mientras, con la gente que hace tres días debería disfrutar de tu presencia en el lugar elegido de vacaciones. Pero que más da... donde se ponga una buena pantalla, y un buen ancho de banda...
CARGADORES
CARGADORES
Tito Ortiz.-
La tecnología nos ha facilitado mucho la vida, pero a la vez, nos la ha complicado sin justificación alguna. Seguramente, muchos de nosotros no concebimos ya el mundo sin un teléfono móvil, algo relativamente moderno, pero que se ha incrustado tanto en nuestras vidas, que parece que nació con el hombre de Cromañón. Tampoco nos imaginamos la vida sin ordenador, y no hace tanto que dependíamos de una máquina de escribir para comunicarnos por correo, y no por Email. Abundando en esto, recuerdo como las multinacionales, se encargaron de esquilmar nuestros bolsillos con la aparición del vídeo doméstico. Primero fue el Betacam, después el 2000, después su prima la pelos, y hasta que unificaron al VHS, hubo casas en las que se almacenaban los reproductores, con soportes incompatibles entre si, con la facilidad con la que un esnof cambia de cocktail. Con la televisión en color ya nos hicieron algo parecido, que si sistema PAL, que si sistema SECAM, que si su primo el berzas, total, que aquí estamos los consumidores para aguantar el chaparron y gastarnos los cuartos, mientras ellos se ponen de acuerdo en unificar el mercado con un solo sistema para todos. Algo que va de “Bar en peor”, como diría el compañero Paco Espínola.
Sin prisa, pero sin pausa, existe un pequeño artilugio, que ha ido conquistando sitio en nuestras casas, incluso en nuestros coches. Se trata del cargador del móvil. Sí, ese imprescindible electrodoméstico, con apenas un metro y pico de cable y dos patillas metálicas, que debemos meter en el enchufe periódicamente, si queremos estar en el mundo y en contacto con los mundanos. En familia de cuatro elementos como la mía –al perro se lo echaremos para los reyes – de momento sólo tenemos cuatro teléfonos móviles, que por deferencia del fabricante, ninguno comparte cargador, con lo cual, poseemos cuatro cargadores distintos, necesarios e imprescindibles, a los que se unen otros cuatro compatibles con el encendedor del coche, así que sólo de móviles ya tenemos ocho cargadores. A estos hay que sumarles otros tres de los ordenadores portátiles, que curiosamente – válgame dios – tampoco son compatibles entre si, así que van once cargadores, más uno del cepillo de los dientes, una docena. Más otro de la maquinilla de afeitar, por cada varón de la familia, (3) hacen un total de quince cargadores distintos e imprescindibles. Le sumamos el del teléfono sin cable de sobremesa (16), más cinco del ordenador fijo (21), y uno del televisor enano de la cocina, veintidós. Y otro de la máquina de fotos, hacen veintitrés, más la de vídeo, (24). A éstas alturas, creo sinceramente que mi casa ha sido tomada al asalto, por la barbarie multinacional, que caprichosa y vengativa, se resiste a unificar modelos de cargadores, de tal modo, que tuviéramos uno compatible con todo, y ganáramos espacio en nuestras casas, porque hay quién como yo, ya tiene dos cajones de la cómoda, repletos de cargadores necesarios para seguir viviendo, pues gracias a los fabricantes, ya no puedo seguir viviendo sin ellos, algo que nunca sospeché que me ocurriría, a no ser que alguien entrara a mi cuarto y se llevara mí póster de Ann Margret, conocedor de que con ésta sencilla acción, estaría poniendo en juego su vida y la de su consola, Playstation, que por cierto también tenemos en casa y por eso ya van, (25) cargadores de nada.
Que clase de enemigo del hombre, es capaz de convertir el hogar familiar en un almacén de cargadores distintos, y lo que es peor, quién confunde nuestras mentes, para olvidar que artefacto corresponde a su artilugio, de tal guisa, que cuando vas al cajón y comienzas a buscar el que necesitas, siempre está el último. Es como abrir una caja de medicinas, siempre lo hacemos por donde está el prospecto. Y ese enredo de cables entrelazados, como si un fantasma se dedicara por la noche a enredarlos entre si, de tal forma, que cuando tiras de un cargador, haces más fuerte el nudo, y... hala, a desenmarañar el embrollo con paciencia mientras juras en arameo. Digo y mantengo, ante dios y ante los hombres, que esto de los cargadores individuales y distintos, para cada aparato que convive actualmente con nosotros, es un invento del maligno, para hacer aumentar las subidas de tensión, infartos, arrebatos de violencia y suicidios en general, de forma que vayamos quedando menos, pues con esto de la crisis permanente, no hay gobierno que resista, ni primarias que no disgreguen a los que hasta entonces, creíamos que eran nuestros compañeros. Es aquí y ahora donde toma cuerpo más que nunca, la frase lapidaria de Luís Cerón... “Compadre, yo ya no sé si soy uno de los nuestros”... ¡ Dios mío, no encuentro el cargador de mi marcapasos!.
Tito Ortiz.-
La tecnología nos ha facilitado mucho la vida, pero a la vez, nos la ha complicado sin justificación alguna. Seguramente, muchos de nosotros no concebimos ya el mundo sin un teléfono móvil, algo relativamente moderno, pero que se ha incrustado tanto en nuestras vidas, que parece que nació con el hombre de Cromañón. Tampoco nos imaginamos la vida sin ordenador, y no hace tanto que dependíamos de una máquina de escribir para comunicarnos por correo, y no por Email. Abundando en esto, recuerdo como las multinacionales, se encargaron de esquilmar nuestros bolsillos con la aparición del vídeo doméstico. Primero fue el Betacam, después el 2000, después su prima la pelos, y hasta que unificaron al VHS, hubo casas en las que se almacenaban los reproductores, con soportes incompatibles entre si, con la facilidad con la que un esnof cambia de cocktail. Con la televisión en color ya nos hicieron algo parecido, que si sistema PAL, que si sistema SECAM, que si su primo el berzas, total, que aquí estamos los consumidores para aguantar el chaparron y gastarnos los cuartos, mientras ellos se ponen de acuerdo en unificar el mercado con un solo sistema para todos. Algo que va de “Bar en peor”, como diría el compañero Paco Espínola.
Sin prisa, pero sin pausa, existe un pequeño artilugio, que ha ido conquistando sitio en nuestras casas, incluso en nuestros coches. Se trata del cargador del móvil. Sí, ese imprescindible electrodoméstico, con apenas un metro y pico de cable y dos patillas metálicas, que debemos meter en el enchufe periódicamente, si queremos estar en el mundo y en contacto con los mundanos. En familia de cuatro elementos como la mía –al perro se lo echaremos para los reyes – de momento sólo tenemos cuatro teléfonos móviles, que por deferencia del fabricante, ninguno comparte cargador, con lo cual, poseemos cuatro cargadores distintos, necesarios e imprescindibles, a los que se unen otros cuatro compatibles con el encendedor del coche, así que sólo de móviles ya tenemos ocho cargadores. A estos hay que sumarles otros tres de los ordenadores portátiles, que curiosamente – válgame dios – tampoco son compatibles entre si, así que van once cargadores, más uno del cepillo de los dientes, una docena. Más otro de la maquinilla de afeitar, por cada varón de la familia, (3) hacen un total de quince cargadores distintos e imprescindibles. Le sumamos el del teléfono sin cable de sobremesa (16), más cinco del ordenador fijo (21), y uno del televisor enano de la cocina, veintidós. Y otro de la máquina de fotos, hacen veintitrés, más la de vídeo, (24). A éstas alturas, creo sinceramente que mi casa ha sido tomada al asalto, por la barbarie multinacional, que caprichosa y vengativa, se resiste a unificar modelos de cargadores, de tal modo, que tuviéramos uno compatible con todo, y ganáramos espacio en nuestras casas, porque hay quién como yo, ya tiene dos cajones de la cómoda, repletos de cargadores necesarios para seguir viviendo, pues gracias a los fabricantes, ya no puedo seguir viviendo sin ellos, algo que nunca sospeché que me ocurriría, a no ser que alguien entrara a mi cuarto y se llevara mí póster de Ann Margret, conocedor de que con ésta sencilla acción, estaría poniendo en juego su vida y la de su consola, Playstation, que por cierto también tenemos en casa y por eso ya van, (25) cargadores de nada.
Que clase de enemigo del hombre, es capaz de convertir el hogar familiar en un almacén de cargadores distintos, y lo que es peor, quién confunde nuestras mentes, para olvidar que artefacto corresponde a su artilugio, de tal guisa, que cuando vas al cajón y comienzas a buscar el que necesitas, siempre está el último. Es como abrir una caja de medicinas, siempre lo hacemos por donde está el prospecto. Y ese enredo de cables entrelazados, como si un fantasma se dedicara por la noche a enredarlos entre si, de tal forma, que cuando tiras de un cargador, haces más fuerte el nudo, y... hala, a desenmarañar el embrollo con paciencia mientras juras en arameo. Digo y mantengo, ante dios y ante los hombres, que esto de los cargadores individuales y distintos, para cada aparato que convive actualmente con nosotros, es un invento del maligno, para hacer aumentar las subidas de tensión, infartos, arrebatos de violencia y suicidios en general, de forma que vayamos quedando menos, pues con esto de la crisis permanente, no hay gobierno que resista, ni primarias que no disgreguen a los que hasta entonces, creíamos que eran nuestros compañeros. Es aquí y ahora donde toma cuerpo más que nunca, la frase lapidaria de Luís Cerón... “Compadre, yo ya no sé si soy uno de los nuestros”... ¡ Dios mío, no encuentro el cargador de mi marcapasos!.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Los que tocan el piano
LOS QUE TOCAN EL PIANO
Tito Ortiz.-
La culpa de todo la tuvo Juan Antonio Ibáñez, que nada más nacer la década de los ochenta, me nombró director presentador del informativo regional andaluz de la cadena COPE. El primer informativo autonómico que existió en España, y que él, desde Jaén, había puesto en marcha, soportando todos los recelos de los gobernadores civiles de la época. Luego otras cadenas se apuntaron al carro, pero el primero fue él y la cadena de los curas, que entonces era la de la oposición, la de los jesuitas rojos contra el régimen de Franco. De hecho, jugándose los bigotes, el entonces director de Radio Popular en Granada, Pedro José Montero, llevaba tiempo cerrando las emisiones por la noche, no con el himno nacional como hacían las otras, sino, con una versión del himno de Andalucía, que le obligó en alguna ocasión, a dar explicaciones a la vieja guardia, aunque el cordobés Montero, no cejó en su empeño, y nosotros lo arropábamos como no podía ser de otra manera. Mientras las otras dos emisoras de Granada se plegaban a los postulados políticamente correctos, nosotros, desde Gran Vía 28, nos convertimos gracias a nuestro director, en la avanzadilla de lo que después sería una emisión libre y democrática, y no sólo por los informativos, sino por los programas dedicados al movimiento vecinal, al municipalismo, y lo que Juan de Loxa se sacaba de la chistera misteriosa y lebertaria, como “Manifiesto Canción del Sur”, o el Premio Ondas, “Poesía 70”, dos fenómenos radiofónicos pioneros en su género, que después serían copiados por otros, como por ejemplo, Radio 3, de Radio Nacional de España. Pero al César, lo que es suyo. La revolución informativa y cultural de la radio española, comenzó en Granada, y eso algún día lo recogerán las enciclopedias, aunque espero que sus protagonistas estén vivos todavía, y no se les homenajee, a título póstumo, algo tan nuestro, por otra parte.
Pues avanzados aquellos meses tan ilusionantes, en los que la democracia daba sus primeros pasos, y después de que Tejero nos hubiera tenido toda una noche en vela, un día me llamó Ramón Burgos y me dijo: ¿A que no sabes, que es lo primero que ha metido Leopoldo Calvo Sotelo, en su nueva residencia de la Presidencia del Gobierno?¡ Un piano!. En principio, no daba crédito a lo que me decía mi compañero, amigo y maestro, pero constatada la noticia, mi esperanza en el ser humano presidente de gobierno se fue acrecentando. Un hombre que toca el piano, es persona en quién confiar, eso lo tengo por cierto. Y además, a Leopoldo lo seguíamos de cerca en Granada, porque cuando menos te lo esperabas, y de incógnito, se venía a escuchar misa de doce a la basílica de san Juan de Dios. Que más de un domingo, el bueno de Burgos Ledesma, tocaba arrebato, y nos llamaba al grito de… compañeros, el presidente está aquí de nuevo.
Yo recordaba tocando un gran cola, a Jaime de Mora y Aragón, en aquella televisión única en blanco y negro, y mientras interpretaba a Chopín, iba adivinando el perfume que en las muñecas portaban una bellas señoritas, revestidas para la ocasión, con cacanes y tacones de punta fina, tocadas de largos guantes estilo Gilda. Pero que todo un Presidente de Gobierno democrático, tocara el piano en el Madrid de la movida de Tierno Galván, eso era para ilusionar a cualquiera. Después vino el ministro Narcís Serra, que no habiendo hecho la mili, fue ministro de Defensa, y eso le valió toda suerte de chistes, de la derechona militante, que no le había perdonado todavía, ser el primer alcalde democrático de Barcelona, tras la muerte del dictador. Pero además, tocaba el piano. Mientras Felipe jugaba al billar con José Luís Coll, en la bodeguilla, Narcís interpretaba con gran destreza a Roberto Fernando Albert Shumann, y además, ponía los espartos para modernizar nuestras fuerzas armadas, y limpiarlas de golpistas hasta hacer desaparecer el ruido de sables, que era otra clase de la música, a fin de cuentas música, pero más desagradable.
José Luís, comparte alcoba con una señora corista, en el mejor sentido de la palabra, y eso le hace estar también muy cerca del piano, o sea, de la música, que a fin de cuentas, eso es lo que cuenta. Aunque a veces, parece escuchar sólo música celestial, sin dar pábulo al canto de sirenas. Es cierto que le ha tocado gobernar durante “La Tempestad” de Shakespeare, pero reaccionar dos minutos antes de los acontecimientos, y bajar a la arena con más frecuencia, de forma que el pálpito de la ciudadanía no te lo den con el desayuno cada mañana, una cohorte de asesores, sino que lo tengas tu de primera mano, eso, ayuda a gobernar un país, más de lo que él sospecha. Si un presidente deja de tener ese contacto directo con la sociedad para la que gobierna, podemos asegurar que ha llegado el momento de llamar al camión de las mudanzas. No podemos confiar siempre, que con cada llamada a las urnas, cuarenta y ocho horas antes, tengamos un Aznar de turno, se equivoque siempre, en materia tan delicada como la seguridad del Estado. La virgen no se aparece siempre cada cuatro años, y si lo hiciera, deberíamos pensar que es muy posible que un mal día llegue tarde, sobre todo, si viene en el metro de granada, o por la autovía del Mediterráneo, a su paso por nuestra provincia.
Tito Ortiz.-
La culpa de todo la tuvo Juan Antonio Ibáñez, que nada más nacer la década de los ochenta, me nombró director presentador del informativo regional andaluz de la cadena COPE. El primer informativo autonómico que existió en España, y que él, desde Jaén, había puesto en marcha, soportando todos los recelos de los gobernadores civiles de la época. Luego otras cadenas se apuntaron al carro, pero el primero fue él y la cadena de los curas, que entonces era la de la oposición, la de los jesuitas rojos contra el régimen de Franco. De hecho, jugándose los bigotes, el entonces director de Radio Popular en Granada, Pedro José Montero, llevaba tiempo cerrando las emisiones por la noche, no con el himno nacional como hacían las otras, sino, con una versión del himno de Andalucía, que le obligó en alguna ocasión, a dar explicaciones a la vieja guardia, aunque el cordobés Montero, no cejó en su empeño, y nosotros lo arropábamos como no podía ser de otra manera. Mientras las otras dos emisoras de Granada se plegaban a los postulados políticamente correctos, nosotros, desde Gran Vía 28, nos convertimos gracias a nuestro director, en la avanzadilla de lo que después sería una emisión libre y democrática, y no sólo por los informativos, sino por los programas dedicados al movimiento vecinal, al municipalismo, y lo que Juan de Loxa se sacaba de la chistera misteriosa y lebertaria, como “Manifiesto Canción del Sur”, o el Premio Ondas, “Poesía 70”, dos fenómenos radiofónicos pioneros en su género, que después serían copiados por otros, como por ejemplo, Radio 3, de Radio Nacional de España. Pero al César, lo que es suyo. La revolución informativa y cultural de la radio española, comenzó en Granada, y eso algún día lo recogerán las enciclopedias, aunque espero que sus protagonistas estén vivos todavía, y no se les homenajee, a título póstumo, algo tan nuestro, por otra parte.
Pues avanzados aquellos meses tan ilusionantes, en los que la democracia daba sus primeros pasos, y después de que Tejero nos hubiera tenido toda una noche en vela, un día me llamó Ramón Burgos y me dijo: ¿A que no sabes, que es lo primero que ha metido Leopoldo Calvo Sotelo, en su nueva residencia de la Presidencia del Gobierno?¡ Un piano!. En principio, no daba crédito a lo que me decía mi compañero, amigo y maestro, pero constatada la noticia, mi esperanza en el ser humano presidente de gobierno se fue acrecentando. Un hombre que toca el piano, es persona en quién confiar, eso lo tengo por cierto. Y además, a Leopoldo lo seguíamos de cerca en Granada, porque cuando menos te lo esperabas, y de incógnito, se venía a escuchar misa de doce a la basílica de san Juan de Dios. Que más de un domingo, el bueno de Burgos Ledesma, tocaba arrebato, y nos llamaba al grito de… compañeros, el presidente está aquí de nuevo.
Yo recordaba tocando un gran cola, a Jaime de Mora y Aragón, en aquella televisión única en blanco y negro, y mientras interpretaba a Chopín, iba adivinando el perfume que en las muñecas portaban una bellas señoritas, revestidas para la ocasión, con cacanes y tacones de punta fina, tocadas de largos guantes estilo Gilda. Pero que todo un Presidente de Gobierno democrático, tocara el piano en el Madrid de la movida de Tierno Galván, eso era para ilusionar a cualquiera. Después vino el ministro Narcís Serra, que no habiendo hecho la mili, fue ministro de Defensa, y eso le valió toda suerte de chistes, de la derechona militante, que no le había perdonado todavía, ser el primer alcalde democrático de Barcelona, tras la muerte del dictador. Pero además, tocaba el piano. Mientras Felipe jugaba al billar con José Luís Coll, en la bodeguilla, Narcís interpretaba con gran destreza a Roberto Fernando Albert Shumann, y además, ponía los espartos para modernizar nuestras fuerzas armadas, y limpiarlas de golpistas hasta hacer desaparecer el ruido de sables, que era otra clase de la música, a fin de cuentas música, pero más desagradable.
José Luís, comparte alcoba con una señora corista, en el mejor sentido de la palabra, y eso le hace estar también muy cerca del piano, o sea, de la música, que a fin de cuentas, eso es lo que cuenta. Aunque a veces, parece escuchar sólo música celestial, sin dar pábulo al canto de sirenas. Es cierto que le ha tocado gobernar durante “La Tempestad” de Shakespeare, pero reaccionar dos minutos antes de los acontecimientos, y bajar a la arena con más frecuencia, de forma que el pálpito de la ciudadanía no te lo den con el desayuno cada mañana, una cohorte de asesores, sino que lo tengas tu de primera mano, eso, ayuda a gobernar un país, más de lo que él sospecha. Si un presidente deja de tener ese contacto directo con la sociedad para la que gobierna, podemos asegurar que ha llegado el momento de llamar al camión de las mudanzas. No podemos confiar siempre, que con cada llamada a las urnas, cuarenta y ocho horas antes, tengamos un Aznar de turno, se equivoque siempre, en materia tan delicada como la seguridad del Estado. La virgen no se aparece siempre cada cuatro años, y si lo hiciera, deberíamos pensar que es muy posible que un mal día llegue tarde, sobre todo, si viene en el metro de granada, o por la autovía del Mediterráneo, a su paso por nuestra provincia.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Septiembre se Muere
SEPTIEMBRE SE MUERE
Tito Ortiz.-
Éste mes, responsable del síndrome postvacacional, de los gastos escolares, del regreso al trabajo, de la caída de la hoja, y de los coleccionables en los quioscos, se muere. Así como suena, se muere lentamente. Septiembre es un mes para la depresión, pero no ha medida que avanza, sino, desde el día uno. No conozco a ningún ser racional que acepte septiembre como mes de compañía. El noveno del año tiene además, un cenizo acreditado a través de la historia, pues no en vano, las grandes catástrofes, los peores atentados, las guerras más cruentas, todas las desgracias para la humanidad, en suma, han sucedido, sucedieron y sucederán en septiembre. Fue el 1939, éste fatídico mes, cuando Alemania invadió Polonia, y así comenzó la segunda Guerra Mundial. En el año de la bestia (1666), un gran incendio arrasó Londres, convirtiéndola en cenizas. Hace cuarenta años, Salvador Allende ganó unas elecciones que lo llevaron a la muerte. Y hace trece, falleció Teresa de Calcuta, una de esas personas que no deberían morir nunca, y que me devuelven la fe en el ser bípedo común, con el que convivo en términos generales. En el mes de la rara (noveno) de 1380, los rusos vencieron a los mongoles en la batalla de Kulikovo, y ahí se vio claramente, que ya apuntaban maneras. Éste mes está maldito desde que, el desafortunado que fuera, lo metió en el calendario y dijo aquello famoso de..., ahí lo lleváis y que sea lo que dios quiera. Un mes en el que los niños, que son la sal de la vida y el futuro ¿incierto?, lloran a calzón quitado a la puerta de los colegios, no puede ser un mes bueno. Los gritos de los infantes, agarrados a las perneras paternas para no entrar en clase, no traen nada bueno. Los llantos infantiles del ingreso, o regreso, según toque por edad, a las aulas, son el presagio de un mal bajío, del que si fuéramos inteligentes, huiríamos, como de la peste. Ulises atado al palo mayor escuchando a las sirenas, es una jugada de parchís, comparándolo con cualquier cosa que suceda en Septiembre. Por cierto, que lo de Ulises, también fue éste mes del diablo, cuya lengua Alá confunda, y lo lleve en alas a la zona cero, para comenzar a construir la mezquita. Septiembre mes de los divorcios, tras habernos aguantado las 24 horas juntos durante las vacaciones, no puede ser tildado más que de mes asesino de lesa humanidad.
Plutarco, Numa y Macrobio, fueron gestando el calendario de 12 meses, y cada uno que lo reformaba, le introducía una mayor dosis de malarate, hasta el punto de concebir el noveno mes, con tal carga de malafollá, que hace once años murió mí admirado Alfredo Kraus. La Tabulla Capuana era un calendario ritual etrusco de sólo diez meses, que no tenía Septiembre, y ese si que era un calendario, no éste que nos ha tocado vivir. Era de los que le gustaban a Rodríguez Adrados. Cesar cambió el calendario lunisolar a solar y le añadió diez días, así que empezó a aparecer el juliano, y con el llegó el escándalo. Que monstruosidad de septiembre, que a todos nos joroba y envilece, hasta el punto de que fue éste mes cuando Primo de Rivera, dio el golpe de estado en España, abolió la Constitución e hizo de su capa un sayo. En Septiembre murió hace cuatro décadas, Jimi Hendrix, sin fumarse un peta, y quince años después un terremoto asoló México. En 1792, se puso en marcha en nuevo calendario francés propuesto por la Convención Nacional, y aquí estamos en desavillé con el pompi al aire. En 1973 falleció mi Pablo Neruda, y por si fuera poca mala suerte, en septiembre, pero de 1913, falleció el pobre Rodolfo Diesel, gracias al cual, los que veníamos de la gasolina, hemos respirado algo a final de mes, eso sí, siempre que no fuera septiembre. Por lo tanto, mantengo y proclamo, que en septiembre no sólo se cae la hoja de los árboles, sino que la acción de la gravedad, se nota en la incapacidad de resistencia de las criaturas, a poder coleccionar todo lo que nos ofrecen en los quioscos, ya sean los abanicos, o las reproducciones de los camiones, la casa de muñecas por piezas, que verán culminada tus nietos, las piedras minerales de la amazonía, vajilla de Hello Kety y el ganchillo es fácil, que por cierto, eso ya lo decía mi abuela, lo del ganchillo, digo. Pero que nadie se llame a engaño, que no es culpa de las multinacionales del coleccionable, el que se nos acribille en la tele con estos anuncios, y que luego los quioscos de prensa parezcan un supermercado de cartones con fascículos por los suelos, no, no, ni hablar. La gravedad y el peligro del coleccionable invasor, es que tiene lugar en septiembre, cuando su veda se abre, y nos martillean las meninges con sus ofertas, para que los reservemos con tiempo, no vaya a ser que perdamos un eslabón de la cadena esclavizante, que cada semana te llama al amanecer, para que a toque de corneta, dirijas tus pasos sin vacilar hasta el vendedor de prensa más cercano, y de rodillas le implores que te entregue, por todos los dioses, tu fascículo del coleccionable, no vaya a ser que te ocurra lo que a mi vecino, el pobre, que una semana se olvidó de recogerlo, y al día siguiente fue atropellado por el metro, en las estación de Reyes Católicos con el Corral del Carbón, junto a la farmacia Zambrano, y ayer hizo un año. Ya lo dice la canción... granadinito que vienes al mundo, te guarde dios, uno de cualquier septiembre, ha de helarte el corazón. Si quieres seguir vivo, no vuelvas de vacaciones hasta Octubre, hazme caso, tonto.
Tito Ortiz.-
Éste mes, responsable del síndrome postvacacional, de los gastos escolares, del regreso al trabajo, de la caída de la hoja, y de los coleccionables en los quioscos, se muere. Así como suena, se muere lentamente. Septiembre es un mes para la depresión, pero no ha medida que avanza, sino, desde el día uno. No conozco a ningún ser racional que acepte septiembre como mes de compañía. El noveno del año tiene además, un cenizo acreditado a través de la historia, pues no en vano, las grandes catástrofes, los peores atentados, las guerras más cruentas, todas las desgracias para la humanidad, en suma, han sucedido, sucedieron y sucederán en septiembre. Fue el 1939, éste fatídico mes, cuando Alemania invadió Polonia, y así comenzó la segunda Guerra Mundial. En el año de la bestia (1666), un gran incendio arrasó Londres, convirtiéndola en cenizas. Hace cuarenta años, Salvador Allende ganó unas elecciones que lo llevaron a la muerte. Y hace trece, falleció Teresa de Calcuta, una de esas personas que no deberían morir nunca, y que me devuelven la fe en el ser bípedo común, con el que convivo en términos generales. En el mes de la rara (noveno) de 1380, los rusos vencieron a los mongoles en la batalla de Kulikovo, y ahí se vio claramente, que ya apuntaban maneras. Éste mes está maldito desde que, el desafortunado que fuera, lo metió en el calendario y dijo aquello famoso de..., ahí lo lleváis y que sea lo que dios quiera. Un mes en el que los niños, que son la sal de la vida y el futuro ¿incierto?, lloran a calzón quitado a la puerta de los colegios, no puede ser un mes bueno. Los gritos de los infantes, agarrados a las perneras paternas para no entrar en clase, no traen nada bueno. Los llantos infantiles del ingreso, o regreso, según toque por edad, a las aulas, son el presagio de un mal bajío, del que si fuéramos inteligentes, huiríamos, como de la peste. Ulises atado al palo mayor escuchando a las sirenas, es una jugada de parchís, comparándolo con cualquier cosa que suceda en Septiembre. Por cierto, que lo de Ulises, también fue éste mes del diablo, cuya lengua Alá confunda, y lo lleve en alas a la zona cero, para comenzar a construir la mezquita. Septiembre mes de los divorcios, tras habernos aguantado las 24 horas juntos durante las vacaciones, no puede ser tildado más que de mes asesino de lesa humanidad.
Plutarco, Numa y Macrobio, fueron gestando el calendario de 12 meses, y cada uno que lo reformaba, le introducía una mayor dosis de malarate, hasta el punto de concebir el noveno mes, con tal carga de malafollá, que hace once años murió mí admirado Alfredo Kraus. La Tabulla Capuana era un calendario ritual etrusco de sólo diez meses, que no tenía Septiembre, y ese si que era un calendario, no éste que nos ha tocado vivir. Era de los que le gustaban a Rodríguez Adrados. Cesar cambió el calendario lunisolar a solar y le añadió diez días, así que empezó a aparecer el juliano, y con el llegó el escándalo. Que monstruosidad de septiembre, que a todos nos joroba y envilece, hasta el punto de que fue éste mes cuando Primo de Rivera, dio el golpe de estado en España, abolió la Constitución e hizo de su capa un sayo. En Septiembre murió hace cuatro décadas, Jimi Hendrix, sin fumarse un peta, y quince años después un terremoto asoló México. En 1792, se puso en marcha en nuevo calendario francés propuesto por la Convención Nacional, y aquí estamos en desavillé con el pompi al aire. En 1973 falleció mi Pablo Neruda, y por si fuera poca mala suerte, en septiembre, pero de 1913, falleció el pobre Rodolfo Diesel, gracias al cual, los que veníamos de la gasolina, hemos respirado algo a final de mes, eso sí, siempre que no fuera septiembre. Por lo tanto, mantengo y proclamo, que en septiembre no sólo se cae la hoja de los árboles, sino que la acción de la gravedad, se nota en la incapacidad de resistencia de las criaturas, a poder coleccionar todo lo que nos ofrecen en los quioscos, ya sean los abanicos, o las reproducciones de los camiones, la casa de muñecas por piezas, que verán culminada tus nietos, las piedras minerales de la amazonía, vajilla de Hello Kety y el ganchillo es fácil, que por cierto, eso ya lo decía mi abuela, lo del ganchillo, digo. Pero que nadie se llame a engaño, que no es culpa de las multinacionales del coleccionable, el que se nos acribille en la tele con estos anuncios, y que luego los quioscos de prensa parezcan un supermercado de cartones con fascículos por los suelos, no, no, ni hablar. La gravedad y el peligro del coleccionable invasor, es que tiene lugar en septiembre, cuando su veda se abre, y nos martillean las meninges con sus ofertas, para que los reservemos con tiempo, no vaya a ser que perdamos un eslabón de la cadena esclavizante, que cada semana te llama al amanecer, para que a toque de corneta, dirijas tus pasos sin vacilar hasta el vendedor de prensa más cercano, y de rodillas le implores que te entregue, por todos los dioses, tu fascículo del coleccionable, no vaya a ser que te ocurra lo que a mi vecino, el pobre, que una semana se olvidó de recogerlo, y al día siguiente fue atropellado por el metro, en las estación de Reyes Católicos con el Corral del Carbón, junto a la farmacia Zambrano, y ayer hizo un año. Ya lo dice la canción... granadinito que vienes al mundo, te guarde dios, uno de cualquier septiembre, ha de helarte el corazón. Si quieres seguir vivo, no vuelvas de vacaciones hasta Octubre, hazme caso, tonto.
jueves, 15 de julio de 2010
UNA DERECHA VANA
UNA DERECHA VANA
Tito Ortiz.-
Que dios – si es que existe – nos libre de ésta derecha peperiana, cateta, paleta y absurda, que encubre a los suyos en el levante hispano, como remanso de corrupción, y critica a un gobierno, que ejerce su labor con responsabilidad, y asumiendo el riesgo de erosión, no sólo por el desgaste del poder, sino, por las medidas económicas impopulares que ha debido adoptar, dado que el señor Aznar se encargó con sus amigotes, de convertir el suelo patrio en solar urbanizable, dirigiendo la economía del país hacia el ladrillo fácil, que era como meterla en un callejón sin salida, que ahora Zapatero ha tenido que reconducir. Y la banca como siempre, asilada de honor, dagnificada de lujo, que coge el dinero del gobierno y corre, sin ponerlo en circulación, hasta que la ciudadanía que es la que al final paga los platos rotos, y mueve la economía, muestra síntomas de cianosis al borde del colapso. Pues para que esta derecha de la cara, se quite la careta y descubramos con pavor cual es su talante, no hay más que darle la oportunidad de que intervengan en un debate sobre el estado de la nación. Ahí es donde sus señorías demuestran lo que les falta de educación, protagonizando escenas propias de alumnos de instituto en barrio marginal, o en centro de menores de alto riesgo. Ante la falta de ideas, todo vale con tal de quedar por encima del contrario, exhibiendo los peores ladridos de aquel famoso doberman, que nos hizo temblar. El resumen del discurso “rajonyano” en las Cortes, ha sido el de... Quítese señor Zapatero, que me ponga yo. Pero sin dar una alternativa, sin hacer una propuesta, sin programa, que diría Anguita. Sólo insultando, y dejando ver a las claras que esa es su única fuerza, incluso dentro de su partido, donde es amenazado permanentemente, con el regreso de un fantasma llamado José María, vallisoletano de bigotes, que derrocha el peor estilo democrático que se haya conocido, vamos, que se le nota a la legua, que vive a disgusto en una democracia. Porque eso si lo sabe hacer esta derechona trasnochada, vetusta y casposa, que nada ha aprendido de la derecha europea, y que se permite pasarse por el escroto político, leyes aprobadas como la del aborto, y cabestros como el presidente murciano y otros a los que hubo de llamar al orden, llaman a la rebelión democrática y judicial, como el que queda con unos amigos para tomar unas cañas. ¿Cabe mayor muestra de analfabetismo político, o democrático?. Sólo desde la derecha de correajes y botas acharoladas, se pueden mantener posturas como las que relato, y esos personajes, militan y pagan cuota en el Partido Popular. Que a nadie se le olvide, porque quien olvida su historia, está condenado a repetirla, y ya tuvimos bastante con los cuarenta años del general bajito del Ferrol de voz atiplada, o con los de su acólito “aznarín”, que en plena transición política, ya se ocupó bien de dejar por escrito, lo que pensaba de la libertad y la democracia, y el sitio de honor que en su retrete ocupaban esos papeles. Y éste lenguaje, a la larga, si no se toman medidas de asepsia política, es permeable a mentes débiles y faranduleras, sino, vigilen de cerca a la presidenta de Madrid, su concejala Botella, Lolita de Cospedal y Soraya Sáez de Santamaria, que en la actualidad, -y aunque ésta última haya sido portada muy sugerente de la revista Interviú-, forman la guardia pretoriana de la nueva Sección Femenina peperiana, que aunque reactivada sin la figura insigne de Pilar Primo de Rivera, marcha prietas las filas muy en consonancia con su ideario, de la mano de su director espiritual Rouco Varela, cuya sobrina, por cierto, también fue portada “destetada” élla, de Interviú. Qué no sé, que tiene la derecha recalcitrante con ésta revista, que la utiliza cuando quiere como su portavoz oficial. Sólo les falta hacerse con unos minutos en “Sálvame” vespertino de tele cinco, donde por cierto, tantos colaboradores habituales de la bazofia hispana, se muestran abiertamente adoradores del señor Aznar y sus discípulos, como ese disminuido psíquico, que por todo curriculum aporta el haber sido concursante de Gran Hermano. Estos niñatos de la democracia, acéfalos educativa y políticamente, que veneran a la derecha más intransigente sin haber conocido a Franco y sus secuaces, me tienen tan desconcertado, como los que en tiempos de la dictadura, siendo agricultores o albañiles, peones que trabajaban de sol a sol por una miseria, eran más afectos al régimen que los del Somatén. Claro que – como dice mi compadre – todo es susceptible de empeorar, porque los que de verdad me ponían de los nervios, eran aquellos homosexuales, perseguidos por el dictador, que iban a la cárcel sin haber hecho nada, en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes, y encima, estaban afiliados a Falange, eran de derechas y llevaban una foto de Franco en la cartera, que besaban con cierta asiduidad. Lo mismo que hace algún diminuto cofrade de la tierra, que se siente representado por un arzobispo de pucherazo, y un presidente garganta profunda, con la falta de dignidad más enorme, jamás conocida.
Tito Ortiz.-
Que dios – si es que existe – nos libre de ésta derecha peperiana, cateta, paleta y absurda, que encubre a los suyos en el levante hispano, como remanso de corrupción, y critica a un gobierno, que ejerce su labor con responsabilidad, y asumiendo el riesgo de erosión, no sólo por el desgaste del poder, sino, por las medidas económicas impopulares que ha debido adoptar, dado que el señor Aznar se encargó con sus amigotes, de convertir el suelo patrio en solar urbanizable, dirigiendo la economía del país hacia el ladrillo fácil, que era como meterla en un callejón sin salida, que ahora Zapatero ha tenido que reconducir. Y la banca como siempre, asilada de honor, dagnificada de lujo, que coge el dinero del gobierno y corre, sin ponerlo en circulación, hasta que la ciudadanía que es la que al final paga los platos rotos, y mueve la economía, muestra síntomas de cianosis al borde del colapso. Pues para que esta derecha de la cara, se quite la careta y descubramos con pavor cual es su talante, no hay más que darle la oportunidad de que intervengan en un debate sobre el estado de la nación. Ahí es donde sus señorías demuestran lo que les falta de educación, protagonizando escenas propias de alumnos de instituto en barrio marginal, o en centro de menores de alto riesgo. Ante la falta de ideas, todo vale con tal de quedar por encima del contrario, exhibiendo los peores ladridos de aquel famoso doberman, que nos hizo temblar. El resumen del discurso “rajonyano” en las Cortes, ha sido el de... Quítese señor Zapatero, que me ponga yo. Pero sin dar una alternativa, sin hacer una propuesta, sin programa, que diría Anguita. Sólo insultando, y dejando ver a las claras que esa es su única fuerza, incluso dentro de su partido, donde es amenazado permanentemente, con el regreso de un fantasma llamado José María, vallisoletano de bigotes, que derrocha el peor estilo democrático que se haya conocido, vamos, que se le nota a la legua, que vive a disgusto en una democracia. Porque eso si lo sabe hacer esta derechona trasnochada, vetusta y casposa, que nada ha aprendido de la derecha europea, y que se permite pasarse por el escroto político, leyes aprobadas como la del aborto, y cabestros como el presidente murciano y otros a los que hubo de llamar al orden, llaman a la rebelión democrática y judicial, como el que queda con unos amigos para tomar unas cañas. ¿Cabe mayor muestra de analfabetismo político, o democrático?. Sólo desde la derecha de correajes y botas acharoladas, se pueden mantener posturas como las que relato, y esos personajes, militan y pagan cuota en el Partido Popular. Que a nadie se le olvide, porque quien olvida su historia, está condenado a repetirla, y ya tuvimos bastante con los cuarenta años del general bajito del Ferrol de voz atiplada, o con los de su acólito “aznarín”, que en plena transición política, ya se ocupó bien de dejar por escrito, lo que pensaba de la libertad y la democracia, y el sitio de honor que en su retrete ocupaban esos papeles. Y éste lenguaje, a la larga, si no se toman medidas de asepsia política, es permeable a mentes débiles y faranduleras, sino, vigilen de cerca a la presidenta de Madrid, su concejala Botella, Lolita de Cospedal y Soraya Sáez de Santamaria, que en la actualidad, -y aunque ésta última haya sido portada muy sugerente de la revista Interviú-, forman la guardia pretoriana de la nueva Sección Femenina peperiana, que aunque reactivada sin la figura insigne de Pilar Primo de Rivera, marcha prietas las filas muy en consonancia con su ideario, de la mano de su director espiritual Rouco Varela, cuya sobrina, por cierto, también fue portada “destetada” élla, de Interviú. Qué no sé, que tiene la derecha recalcitrante con ésta revista, que la utiliza cuando quiere como su portavoz oficial. Sólo les falta hacerse con unos minutos en “Sálvame” vespertino de tele cinco, donde por cierto, tantos colaboradores habituales de la bazofia hispana, se muestran abiertamente adoradores del señor Aznar y sus discípulos, como ese disminuido psíquico, que por todo curriculum aporta el haber sido concursante de Gran Hermano. Estos niñatos de la democracia, acéfalos educativa y políticamente, que veneran a la derecha más intransigente sin haber conocido a Franco y sus secuaces, me tienen tan desconcertado, como los que en tiempos de la dictadura, siendo agricultores o albañiles, peones que trabajaban de sol a sol por una miseria, eran más afectos al régimen que los del Somatén. Claro que – como dice mi compadre – todo es susceptible de empeorar, porque los que de verdad me ponían de los nervios, eran aquellos homosexuales, perseguidos por el dictador, que iban a la cárcel sin haber hecho nada, en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes, y encima, estaban afiliados a Falange, eran de derechas y llevaban una foto de Franco en la cartera, que besaban con cierta asiduidad. Lo mismo que hace algún diminuto cofrade de la tierra, que se siente representado por un arzobispo de pucherazo, y un presidente garganta profunda, con la falta de dignidad más enorme, jamás conocida.
miércoles, 7 de julio de 2010
CONFIESO QUE HE BEBIDO
CONFIESO QUE HE BEBIDO
Tito Ortiz.-
Dicen que los niños y los borrachos decimos la verdad, y como todos llevamos un niño dentro, la otra parte la he añadido de motu propio, acudiendo al dispensario o casa de socorro de mi amigo José Torres, en la calle Almireceros. Allí, en la esquina de la barra, en el rincón, a solas conmigo mismo, con la mirada perdida en la cabeza del toro, me he arreado dos lamparazos, de ese vermut que debería recetar la seguridad social, y de esa única manera, me he armado de valor para sentarme ante el ordenador y soltar esto que junto con otras cosas, me va a costar una úlcera y la enajenación mental transitoria suficiente, para ser tomado por lerdo. En el fondo creo, que todo es consecuencia de la calor, de la mucha calor que hace... Hip.
Con el codo en el centenario mostrador, empapado en los mejores caldos de la tierra, hip, digo afirmo y proclamo, hip, que me parece vergonzoso que un hospital que aún no ha sido inaugurado, ya se esté cayendo a pedazos. Ese que vemos desde la autovía, y que dicen será el nuevo clínico universitario. Pues ese y sus alrededores ya se van pareciendo en su paisaje, a una particular Sarajevo, muy contrastada, pues los enlaces del parque sanitario e insalubre de Ciencias de no sé qué, que prometieron descongestionar el tráfico de armilleros, zaidineros y adyacentes circunvalantes, aún estando terminados, no se abren al público que los está costeando, tal vez para que no se desgaste el asfalto, y se vaya cuarteando solito, como el hospital nuevo, que habrá de rehabilitarse para ser inaugurado, hip.
El corporativismo de los togados hacia su compañero Ernesto, me parece suficiente para que Rafaela se retuerza en su tumba, y el crujir de sus huesos, le impida el sueño a ¿Ernesto?, hip. Que él se haya equivocado y vertido juicios de valor en su sentencia, merecedores de sanción, es muy penoso, pero que Conrado, intente no sólo comprender, sino justificar tan lamentable actuación, no hace más que evidenciar, que el sistema está en manos, de unos pocos, que al igual que la estatua que los representa, tienen los ojos vendados, hip, en un año lamentable para la violencia de género, a juzgar por el número de mujeres asesinadas, hip. Éste gallardo y altanero, mantiene y hace regla de aplicar, que algunos maltratadores han ido a la cárcel por acusaciones vanas, pero alguien debería decirle que el número de éstos casos es tan insignificante, que no puede valerse de ellos, para amortizar, la horrible nómina del maltrato con resultado de muerte. Y las pulseras anti maltratadores con orden de alejamiento, todas bien guardadas, no vaya a ser que se les gasten las pilas, hip, que estamos en tiempos de crisis, y si no, que sus señorías se lo pregunten a Rafaela, ah, bueno, perdón, se me olvidaba, que está muerta, hip. Como el futuro de Caja Granada, si alguien se sigue empeñando en no seguir los dictados de don Braulio, hip. Anoten el nombre del próximo damnificado del pesoe andaluz, hip, se llama Antonio Jara, ¿les suena?. La respuesta no será un directo al mentón. Como corresponde al Maquiavelo que lleva el asunto, el golpe será por la espalda, y dado por mercenarios extranjeros, hip.
Pepe llena, hip, que me estoy envalentonando.
Dice el antequerano Paulino, que no hemos entendido lo de La Alhambra, hip, y esto me ha hecho reflexionar, hip, y de qué manera. Como me pasaba en los tiempos de don Pablo Porta con el dinero de las quinielas, me lleva pasando hace ya... hip, con el dinero de La Alhambra. Si el nuestro es el monumento más visitado de todas las españas, hip, - que patriótico me ha quedado esto, ¿verdad? – yo quiero saber que se hace con el dinero que entra por taquilla, sobre todo teniendo en cuenta, que las entradas no son baratas, hip.
Que guapa estaba mí Paca el otro día en la prensa, así como saliendo de una columna, que más parecía una diosa hollywoodense, que la criatura a la que le ha tocado tirar de un muerto que nadie ha querido asumir, por eso, porque ya nace el milenio muerto, y el legado agoniza, si no, ¿Dónde está Jerónimo?, él es hombre de poner grandes eventos en marcha, pero tiene la vista suficiente de no enterrarlos, eso lo deja para los militantes que pagan cuota, ya que siempre quieren llevarse la foto, pues que se lleven también las exequias. Ay, que dolor madre mía, hip. Pero bueno, que nadie se vaya a tirar por el cubo de la Alhambra, sobre todo sin saber, hip, la ubicación definitiva del ferial del año que viene, que es una cosa, que nos tiene a los granadinos con el alma en vilo. Vamos que no dormimos pensando en ello, hip. Pero bueno, que no cunda el pánico, que esto al final, va a quedar en menos, que la sentencia del caso Nevada. Esto no es más que una tormenta en un vaso de vermut. Permítanme que termine este disparate cómico, dando los gritos de ritual: ¡Viva Castañeda!... ¡Viva Lindaraja!... ¡Viva Espadafor!... ¡Vick Vaporub!, hip, aahhhhhhchissss. Ufff, que tabardillo he cogido más tonto, tú.
Tito Ortiz.-
Dicen que los niños y los borrachos decimos la verdad, y como todos llevamos un niño dentro, la otra parte la he añadido de motu propio, acudiendo al dispensario o casa de socorro de mi amigo José Torres, en la calle Almireceros. Allí, en la esquina de la barra, en el rincón, a solas conmigo mismo, con la mirada perdida en la cabeza del toro, me he arreado dos lamparazos, de ese vermut que debería recetar la seguridad social, y de esa única manera, me he armado de valor para sentarme ante el ordenador y soltar esto que junto con otras cosas, me va a costar una úlcera y la enajenación mental transitoria suficiente, para ser tomado por lerdo. En el fondo creo, que todo es consecuencia de la calor, de la mucha calor que hace... Hip.
Con el codo en el centenario mostrador, empapado en los mejores caldos de la tierra, hip, digo afirmo y proclamo, hip, que me parece vergonzoso que un hospital que aún no ha sido inaugurado, ya se esté cayendo a pedazos. Ese que vemos desde la autovía, y que dicen será el nuevo clínico universitario. Pues ese y sus alrededores ya se van pareciendo en su paisaje, a una particular Sarajevo, muy contrastada, pues los enlaces del parque sanitario e insalubre de Ciencias de no sé qué, que prometieron descongestionar el tráfico de armilleros, zaidineros y adyacentes circunvalantes, aún estando terminados, no se abren al público que los está costeando, tal vez para que no se desgaste el asfalto, y se vaya cuarteando solito, como el hospital nuevo, que habrá de rehabilitarse para ser inaugurado, hip.
El corporativismo de los togados hacia su compañero Ernesto, me parece suficiente para que Rafaela se retuerza en su tumba, y el crujir de sus huesos, le impida el sueño a ¿Ernesto?, hip. Que él se haya equivocado y vertido juicios de valor en su sentencia, merecedores de sanción, es muy penoso, pero que Conrado, intente no sólo comprender, sino justificar tan lamentable actuación, no hace más que evidenciar, que el sistema está en manos, de unos pocos, que al igual que la estatua que los representa, tienen los ojos vendados, hip, en un año lamentable para la violencia de género, a juzgar por el número de mujeres asesinadas, hip. Éste gallardo y altanero, mantiene y hace regla de aplicar, que algunos maltratadores han ido a la cárcel por acusaciones vanas, pero alguien debería decirle que el número de éstos casos es tan insignificante, que no puede valerse de ellos, para amortizar, la horrible nómina del maltrato con resultado de muerte. Y las pulseras anti maltratadores con orden de alejamiento, todas bien guardadas, no vaya a ser que se les gasten las pilas, hip, que estamos en tiempos de crisis, y si no, que sus señorías se lo pregunten a Rafaela, ah, bueno, perdón, se me olvidaba, que está muerta, hip. Como el futuro de Caja Granada, si alguien se sigue empeñando en no seguir los dictados de don Braulio, hip. Anoten el nombre del próximo damnificado del pesoe andaluz, hip, se llama Antonio Jara, ¿les suena?. La respuesta no será un directo al mentón. Como corresponde al Maquiavelo que lleva el asunto, el golpe será por la espalda, y dado por mercenarios extranjeros, hip.
Pepe llena, hip, que me estoy envalentonando.
Dice el antequerano Paulino, que no hemos entendido lo de La Alhambra, hip, y esto me ha hecho reflexionar, hip, y de qué manera. Como me pasaba en los tiempos de don Pablo Porta con el dinero de las quinielas, me lleva pasando hace ya... hip, con el dinero de La Alhambra. Si el nuestro es el monumento más visitado de todas las españas, hip, - que patriótico me ha quedado esto, ¿verdad? – yo quiero saber que se hace con el dinero que entra por taquilla, sobre todo teniendo en cuenta, que las entradas no son baratas, hip.
Que guapa estaba mí Paca el otro día en la prensa, así como saliendo de una columna, que más parecía una diosa hollywoodense, que la criatura a la que le ha tocado tirar de un muerto que nadie ha querido asumir, por eso, porque ya nace el milenio muerto, y el legado agoniza, si no, ¿Dónde está Jerónimo?, él es hombre de poner grandes eventos en marcha, pero tiene la vista suficiente de no enterrarlos, eso lo deja para los militantes que pagan cuota, ya que siempre quieren llevarse la foto, pues que se lleven también las exequias. Ay, que dolor madre mía, hip. Pero bueno, que nadie se vaya a tirar por el cubo de la Alhambra, sobre todo sin saber, hip, la ubicación definitiva del ferial del año que viene, que es una cosa, que nos tiene a los granadinos con el alma en vilo. Vamos que no dormimos pensando en ello, hip. Pero bueno, que no cunda el pánico, que esto al final, va a quedar en menos, que la sentencia del caso Nevada. Esto no es más que una tormenta en un vaso de vermut. Permítanme que termine este disparate cómico, dando los gritos de ritual: ¡Viva Castañeda!... ¡Viva Lindaraja!... ¡Viva Espadafor!... ¡Vick Vaporub!, hip, aahhhhhhchissss. Ufff, que tabardillo he cogido más tonto, tú.
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